Generación Z se vuelca a la creatividad y el compromiso ante COVID-19

Por: Juan Quintero Mendoza.


La Generación Z, de entre 15 y 24 años, ha aprovechado el confinamiento para comprometerse al servicio del planeta.

La historia decidirá si se convierten en la “generación Coronavirus”, marcados para siempre por la pandemia que paralizó al menos a la mitad de la humanidad cuando entraban a la adolescencia o al inicio de la edad adulta.

Por el momento decidieron ayudar a sus comunidades respectivas a luchar contra los efectos del COVID-19 gracias al arte, las nuevas tecnologías o el uso creativo de las redes sociales. Su manera construir “el mundo que vendrá después”.

Solidaridad más allá del teléfono:

“Si no trabajo como voluntario y la gente como yo no lo hace ¿quien lo hará entonces?”, se pregunta Malak Sabah, de 24 años, que desinfecta las calles del campo de refugiados sobrepoblado de Wavel (Líbano), donde vive desde su nacimiento.

Con un chaleco amarillo, la refugiada palestina se propuso como voluntaria para combatir el coronavirus cuando apareció en el campo, a finales de abril.

“Lanzamos una campaña de sensibilización porque algunas personas no se lo tomaban en serio. Es un virus oculto, requiere toma de conciencia, conocimientos y protección”, indica.

Un compromiso que difiere de los estereotipos de esta generación nacida con las plataformas tecnológicas como Google, Amazon o Facebook, que estaría más inclinada a pasar sus días frente a Netflix o los videojuegos que a preocuparse por sus vecinos.

Los jóvenes “tomaron conciencia del poder de las redes sociales para difundir mensajes”, y de que eran los mejor situados “para ayudar a los más vulnerables”, asegura Walid Badi, de 24 años, un deportista francés que vive en Ivry-sur-Seine, cerca de París.

La crisis sanitaria mostró “que no solo somos buenos para quedarnos en casa frente a los teléfonos sino que también estamos muy anclados en la realidad“, indica.

Mientras las estrellas del deporte hacían videos en directo por Instagram para ayudar a sus seguidores a soportar mejor la ausencia de competiciones deportivas, Walid Badi, jugador de balonmano profesional, prefirió ayudar a las personas sin hogar.

Con su asociación “Solidaritess”, Walid hizo muchos recorridos con su amigos y repartió ropa a los “olvidados” del confinamiento, en los suburbios y el sur de la capital francesa.

Drones, impresoras 3D y bicicletas futuristas

Lejos del mundo de las patentes de éxito, existen “geeks” superdotados que comparten su experiencia tecnológica.

Es el caso de José Otero, un venezolano de 22 años, que inventó un dron “low cost” para transportar medicinas y resultados de test de coronavirus en Barranquilla, en el norte de Colombia, pese a las restricciones de circulación.

“Antes nos decían que nos teníamos que separar de los aparatos tecnológicos o de los teléfonos, porque eso nos separaba. Por el contrario ahorita es lo que nos une” dice con entusiasmo este venezolano que tuvo que exiliarse.

En Dakar (Senegal), Ibrahima Cissé, de 23 años, construyó con sus compañeros de la Escuela Politécnica una bicicleta futurista para detener la propagación del virus.

La bicicleta sirve a la vez como mensajera para “la población que tiene dificultades para estar confinada en su casa” y como distribuidora de productos desinfectantes.

“Estamos aprendiendo cómo ser útiles a la población, al planeta” con proyectos que toman en cuenta varios criterios como “el medio ambiente, las necesidades de la población, y también la reducción de los costos porque somos un país pobre y no podemos pensar en proyectos extravagantes”, dice este futuro ingeniero senegalés.

En París, Roméo Estezet, un estudiante de 15 años, se especializó en la impresión 3D de viseras de protección para el coronavirus.

Hasta ahora fabricó más de 1.500 gracias a los aparatos que tiene instalados en su habitación de adolescente, una cifra impresionante de 80 viseras al día.

“Mi sueño es mostrar a otros jóvenes la utilidad y sobre todo la facilidad de esta tecnología, que pone al alcance de todo el mundo la producción de objetos”, especialmente en tiempos de crisis, dice.

¿Y el futuro?

Pese al sentimiento de injusticia y a veces de furia, los jóvenes también expresan mucho optimismo. Todos esperan que el mundo sacará enseñanzas positivas de la pandemia.

“Espero que la gente será más consciente de su salud, del medio ambiente y que comprenda que incluso sus pequeños pasos pueden influir al mundo”, dice Eva Stojcevska, que insiste en la amenaza climática par las generaciones futuras.

Los jóvenes de entre 15 y 24 años ya son las principales víctimas de la crisis económica, con un joven de cada seis sin empleo, según un estudio de la Organización Internacional del Trabajo.

Con una tasa de 13,6% en 2019, el desempleo de los jóvenes ya es más elevado que en cualquier otro grupo de población.

“Vienen tiempos difíciles, dice Malak Sabah. Pero no duran eternamente”.



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