La misma foto

Por: Boris Zapata Romero


Opinión. Hace unos años, unos como sinónimo de muchos, escribí sobre la oportunidad que tuve de acompañar al Dr. Luis Arango, ex director del Instituto Colombiano Agropecuario – ICA y ex viceministro de Agricultura, en algunas sesiones del trabajo que realizó para el Fondo Internacional de Desarrollo Agropecuario – FIDA de consultoría, sobre pobreza rural; la primera parte de su labor era hacer un mapa de la situación en municipios ya focalizados, como resultado de cruzar porcentaje de pobreza rural con número de pobres, de cinco departamentos colombianos, entre los cuales estaban Atlántico, Bolívar y Córdoba.

Para esta labor, el Dr. Arango se entrevistó con personas con cierto nivel de poder decisorio en todos los niveles (nacional, departamental y municipal), para comprender que percepción les merecía la pobreza del sector rural, que mecanismos creían apropiados para combatirla y que sugerencias podían aportar a la discusión para la focalización de recursos.

Es increíble pero hoy tantos años después, con todos los esfuerzos ciertos o no tan ciertos, y desarrollo de políticas, y propuestas de estudios y estudiosos, y el ir y venir incontable de funcionarios, contratistas, ‘liderazos’ y lidercitos, la foto es muy parecida.

Hay, entre tantos, tres puntos que creo principales. Lo primero que pude observar desde entonces es que es tan estructural el problema, con tantos vectores y aristas (recovecos a decir del campesino) que se necesita una actitud más que valiente y arriesgada para enfrentarlo, así que por la mayoría es visto y tratado por ende como un paciente terminal, al que se le da la medicina que lo alivia pero que no lo cura, pues nadie cree realmente, con fe, que se vaya a salvar.

Lo segundo tiene que ver con el estancamiento del proceso de descentralización. No solo por el ejercicio del poder centralizador al mantener la chequera e impedir que desde lo local se puedan destinar más recursos a solucionar lo que todos reconocen es un problema mayúsculo de pobreza y exclusión.

Es también porque la desarticulación institucional implica perder los costos de oportunidad a falta de hacer las intervenciones de manera integral y concertada. Ejemplos conozco muchos a lo largo del país, proyectos bellísimos y bien montados que no rinden frutos, pues no hay como acopiar los productos, o mano de obra calificada que mantenga la inversión, o un sin número de factores que hacen que al final, sea platica perdida.

En lo particular creo que un tercer punto tiene que ver con la visión del sector, desde lo público. El campo está lleno de pobres, pero no por eso las inversiones deben ser tipo beneficencia. Para ser más atinados debe tenerse claro que campo y campesinos, no son lo mismo. Es por eso que hay que insistir en que una cosa es el reglón económico agropecuario y otra la economía familiar campesina. Y en su diferencia está el secreto que puede cambiar la forma como se viene apoyando al campesino.

La gran parte de los recursos van a proyectos que no consultan con las realidades de campo y campesinos. Entonces vemos como a vuelta de esquina, el beneficiario de la inversión sale a vender lo que le entregaron, pues resulta que el proyecto no es sostenible, y en vez de ayudarlo, le representa más temprano que tarde una carga financiera que igual no va a poder soportar, de manera que prefiera “salvarse algo” y de paso sin querer alimenta en los tecnócratas la deformada idea que la gente es malagradecida y que prefieren vivir en la pobreza.

Mientras lo público se pone de acuerdo en el cómo desde su lado, es importante que abra la posibilidad real y tangible de invitar a que haya más, y mejor focalizada, inversión del sector privado.

Eso es posible a través de materializar propuestas como la exención o disminución notoria del impuesto a la renta a las empresas y emprendimientos serios en lo agropecuario, pero no menos importante bajo llamados de responsabilidad social empresarial, de manera que allanen el camino entre el campesino, pobre y olvidado, y el productor rural, emprendedor y constructor de su bienestar.



¿Qué opinas de esto?