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La importancia de ser cultos

Por: Marta Saenz Correa.


Con la explosión de las nuevas tecnologías de la información y comunicación, se ha llegado al punto de que casi cualquier información puede ser consultada a velocidades jamás vistas por cualquier persona que tenga acceso a Internet, por lo cual se cree que es más sencillo se una persona culta. Sin embargo, pocos podrían definir estrictamente a una persona culta; la RAE la señala como un adjetivo, refiriéndose a alguien dotado de las cualidades que provienen de la cultura o instrucción. Aun así, la definición es ambigua y no nos brinda un panorama sobre cómo identificar a alguien con dicha característica.

Una cosa es ser culto y otra es ser inteligente, ambos se consideran estados distintos del intelecto. El primero, se refiere a la cultura que posee una persona y el otro tiene connotaciones un tanto más científicas, como una característica casi fisiológica que puede medirse y cuantificarse. Así, alguien es culto por los libros que ha leído, por la calidad de su vocabulario, por las películas que ha visto e incluso por los viajes que ha realizado. Culto es aquel que se ha cultivado, como un campo, para obtener para si los mejores frutos de la civilización. Una persona culta también es compasiva, empática, solidaria, amable y quizás hasta sabia.

Según el escritor ruso Anton Chejov, la cultura es todo aquello que nos enriquece y cultiva, que nos ofrece herramientas para comprender mejor el mundo. Por desgracia, aún existen muchas personas que creen que ser cultos significa acumular conocimientos. Su visión sobre lo que significa ser cultos va más allá de acumular conocimientos, como una perspectiva enriquecedora y profunda que nos anima a reflexionar. El escritor distingue a una persona auténticamente culta de aquella que ha adquirido conocimientos y considera que ello la coloca por encima de los demás.

Para Chejov, las personas cultas respetan la personalidad humana y, por lo mismo, son siempre amables, gentiles, educados y dispuestos a ceder ante los otros. También son tolerantes, no colocan sus culpas sobre los demás y asumen sus responsabilidades; son lo suficientemente flexibles como para aceptar formas de pensar y actuar diferentes a las suyas; son sinceros y temen a la mentira, no aparentan y callan más frecuentemente de lo que hablan. Una persona verdaderamente culta lo sabe y no siente la necesidad de hacer gala de su conocimiento.

Una parte muy importante de ser culto es convertirse en crítico. Siempre debes evaluar algo después de que has conocido y leído al respecto y tener en cuenta los puntos buenos y malos. No intentes ser una persona culta solo para impresionar a otros. La gente culta lo es porque le interesa genuinamente entender el mundo.

PARA DESTACAR:

“El secreto de la sabiduría, del poder, y del conocimiento, es la humildad”. Ernest Hemingway



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