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La educación y el trabajo: la dupla para la juventud

Por: Mario Ruíz Soto


Opinión. Andrea, es una chica de 18 años que empezará a estudiar ingeniería química en la universidad. Lo hará en enero del próximo año. Andrea sueña con trabajar en una farmacéutica, para encontrar nuevos medicamentos que salven vidas. Sueña con trabajar en el pulmón del mundo: el Amazonas.

Sus sueños dependen en gran parte de la inversión que el Estado haga en juventud. Voy a decirlo de otra manera, no invertir en juventud es el talón de Aquiles de un país, seria condenarlo. Kofi Annan, exsecretario General de Naciones Unidas decía: “una sociedad que aísla a sus jóvenes, corta sus amarras: está condenada a desangrarse”. No hay nada más cierto.

Los problemas de la juventud colombiana coinciden con las prioridades que ellos identifican. Digo ellos, porque en Colombia ser joven es de 14 a 28 años, así como Andrea. Aunque me siento joven, la ley ya no me considera como tal.

Volvamos. Para la juventud colombiana hay tres prioridades claras: i) educación; ii) trabajo y iii) cambio climático. Esto lo mencionaron 64.356 jóvenes colombianos en la Encuesta Global de las Naciones Unidas para un Mundo Mejor “MY World 2030”. Una medición bastante importante como para dejarla pasar.

Ahora que sabemos que piensa la juventud, vayamos a los problemas. Déjenme destacar la situación en educación y trabajo. En educación, el panorama no es alentador. Para 2014, según el Departamento Nacional de Planeación (DNP), el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), 2 de cada 5 jóvenes reciben educación media. La juventud de la zona rural lleva la peor parte: 1 de cada 10 jóvenes mayores de 24 años alcanza la educación media, de acuerdo con las cifras del Censo Nacional Agropecuario (2014).

En cuanto a la educación superior, 1 de cada 5 jóvenes en edad de cursar estudios superiores lo hace. ¿No ven lo privilegiada que es Andrea al entrar a la universidad? Por cierto, ¿no les parece bastante justa la exigencia de aumentar el presupuesto en la educación pública?

De otra parte, desde la perspectiva de trabajo, según el DANE, 1 de cada 2 personas desempleadas son jóvenes. El problema mayor recae en las mujeres jóvenes. La tasa es casi el doble en comparación con los hombres, de acuerdo con las cifras del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). En otras palabras, Andrea tendrá menos posibilidades de conseguir trabajo que un hombre. ¿Pueden creerlo? En el campo, en cambio, hay menos desempleo, pero mayor informalidad.

Viendo los datos, ¿no creen que es importante invertir en nuestros jóvenes? La educación y el trabajo son importantes, y en ambos hay que invertir. Recientemente el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) publicó su segundo estudio sobre el Gasto Público en Adolescencia y Juventud en Colombia. Este es quizás, de los pocos informes de referencia sobre cuanto se invierte en nuestros jóvenes. Sus recomendaciones son tan importantes para los gobiernos como para la juventud. Así que, lo mínimo para la causa juvenil es leerlo.

De siete países de América Latina y el Caribe de este estudio, Colombia es el tercer país que menos invierte en juventud (2016).

Mientras que Costa Rica invierte el 10% del Producto Interno Bruto, nuestro país registra el 2,9%. En su orden, quienes más invierten son Costa Rica, Uruguay, El Salvador, México, Colombia, República Dominicana y Paraguay. Para ponerlo en cifras, según UNFPA, el Gobierno nacional invirtió 11,4 billones de pesos en juventud en 2016.

Las alcaldías y gobernaciones para el mismo año lo hicieron con 13,9 billones. En suma, el Estado invirtió 25,3 billones en 2016 en los jóvenes. Es una cifra mayor a la reforma tributaria que el Gobierno radicó esta semana (19 billones).

Puede destacarse del estudio que la inversión específica en juventud es mayor entre los 15 y 24 años. En este rango, el Estado invierte mayoritariamente en educación, y aún no es suficiente como para tener a todos nuestros jóvenes en el colegio y en la universidad o instituto de educación superior.

Por otra parte, la inversión en juventud se reduce significativamente entre los 25 y 29 años, es decir, justo en la edad para trabajar. Cuando más necesitaría Andrea el apoyo para entrar a trabajar, es cuando se reduce la inversión del Estado. Por eso son tan importantes las iniciativas de primer empleo.

Espero que después de leer esto, motive a la juventud a defender la inversión pública en educación y trabajo. A que requieran siempre que los presupuestos en juventud sean visibles. Pregúntense siempre, por ejemplo, ¿cuánto invierte la Gobernación de Sucre en juventud? Sin visibilidad difícilmente puede darse el debate. Demos la oportunidad para que Andrea estudie en la universidad y trabaje en su sueño de salvar vidas. No aislemos a nuestros jóvenes.



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