Incomunicación en tiempo de coronavirus

Por: William D. Mercado Echenique


Llama la atención que ante la avalancha de información que se recibe diariamente, por todos los medios de comunicación disponibles, se encuentre un amplio sector de la población, para quienes resultan nuevos muchos de los datos que se han venido divulgando desde que se descubrió la presencia del nuevo coronavirus SARS-COV-2.

La desinformación, la tergiversación y las malas interpretaciones, escalan todos los niveles sociales. En los sectores en los que se podría pensar que existen las bases para una mejor comprensión de la realidad, se nota una enorme indiferencia por profundizar en los temas de interés sobre autocuidado, medidas económicas que traigan beneficios a los grupos poblacionales a los que se pertenece, acciones sociales en los que se esté incluido, aportes que se puedan hacer partiendo de las condiciones de las que se gocen, entre otros.

Este comportamiento, trae como consecuencia varias cosas. Una de las mas preocupantes es la falta de consciencia sobre la inminente posibilidad de resultar contagiados. Es increíble que a pesar de los múltiples comunicados y advertencias que se hacen de forma permanente, todavía haya tantas personas queriendo incumplir las reglas que actualmente nos rigen, con el unico fin de proteger nuestras vidas.

Es triste ver a los miembros de la fuerza pública y gobernantes, luchar todo el tiempo contra la corriente, desgantándose con algunos ciudadanos que insisten en pasarse por la faja cualquier instrucción que exista para mantener el orden, y poder continuar por el camino de la desaceleración de la expansión. Y que conste que hay muchas personas que lo hacen por gusto y gracia, no por necesidad.

Adicionalmente, se convierten en replicadores de titulares poco objetivos, mal intencionados y que nada tienen que ver con los contenidos de las noticias o con las medidas adoptadas, incrementándose de esta forma el colectivo descontento y la polarización de situaciones, hacia las que se desvía la atención, minimizando los verdaderos aciertos y lo realmente importante.

A esto se le suma el caos que se genera al enviar cadenas de WhatsApp, publicaciones en paginas de Facebook, Instagram y Twitter, con información falsa, dirigida a diferentes sectores de la población, especialmente a los que se encuentran en mayor estado de vulnerabilidad, llevandolos a participar de aglomeraciones, atendiendo los supuestos llamados de entregas de ayudas humanitarias, subsidios o pagos correspondientes a los programas gubernamentales, creando un escenario de alto riesgo de contaminación y propagación del virus. Estas acciones podrían tildarse de criminales, si se miran las consecuencias desastrosas que desencadenarían.

Si por un lado tenemos a los inconscientes y por otro a los necesitados, ambos víctimas de la comunicación inadecuada y transmisión de información amañada a intereses oscuros y particulares, el peor enemigo que estamos enfrentando no es este nuevo tipo de coronavirus, si no el egoísmo que va más allá de cualquier comportamiento lógico, que busque la preservación de la propia vida, la de familiares y amigos.

Al parecer el instinto de conservación en este caso, se activa vehementemente ante los simples rumores o sospechas, tambien difundidos por medios no formales, despertando las peores reacciones colectivas, siendo más fácil actuar en contra de los demás y no velar por el cuidado individual, principio sobre el cual deberían basarse nuestras acciones en esta realidad que nos toca afrontar con reponsabilidad, solidaridad y fraternidad.


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