Gracias a ellos

José J. Vergara Díaz


En medio de las inseriedades del gobierno, el reconocimiento sincero de muchas personas, las desafortunadas expresiones y actuaciones de otras y las manifestaciones insulsas de algunos “líderes” de opinión, me tomo el atrevimiento de compartir estas líneas agradeciendo de antemano a estos colegas/compañeros por su cuota de sacrificio en esta emergencia. Seguramente no habrá premio económico que logre resarcir lo sufrido, pero qué bueno sería que la sociedad nos diera una mano en la lucha por la obtención de mejores condiciones para desempeñar la vocación.

Germán es anestesiólogo cardiovascular, se contagió trabajando, aunque no tuvo el cuadro típico, se auto-diagnosticó y buscó ayuda con sus compañeros, le hicieron el diagnóstico confirmatorio y requirió hospitalización, rápidamente progresó hacia un cuadro grave, fue ingresado a UCI, su familia, compañeros y amigos temimos lo peor; varios días intubado y los cuidados pertinentes lo salvaron, duró un par de días más hospitalizado y fue dado de alta con control y seguimiento estricto. No pudo ver a su pequeña hija por más de un mes, sin duda ha sido impactante para la niña, pues su papá perdió mucho peso y aún no recupera su voz habitual. Me dice él que lo más impresionante dentro de lo que es consciente han sido los episodios de delirio que tuvo en UCI luego de extubado y en hospitalización. Ahora en casa ha tenido problemas de insomnio que ha logrado mejorar con tratamiento especializado; me dice que la terapia física le ha resultado espectacular, pues hubo momentos en que no podía sostener un celular en sus manos, mucho menos caminar adecuadamente y a día de hoy ha mejorado mucho. Quiere recuperarse completamente y volver a su quirófano en tanto las condiciones lo permitan.

Luis Fernando es odontólogo especialista en semiología y cirujano oral, no se ha contagiado. Su gremio ha sido extremadamente golpeado, pues tiene restricciones para laborar que son parte de las medidas estatales de emergencia; la manipulación de la boca, por obvias razones, resulta crucial en el potencial de contagios tratándose de un virus como este. Por supuesto el impacto en las finanzas personales es innegable, de 5 días que atendía en su consultorio, hoy solo lo hace 1. Es una encrucijada salir a trabajar: por un lado la presión por producir, pagar cuentas, arriendos, servicios, sostener los empleos que de él dependen y además los gastos del hogar y la familia, y por otro lado el temor de contagiarse trabajando y llevar la enfermedad a casa. Conoce muy bien lo que significa una estancia en UCI, es una experiencia que no quiere repetir y se cuida en extremo con los escasos pacientes que atiende. Me cuenta que en su medio ha visto un aumento exagerado y desproporcionado en el precio de los insumos y materiales con los que trabaja, la subida es tan desmedida que parece un abuso, eso ha llevado a que necesariamente aumenten los costos de los procedimientos y se alejen los pacientes… Complicado panorama que no parece tener solución en el corto plazo.

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María Rosario es médica familiar, va “invicta de COVID” como dice ella, trabaja en la primera línea de defensa contra la pandemia haciendo consultas y dirigiendo programas de prevención y control de enfermedades crónicas, hace más de 5 meses que, aunque vive con sus padres, no ha podido darle un abrazo a ellos, ni siquiera comen juntos. Usa las redes sociales para tratar de crear conciencia en sus seguidores de la seriedad de la pandemia e inspirar a otros a lidiar y vencer los problemas y complejos de quienes viven con sobrepeso y obesidad, factor de riesgo, dicho sea de paso, para complicaciones por sarscov2. Le deben casi un año de salario en un trabajo antiguo, espera que este año le paguen. Es feliz logrando metas saludables que se propone. Me cuenta que aunque es complejo vivir con protocolos incluso dentro de su casa, vale la pena todo por proteger y mantener sanos a sus padres e hija.

Indira es intensivista, tiene protocolos estrictos de entrada y salida de su casa. Ha tenido muchas ocasiones en que estuvo en riesgo de contagio, por lo que pasan días en que no abraza a sus hijos pequeños y se aísla preventivamente, me dijo que eso le ha dado muy duro, aunque son muy pequeños sus hijos, entienden que es mejor evitar y los besos por ahora se encuentran suspendidos. Me comentó que hubo un momento en que pensó retirar a sus hijos del colegio, pues entre su trabajo y la “vigilancia escolar” que hay que tener con la virtualidad académica la llevaron a otra situación estresante. A Indira también le deben casi un año de trabajo en una unidad donde trabajó. Es joven y decidida, quiere definitivamente seguir aportando su conocimiento y experticia para seguir salvando vidas pero le preocupa que las medidas de relajación recientes puedan desbaratar lo logrado en disminuir la criticidad de ocupación de camas UCI.

