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La crisis del periodismo y los retos de narrar la verdad hoy

Por: Marcos Velásquez


Opinión. Ante la crisis del periodismo actual, con lo que traen las fake news, que a mi modo de ver, no son otra cosa que una manifestación sintomática del cansancio del sujeto ante la abominable avalancha de información que se produce a diario como efecto de las nuevas modalidades del negocio de la prensa del Siglo 21, o la modalidad perversa del poder que, en dicha avalancha, busca dividir para reinar en “el país de los ciegos”, el sujeto no cuenta hoy con el espejo del reportaje que devuelve la imagen de su Yo representado en ese otro que como él, también siente.

Hubo una época en que el periodismo contaba con tiempo, espacio y dinero para hacer un reportaje de largo aliento que permitiera pintar en letras la radiografía de los hechos que ocurrían en un lugar y los efectos que dichos hechos causaban en quienes los padecían de modo directo o indirecto.

Hoy la inmediatez ha matado el momento del reportaje, ha enfriado la investigación y ha incrementado los costos de la profundización de la verdad, al punto que, más que saber, lo que permite una reflexión sobre el Yo, en el sentido que al leer o ver un documental que sensibilice al espectador sobre los efectos de los hechos en la humanidad, solo hay una posición social de darse por enterado de lo que no va con nosotros, pero estamos informados.

El individualismo actual está aislando al sujeto no solo en su ser, sino en su imposibilidad de construir lazo social, lo cual tiene consecuencias más graves de las que ahora se están manifestando a través de los suicidios o de los casos de irrespeto o intolerancia que vemos en las notas ligeras que registran los hechos más no profundizan en los actos.

La crisis económica que asiste a las empresas tradicionales del manejo de la información y la desilusión y el desencanto que muchos periodistas formados en el Siglo 20 hoy padecen al ver como el oficio más bello del mundo, frase que en su momento dijo García Márquez, pero que se le atribuye originalmente a Albert Camus, está cambiando, exige nuevas miradas de narrar, investigar y de vender la información.

Todo bajo una premisa, narrar la verdad de los hechos, lo que implica que el periodista como todo sujeto que parte de una posición subjetiva, diga desde su Yo dicha verdad, lo que traerá como efecto que, quien lea o vea lo que allí se cuenta, antes que cerrar la reflexión sobre la verdad, abra el abanico de preguntas que permiten que la palabra no se silencie, porque si bien el periodismo no está llamado a hacer una psicoterapia social, siendo el lienzo en el que se pinta con letras la realidad, sus palabras como sus imágenes, han de despertar el dialogo dentro de una sociedad ahora global.

El periodista en su ejercicio de reportería escucha a quien padece por los efectos de los hechos y con ello ayuda a dicho sujeto a sentirse tomado en cuenta en el momento en que la soledad lo aborda por no comprender por qué a él le pasa lo que le está pasando, o por qué él hizo lo que hizo.

Al ser así, cada periodista ha de asumir que la verdad que cae en sus manos tiene el punto de vista de su ser.

En otras palabras, su Yo se dirige al Yo de quien lo lee, lo ve o lo escucha y hoy, con la hipertextualidad, la cual conjuga todas las formas de comunicar la verdad, se ha de plantear cómo va a expresar lo que él quiere decir de esa realidad que hace que el protagonista de los hechos comprenda que no está solo y que el Hermes de la comunicación hace que dicha realidad llegue a otro Yo con tal de despertar el respeto y la sensibilidad social.



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