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El Fútbol y la Paz

Por: Manuel Medrano. Canadá no va al Mundial de Fútbol pero tiene 20 premios Nobel y ofrece calidad de vida a sus ciudadanos, es un país industrializado que brinda oportunidad de empleo a propios y extraños; mientras nosotros seguimos de espaldas a la realidad de...


Por: Manuel Medrano.

Canadá no va al Mundial de Fútbol pero tiene 20 premios Nobel y ofrece calidad de vida a sus ciudadanos, es un país industrializado que brinda oportunidad de empleo a propios y extraños; mientras nosotros seguimos de espaldas a la realidad de nuestro compromiso de ayudar a construir un verdadero país, el cual tiene todas las potencialidades para salir del tercer mundo. Por eso la noticia del 23 de junio proveniente de la Habana por la firma del acuerdo con Las Farc nos cogió extasiados frente a los televisores viendo las trasmisiones de la Copa América Centenario y la Eurocopa.

Resulta lamentable que no seamos conscientes del paso que se ha dado, aun cuando Las Farc tan solo representan el 30% de la problemática negativa que afecta directamente el desarrollo del país.

En estos momentos es necesario desarmar los espíritus y percatarse de la tragedia que significa ver a los mal llamados líderes del país defendiendo sus propios intereses y alimentando sus propios odios en el escenario político, inclusive creyendo ignorante a la gran masa popular anunciado la entrega del país al “Castro- Chavismo” o que Colombia se convertiría en un Estado fallido.

Hoy se han quedado sin discurso y están intentando retroalimentarse para que los medios de comunicación les amplifiquen sus llantos de plañideras. Es una lástima que se haya tenido que comprar el apoyo a los diálogos de la Habana, y que a muchos les preocupe más hacer énfasis en torno a lo que se ha pactado que el aporte que puedan hacer desde la crítica constructiva para desarmar los espíritus y propiciar una mesa nacional para coadyuvar a un cambio en las instituciones corruptas de la nación que son el verdadero problema que conlleva al atraso y al subdesarrollo.

Hay que ponerle fin a la élite privilegiada que pernocta en el Congreso de la República y convertir ese escenario en un cuerpo colegiado unicameral, en aras de lograr que la nación se ahorre más de un billón de pesos que servirían, según el escritor Gustavo Bolívar, para costear la universidad de cien mil estudiantes de escasos recursos económicos, regalar 40 mil casas a las víctimas de la violencia y condonar la deuda de muchos estudiantes con el Icetex. En un país con 32 departamentos no se necesitan 268 congresistas ganándose cada uno $27 millones novecientos 29 mil 64 pesos mensuales, además de la contratación estatal y la burocracia regional.

Necesitamos crecer como nación y, por ende, es bueno recordar a Francisco FuKuyama en su obra Orden y Decadencia de la Política cuando dice: “Si existe un solo problema al que han tenido que enfrentarse las democracias contemporáneas es su incapacidad para proporcionar lo esencial que la gente espera del gobierno: Seguridad, crecimiento económico compartido y servicios públicos básicos de calidad, como la educación, la salud y la infraestructura necesaria para lograr oportunidades individuales”.

La Paz es un derecho nuestro y lo que ocurrió el 23 de junio en la Habana mereció una gran celebración similar a las que hacemos con los triunfos y las derrotas de la selección Colombia sin pensar que el fútbol es un deporte que se convirtió en un negocio para unos pocos y la Paz es nuestra gran empresa para el bien de todos

Manuel Medrano
manuel234m2@hotmail.com



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