Festival Nacional del Porro en San Pelayo: piedra angular en la identidad cultural de los cordobeses

Por: Mario Sánchez Arteaga
2 semanas atrás

En 1977 Córdoba era un departamento muy joven, con apenas 25 años de haberse segregado del Bolívar Grande, con algunas heridas aún sin sanar del todo por parte de la sub región del San Jorge que decían sentirse aislados por el centralismo en el Sinú; y ni que decir de Lorica y San Antero que nunca quisieron separarse de Bolívar por los vínculos cercanos a la capital Cartagena.

En ese entonces, los políticos bolivarenses, aprovechaban esas heridas para meter cizaña entre las poblaciones resentidas, ellos, no superaban la segregación de Córdoba que tuvo que ver mucho por dirigentes e intelectuales de Montería aliados con la clase dirigente antioqueña para lograr la independencia. En todo caso, aún no nos sacudíamos del todo de ese yugo provinciano, urgía una identidad cultural que colocara el sello de la cordobesía.

Es entonces cuando surge la creación del Festival Nacional del Porro en San Pelayo, pueblo fundado en 1740 por Juan de Torrezar Díaz Pimienta. Un municipio imperado por un campesinado que aparte de las faenas diarias agrestes del campo, fusionaba sus rutinas tocando de forma empírica instrumentos de viento. La música del porro de banda ya venía sonando desde mucho tiempo atrás, a inicios del siglo XX por Miguel Zamora con la Banda Ribana de San Pelayo. Poco a poco fue organizándose y tomando rigurosidad identitaria en los diferentes poblados del recién creado departamento cordobés.

Un colectivo de personas intelectuales, amantes de la cultura, entre jóvenes y adultos, Vladimiro Angulo, el Kiko Mausa, William Fortich Díaz, el Padre Telmo Padilla y Antonio Lagares, tomaron como referente las tradicionales Fiestas del Río que se celebraban en la capital cordobesa y deciden realizar un festival musical de bandas que interpretaran porros. El evento tuvo una gran acogida y con el devenir de los años fue cimentando sus raíces en el terreno de la cultura cordobesa que hoy 47 años después de celebrar el primer festival y 72 de creado el departamento, es el porro y su festival lo que verdaderamente le ha dado una identidad cultural solida a los cordobeses.

Por supuesto que hay otras manifestaciones culturales propias del depto muy arraigadas a nuestra galaxia cordobesa, pero ninguna ha generado la empatía de unirnos, dejando a un lado las rasquiñas y heridas del pasado como lo ha hecho el porro y su festival en San Pelayo. El Bullerengue de Puerto Escondido, La Cumbiamba de Cereté, El Festival Cultural de Sahagún y tantos otros eventos que han sumado al enriquecimiento espiritual y cultural en la región, no nos identifican a nivel nacional, nos identifican con el porro, ah, y sobre todo “El porro palitiao o pelayero”.

Vale la pena recordar, sobre todo a las nuevas generaciones, que no nos podemos atribuir ser cuna de la música del porro. El porro es un aire musical del caribe colombiano. Antes decíamos que, del Bolívar Grande, pero es que en el Atlántico y otros departamentos también se ejecuta esta música, por lo que ningún investigador hasta el momento puede adjudicarse haber descubierto la cuna genuina del porro. Los aires y manifestaciones de este folclor si se les conoce en su mayoría las zonas donde fueron creados, y lo que si se ha comprobado históricamente con investigaciones cruzadas y sustentadas es que San Pelayo es la cuna del “Porro Palitiao o Pelayero”. Sus grandes precursores fueron Primo Paternina, Alejandro Ramírez y Pablo Garcés, juglares que se desplazaban a pie y a lomo de mula con instrumentos al hombro de pueblo en pueblo, convirtiendo los cantos de pájaros en ricas melodías que grababan en la memoria; carecían de formación para escribirlas en un pentagrama.   Piezas musicales como María Varilla, El Pájaro, Río Sinú, El Binde, Palo e Corraleja, El Ratón, El Tortugo, Sábado de Gloria, entre tantos otros cuyas armonías cadenciosas hacen parte del ADN de los cordobeses.

