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La libertad de hacer lo que le gusta hacer

Opinión/ Por: Marcos Velásquez.


Opinión/ Por: Marcos Velásquez.

FOCUS

El concepto de Personal Branding, conocido en nuestro discurso como Marca Personal, surgió en la literatura norteamericana en agosto de 1997, en un artículo de la revista Fast Company, titulado: The Brand Called You, escrito por Tom Peters, en el que planteaba que ya se estaba en la era de las personas, por ello se debía pensar en ser cada quien su propia marca.

A lo largo de los un poco más de veinte años de estar hablando sobre dicho tema, la literatura empresarial ha logrado acumular un número de referencias que, como cualquier producto, hace que cada autor defienda su punto de vista sobre el concepto.

La consecuencia de ello es el desgaste del concepto en sí, la “Torre de Babel” de su significación o las transformaciones del mismo en pro de su evolución, o en búsqueda de sostenerse en el mercado literario, de las conferencias o el ámbito académico.

Por tanto, cuando se habla de marca personal, lo que anuda los múltiples significados del concepto es que en el mercado laboral de hoy, tanto los profesionales, como los técnicos, los artesanos o los empíricos, deben vender su trabajo, lo que hacen, su misión en términos organizacionales, como una marca.

La máxima que sostiene dicha premisa reza: “Vende tu trabajo para que no te tengas que venderte tú”.

Lo complejo de ello es que se entra en el terreno de lo intangible, donde a falta de una cultura organizacional, un ético-respeto (aunque en sí mismo esto es tautológico) por el trabajador y una economía más artesanal que industrial, y que tímidamente se acerca a la era digital, las organizaciones aun piensan que ellas son el centro de la producción, desestimando las inéditas capacidades de sus trabajadores, lo que trae como consecuencia en relación a los honorarios y a la estima de quien trabaja, tasas de remuneración que no gratifican y no están en el nivel requerido para sostener el estilo de consumo de cada quien, gracias a los costos de los niveles de vida socioeconómicos que impone la era digital.

De igual modo, las organizaciones plantean con sentido común los altos costos fijos y las tasas de impuestos elevadas a las que se tienen que ajustar para poder hacer parte del mercado legal, el que en su momento es quien puede responder por los desajustes de cualquier tipo de producción.

Frente a estos dos momentos de verdad, tanto quien trabaja como quien quiere construir su marca personal, se encuentran sujetos a una economía que más que gratificar su labor a partir de sus ingresos, están sujetos a unas particularidades del mercado laboral que ponen en tela de juicio su talento y sus anhelos de construir un estilo de vida soñado.

De modo crudo, el mundo de hoy plantea que, cuando se está en el periodo de la vida laboral, para poder construir una marca personal, ya sea de modo independiente o haciendo parte de una organización, se ha de sintonizar el dial de lo que hace cada quien, con las necesidades del mercado o de las organizaciones.  Ello implica prestar atención, respetar al otro, valorarlo y tomarlo en cuenta dentro de la relación.  Hace parte del utilitarismo, donde el objeto guarda su valor por sí mismo y no por mi interés egoísta.  Quiero decir que, para poder entrar en el mundo de las marcas laborales, quien ofrece un servicio tiene que estar al tanto de las necesidades de su cliente, dado que la tasa de honorarios quizá no sea la esperada, pero la recompensa a día de hoy se verá reflejada en la libertad de hacer lo que le gusta hacer, dentro de la negociación pactada.

Twitter: @MARCOS_V_M



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