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Francisco y Diego son padre e hijo, Francisco es cirujano general y Diego estudiante de 6° semestre de Medicina. Ninguno se ha contagiado, sin embargo desde marzo Francisco se aisló dentro de su casa del resto de su familia, me dice que ese tipo de “soledad” es aún más duro porque los ve ahí pero el contacto físico es muy limitado; él, al igual que muchos de sus colegas, ha visto disminuidos sus ingresos por la cancelación de algunos contratos y la disminución de los procedimientos programados; ha visto morir compañeros de trabajo, por eso se cuida de manera extrema. A Diego le preocupa  el cambio en el relacionamiento interno de su núcleo familiar y también le preocupa su educación, pasó de quinto a sexto semestre en medio de las limitaciones que la virtualidad significa para el aprendizaje de la medicina, arte que siempre se ha basado en la práctica presencial con los pacientes y le inquieta la incertidumbre sobre la reanudación de sus rotaciones universitarias, pues considera que ha faltado comunicación y decisión por parte del Estado, los ministerios, facultades y universidades; varios de sus compañeros no continuaron este semestre, algunos por motivos económicos y otros porque no ven viable la educación virtual ya sea por problemas de acceso tecnológico en los lugares donde viven o porque prefieren  y pueden esperar a que se “normalice” la situación, él prefirió continuar aprendiendo en medio de esta inusual academia porque dice que el tiempo que se pueda perder en esta etapa no se lo devuelve nadie.

Alicia y Alonso son hermanos, no se han contagiado. Alicia es cirujana y Alonso es internista, ella trabaja parte del mes en otra ciudad muy lejos de su esposo e hijos pequeños, está en la primeria línea de atención en un sitio olvidado por  el Estado colombiano, da su mejor esfuerzo y a pesar de no contar con las herramientas más apropiadas para atender ha tenido éxito salvando vidas. Alonso se desempeña en clínicas y unidades de cuidado intensivo, acaba de ser papá, en medio de cuidados y precauciones extremas aprovecha cada momento para estar con su primogénito. Alicia y Alonso acaban de ver morir a su padre, también médico, por causas secundarias a COVID-19, colegas de ellos le brindaron una atención inmejorable, pero luego de muchos días en una UCI, ella se preguntaba sobre la pertinencia de una orden de no reanimación, pues era consciente del daño sistémico irreversible de su padre, su hermano también pensaba en lo mismo, sin embargo se cuestionan si podría haberse hecho algo más, empiezan los interrogantes incómodos: ¿se pasó algo por alto?, ¿si hubiese ingresado antes, mi padre se habría salvado?,  yo pasé por una situación igual, diez años después aún me hago preguntas…

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José David es médico especialista y alcalde, literalmente le ha tocado trabajo doble, es el médico de su familia, de sus compañeros de trabajo y de todo a quien se encuentre en la calle, así que no paran de hacerle consultas. Ni él ni su esposa e hijas se han contagiado, sin embargo el resto de su familia sí, no han tenido familiares fallecidos pero si algunos en estados muy graves. Aisló su núcleo familiar del resto. Me dice que es complicado que la gente no entienda aún que la clave es el autocuidado y que observó que el menosprecio a la seriedad de la emergencia por parte de la gente llevó a su municipio a una situación muy crítica hace 2 meses, y aunque la situación actual ya no lo es tanto, mantiene el llamado a no bajar la guardia ni a confiarse, pues en prevención hay que actuar todos los días como si estuviéramos en el peor escenario, me comentó. Con su equipo ha hecho su mejor esfuerzo, sin embargo la situación le exige cada día más. Dará la pelea.

Carlos Iván era médico, trabajaba en atención domiciliaria, estaba recién casado, era apasionado por su trabajo, atendía pacientes COVID y estaba ensayando y perfeccionando un protocolo propio con el que había recuperado a varios pacientes, estaba emocionado por los resultados preliminares. Carlos se contagió trabajando, tuvo un curso lento que se fue complicando, a pesar de los mejores esfuerzos técnicos y humanos, murió. Nos hará falta a todos sus amigos, ni qué decir a su familia y esposa.

Ahora queridos lectores piensen en las enfermeras, auxiliares, instrumentadoras, personal de servicios generales, vigilantes, laboratoristas, microbiólogos, administradores, recepcionistas, mensajeros, fisioterapeutas, técnicos de imagenología, camilleros y médicos que no alcanzo a mencionar, que ustedes probablemente conozcan, que se exponen igual o más que nosotros en sus sitios de trabajo. A todos ellos, cuyas historias seguro conocen mejor que yo, gracias totales.



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