Esos indios y sus vainas

“No creamos medicamentos para indios, sino para los que pueden pagarlo” Marijn Dekkers, consejero delegado de la multinacional Bayer en una entrevista en India. “Si la semilla es sembrada por el egoísmo y el desprecio, sólo cosecharemos nuestra propia desnutrición” Carlos Urbina Luna. Por: Fabían López Saleme Monsanto es una empresa que modifica genéticamente semillas de maíz, sorgo y algodón entre otras. Después registran la semilla como propiedad intelectual, lo que implica que para usarla hay que solicitarles permiso y...


“No creamos medicamentos para indios, sino para los que pueden pagarlo”
Marijn Dekkers, consejero delegado de la multinacional Bayer en una entrevista en India.

“Si la semilla es sembrada por el egoísmo y el desprecio, sólo cosecharemos nuestra propia desnutrición”
Carlos Urbina Luna.

Por: Fabían López Saleme
Por: Fabían López Saleme

Monsanto es una empresa que modifica genéticamente semillas de maíz, sorgo y algodón entre otras. Después registran la semilla como propiedad intelectual, lo que implica que para usarla hay que solicitarles permiso y reconocerle beneficios económicos. Además te prohíben sembrar semillas de cualquier otro tipo. Es decir o se las compras a ellos o no hay cultivo. Existen fuentes y estudios a nivel mundial que han establecido que dichas semillas no producen daños en la salud de las personas y la misma cantidad de estudios que establecen lo contrario.

Un manto de duda se despliega sobre el tema. De lo que no hay duda es que el monopolio del manejo de los alimentos es un riesgo demasiado grande para la humanidad. Sobre todo cuando la misma multinacional que quiere manejar nuestra seguridad alimentaria, “Monsanto”, creó y distribuyó un químico conocido como “Agente Naranja” con el cual los Estados Unidos de Norteamérica causó en Vietnan la muerte de más de 200 mil personas, y por el cual hoy siguen naciendo niños con malformaciones genéticas a causa del contagio que sufrieron sus padres con el químico. Esta es la moral de la empresa que quiere tener el control absoluto de nuestras semillas, esa es la empresa que le vendió las semillas de algodón a los cultivadores de Cereté que casi terminan arruinados, esa es la empresa a la que se opone con dignidad los Indígenas del resguardo Zenú de San Andrés de Sotavento.

Algunos territorios han rechazado a la multinacional Monsanto, especialmente al uso del grano de maiz “MON 810”. Entre estos territorios están Alemania, Polonia, Francia, Eslovaquia, Irlanda, Gran Bretaña y el Resguardo Zenú de San Andrés de Sotavento. Estos indígenas, nuestros hermanos mayores, nos han hablado al oído y nos hemos hechos los sordos. Los habitantes del Resguardo de San Andrés de Sotavento defienden su soberanía alimentaria con una resolución hermosísima a la cual no le hemos dado la importancia histórica que se merece. Me refiero a la resolución 007 de 2010, mediante la cual el pueblo Zenú protege las semillas que los ha alimentado toda la vida, prohibiendo la entrada de las dudosas y peligrosas semillas transgénicas a su territorio, y además crea un Comité Regional de Recursos Genéticos, el cual hay que apoyar desde las políticas públicas nacionales con capacitaciones, recursos y elementos que les brinden las herramientas necesarias para desarrollar tan digna tarea de una manera efectiva.

El problema no es la manipulación genética de los alimentos, sino las políticas mercantilistas que se le está aplicando al tema en el mundo entero. Este tipo de estudios científicos debe estar dentro del marco del respeto a la Salud Pública, eliminando los derechos de autor frente a los descubrimientos. No podemos aplicarle a la seguridad alimentaria el mismo trato mercantilista con el que vendemos una pieza musical o el traje de un diseñador de lujo. En esta ocasión se trata de la alimentación, de la vida misma, no de unos productos costosos de mostrador.

Las Directivas de Monsanto no conocen a los líderes indígenas del Resguardo de San Andrés de Sotavento. El viejo “Cele” no conoce a quienes dirigen Monsanto. Lo que sabe el viejo “Cele” y los otros indígenas es que si no hay comida no hay vida. Para ese razonamiento básico no se necesita ser experto en materias académicas. Simplemente se necesita el sentido común del cual nos están dando muestra de buen uso nuestros hermanos, esos “Indios” del Resguardo indígena de San Andrés de Sotavento.




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