La autorreceta en la era de la información

Por: José J Vergara D | Médico Cirujano


Si bien antes cuando los médicos y boticarios guardaban celosos las recetas de sus fórmulas y preparados magistrales, y ya existían las auto formulaciones basadas en plantas, infusiones y vapores, no fue sino hasta que vino la producción en masa de los medicamentos que se popularizó e implementó como una práctica corriente que cada individuo decidiera por su cuenta, informadamente o no, qué medicinas consumiría de acuerdo al mal que lo aquejara.

Los expertos en salud pública han descrito diferencias entre automedicarse y auto prescribirse medicamentos, toda vez que esta última práctica violaría el principio de sólo poder ser adquiridos bajo fórmula médica o especializada, diferencia muy gris en Colombia dada la poca o nula vigilancia sobre la actividad de farmacias y droguerías y su exigencia de receta para vender.

En el marco de la pandemia por Covid-19 y gracias a internet y sus redes sociales se han difundido ampliamente una gran cantidad de usos para medicinas que inicialmente fueron pensadas y producidas para tratar cosas diferentes al nuevo coronavirus, dicho sea de paso, del que poco conocemos aún 9 meses después de su capacidad para enfermar humanos y del que tenemos más dudas que certezas.

El tiempo de la ciencia no es el tiempo de la enfermedad. Digo esto porque para que haya una herramienta para combatir la enfermedad, llámese vacuna, medicamento o procedimiento, la ciencia apoya sus avances en el método científico y el rigor del mismo no permite que se recomienden terapéuticas hasta tanto las mismas tengan altos márgenes de seguridad y esto no se logra sin antes agotar los tiempos, que no son cortos, de ensayos clínicos controlados, pruebas y protocolos seguros y éticos de producción.

La emergencia mundial ha llevado a que grupos de investigación conduzcan estudios con medicamentos nuevos y algunos conocidos que pudieran tener efectos negativos para el virus, estas hipótesis que deben dar resultados reproducibles en humanos, luego deben ser revisadas por personas con las mismas calidades y conocimientos de quienes desarrollaron dichas pruebas para que puedan ser consideradas como útiles o válidas. La misma emergencia, y el estado de pánico generalizado ha provocado una reacción desesperada por encontrar una solución al problema y muchas personas emiten recomendaciones que pueden estar poniendo en peligro la vida de muchas otras.

Las experiencias anecdóticas, personales y sin verificación están siendo difundidas sin filtro alguno en las tribunas de las redes sociales en las que abundan las noticias falsas, donde la publicidad automáticamente se enlaza con las formas de pago y los influenciadores reciben dinero por promover cualquier producto, incluso profesionales de la salud recomiendan terapias que carecen de evidencias de utilidad o seguridad, mientras en la 1.0 ya estamos viendo las primeras consecuencias de estas actitudes temerarias.

Toda acción tiene su reacción y tratándose de la fisiología humana podrá haber formas inocuas pero también cuadros nocivos, como los que estamos viendo cada día más en las urgencias: Inflamaciones y lesiones severas en esófago y estómago por dióxido de cloro, intoxicaciones por ivermectina, reacciones alérgicas por azitromicina y claritromicina (y muy seguramente resistencia bacteriana en el futuro), arritmias y paro cardiaco por cloroquina e hidroxicloroquina, y muchas más patologías producto de la polifarmacia, porque irresponsablemente no solo se ha querido tratar gente con una fórmula única para todos, sin importar sus características individuales, sino que se ofrecen como “combos” o “kits” anti-covid con cinco o más medicamentos simultáneos.

La vida cambió, es cliché. Y también se ha convertido en cliché que el lavado de manos, el aislamiento social y el uso de mascarillas sea recomendado como lo más importante para prevenir contagios, diría además que hasta el momento es lo único efectivo, y a pesar recalcado a diario esto no ha sido tomado en serio ni se le ha dado la relevancia debida, pareciera que por ser recomendaciones baratas y cumplibles para la mayoría, no son suficientes y la gente sigue improvisando y buscando una solución mágica que borre al maldito virus de una vez por todas.

Estoy seguro que va a llegar una vacuna, no tan pronto como todos quisiéramos, pero mientras aparece una o un antiviral efectivo, de nada sirve suponer teorías conspirativas, ni la desobediencia a la autoridad, ni las posturas supersticiosas.

En estos momentos atravesamos por un momento crítico en nuestra ciudad y departamento, llevamos ciento treinta y seis días desde el primer caso de coronavirus en Córdoba y veinte días en alerta roja por muy alta ocupación de camas y ventiladores de cuidado intensivo, al mismo tiempo tenemos una cifra preocupante de personal de salud aislado o incapacitado por el virus (y ya empezamos a lamentar las primeras muertes), las EPS han brillado como siempre por su lentitud y negligencia, hay personas sintomáticas no quieren consultar a tiempo ni se aíslan y cuando por fin lo deciden ya son casos graves y muchas veces insalvables, cada vez más personas se automedican o auto prescriben, y aún no funciona el laboratorio de salud pública departamental ni el segundo hospital de campaña.

Por favor cuidémonos, seamos vigilantes de la salud de quienes nos rodean, seamos responsables con las actitudes hacia la enfermedad, no minimicemos síntomas ni subestimemos las recomendaciones dadas los por las autoridades en salud. Confío plenamente en que esta pandemia la superaremos como se han superado otras en la historia de la humanidad, pero ojalá no sea a un alto costo de vidas humanas, es paradójico y triste que esta era de la información no esté coincidiendo con una era de conocimiento serio y bien informado.



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