Es tiempo de invertir en salud mental

Por: José J. Vergara


Hoy 10 de octubre es el Día Mundial de la Salud Mental, la campaña  liderada por la OMS invita a apostar a favor de la vida: desde el nivel individual a tomar medidas a favor de nuestra propia salud mental y apoyar a los amigos y familiares que sufren trastornos mentales; a nivel empresarial de adoptar medidas para implementar programas de bienestar de los empleados; a nivel gubernamental, comprometerse a establecer o ampliar los servicios de salud mental; y a los periodistas y medios de comunicación, de informar y explicar qué más puede y debe hacerse para que la salud mental sea una realidad para todos.

Este 2020 ha trazado retos en todos los ámbitos de la salud pública, y tratándose de salud mental no iba a ser la excepción. Los planes e intervenciones en salud mental, tan olvidados en las políticas públicas, se hacen necesarios hoy más que nunca toda vez que el impacto de la pandemia, las cuarentenas, aislamientos, restricciones, protocolos de cuidado y la nueva interacción social significan un cambio abrupto y radical en las comunidades.

En Colombia desde el 2013 tenemos la Ley 1616 del Derecho a la Salud Mental, en 2015 se hizo la Encuesta Nacional de Salud Mental (ya desactualizada en el contexto de la pandemia), en Montería en 2017 con el Acuerdo Municipal 073 se adoptó la Política Pública de Salud Mental (de la cual hasta hoy no se conocen resultados) que quedó desactualizada en 2018 luego que el gobierno nacional adoptara la Política Nacional de Salud Mental con la resolución 4886 y se expidiera el CONPES de Salud Mental, incluido en el Pacto por la Equidad del Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022.

Es muy poco (y muy lento) lo que se ha avanzado desde hace 7 años hasta hoy en nuestra ciudad, apenas se empiezan a ver actitudes de gobierno realmente comprometidas con el bienestar mental de la comunidad, y es lógico que no vayan a tratar de andar dando palos de ciego pues lo primero que se debe ser hacer un diagnóstico preciso del estado general de la salud mental de los monterianos, incluyendo la variable pandemia, con todas las herramientas posibles y la intervención multidisciplinaria a que haya lugar.

En general hay poca coordinación inter-sectorial y poca articulación socio-sanitaria en temas de salud mental, la poca disponibilidad de talento humano y las limitaciones en la formación y educación del personal en estos asuntos ocasiona una escasa oferta de servicios para la atención integral de los trastornos mentales, emocionales, abuso de sustancias e intentos de suicidio.

Hay barreras en los entornos (que se han convertido en un factor de riesgo) y en las competencias de las personas para afrontar situaciones adversas porque la fragmentación y el uso limitado de la información no ayudan a la creación de espacios y oportunidades para que la población gestione y acceda a la atención correcta de su salud mental.

Se hacen necesarios estudios propios en sobre las comunidades, que nos indiquen las vulnerabilidades, riesgos y ventajas (si las hay), que nos permitan diagnosticar de manera efectiva y eficiente el estado actual de la salud mental de todos los habitantes de la ciudad. Estoy seguro que ese es el camino para iniciar a cerrar la brecha y que sean las herramientas tecnológicas y la resiliencia que nos ha forzado y enseñado esta pandemia, la que nos permita contar con una política pública propia real para afrontar este gran reto en salud mental.



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