El Porro Palitiao o Pelayero tiene una introducción y una danza donde está asentado ese aporte de lo europeo, recordando los danzones que por mucho tiempo se bailaban en las fiestas de la elite criolla. Luego se aprecia un diálogo instrumental fluido entre trompetas, clarinetes y bombardinos, para seguidamente pasar a la Bozá, lo que sustancialmente nos diferencia del Porro Tapao. La Bozá es el éxtasis del porro palitiao, un momento de levitación musical donde los Dioses de la melodía le imprimen parte de la sublimidad a los músicos.  Es el Sinú en estado puro corriendo por las venas tanto del que toca como del que escucha, es “un yo no sé qué” que no tiene explicación alguna.

El porro Tapao o Sabanero como también se le conoce, es más permanente en su cadencia musical, hay riqueza melódica en sus arreglos, pero es más parejo, no hay cambios significativos. Tiene gozadera rítmica al ejecutarse un poco más rápido y es propicio al canto y baile pasiao. Se le llama sabanero porque tuvo mayor aceptación en zonas geográficas de las sabanas cordobesas, sucreñas y bolivarenses. Se le llama Tapao porque el ejecutante del bombo tapa con su mano una de las partes del instrumento para darle un golpe más seco. Mientras que el Porro Palitiao en la Bozá, el bombo deja de sonar.

En una afable tertulia con el maestro William Fortich Díaz, me contaba una anécdota jocosa entorno a las clasificaciones de los nombres Porro Palitiao y Porro Tapao. El, siendo un versado investigador cultural, escritor de varios libros sobre músicas del caribe y recientemente seleccionado como uno de los mejores 70 cultores del país por el Ministerio de Cultura, me decía que esas denominaciones no provienen de la academia.

Teniendo esa inquietud le preguntó al investigador Víctor Mausa, quién había asignado esos nombres. Mausa le respondió que fue Guillermo Valencia Salgado “El Goyo”. Fortich buscó al Goyo y este le dijo que fue idea de Víctor Mausa. En otra ocasión William Fortich se los encontró a los dos y ambos al verse enfrentados atinaron diciendo que fueron vainas del Dago Angulo, director de la Ribana de San Pelayo. El maestro William me terminó diciendo que en realidad la clasificación de Porro Tapao y Palitiao fue una construcción oral y popular entre músicos y el mismo pueblo.

Hoy y con el trasegar de los tiempos, el Festival Nacional del Porro en San Pelayo, ha generado la identidad cultural del cordobés en el imaginario colectivo, pero también sacó a su localidad de un atraso ancestral. Antes de 1977 el tiempo se había perpetuado en esa población, era una imagen en sepia desvencijada que no gustaba del progreso y los avances. Después del festival, San Pelayo paso a paso ha ido buscando forma y organización urbanística. Aquel dicho famoso “Más triste que las lamparitas de San Pelayo” dejó de proclamarse, debido a cambios significativos que sin lugar a dudas fueron objeto por ser la sede permanente del festival más relevante de esta música en Colombia.

La música del porro es un patrimonio inmaterial del caribe colombiano, porque no es nuestro, es del caribe, se toca, baila y goza en el caribe, Pero el “Porro Palitiao o Pelayero” si es un patrimonio nuestro, del cordobés, del sinuano, por eso el camino largo que lleva ante el Ministerio de las Culturas y los Saberes, debe enfocarse en la declaratoria al Porro Pelayero como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Nación. Festivales de porro hay varios en Colombia, todos con los mismos aires musicales que el que se celebra en San Pelayo, hay que mirar con lupa esa letra menuda y no equivocarnos y atrasarnos más en una declaratoria más que merecida.

Gracias San Pelayo y su Festival Nacional del Porro, por haber aportado a consolidar la identidad cultural de los cordobeses.