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Es mejor leer bien: Una bienvenida a Un Río de Libros

Por: Marcos Velásquez


Opinión. Tratar de comprender la realidad, es un asunto de lo racional.  Es un ejercicio de disertación que implica un método de análisis de lo que está ocurriendo en el presente, para intentar resolver, dar luces, abrir vías, encontrar nuevos sentidos, a los escollos de la verdad.

Como se trata de algo racional, se parte del supuesto del saber, lo que se entiende como la capacidad de hallar la solución al problema, dado que se parte del hecho de que se encontrará el punto en el que el asunto se dio.

Al estar en el terreno de lo racional, se cree estar en el terreno de lo consciente, lo que en el mundo occidental es equivalente a dominar, controlar.  Por extensión, dicha posición se interpreta y se asume como la astucia de tener el poder.

El lenguaje nos permite pesquisar lo que acontece en el terreno social a partir de la lógica del discurso, el cual se da, según se presentan fenómenos que se van organizando de modo espontáneo, desde los intereses de quienes ejercen un liderazgo marcado en las masas, el que se va consolidando a partir de la ilusión de encontrar en el grupo seguridad, reconocimiento y pertenencia.

Entre más vacíos sean los miembros del grupo, más fuerte será su líder.  Es decir, entre menos vocabulario tengan los miembros de un grupo, el cual se adquiere a partir de niveles de educación y sobre todo, de la adquisición del hábito de la lectura constante y nutrida, es el líder de ese grupo quien impone el referente imaginario, en el que se van a mover todos los que se adhieren a ese estilo de pensar.

Quien rasgó el velo de la realidad de nuestro país fue Pablo Emilio Escobar Gaviria.  Él mostró cómo en Colombia los niveles de educación y de lectura son bajos, y aunque se asista a planteles educativos, no hay garantías de que al estar en ellos, se logre construir un hábito de lectura que permita que quien asiste, se vuelva un asiduo lector que devendrá en un sujeto crítico de la realidad.

A lo sumo, se acumulan títulos académicos, pero el estilo de pensar del sujeto, continúa inscrito en la zona de confort del imaginario al que por su naturaleza familiar, siempre ha pertenecido.

Pablo Escobar despreció la educación y se consolidó como el capo de capos haciéndose respetar matando a todo aquel que no estuviera de acuerdo con lo que él hacía, como él pensaba o con lo que él quería.

La ley del menor esfuerzo racional, anudada a la ley del mayor esfuerzo asolador: “Piensa poco, caga todo lo que te comes y mata a quien se te atraviese”.

Al igual que un bárbaro sin modales ni sensibilidad estética, Escobar Gaviria puso a cielo abierto el significante del líder que muchos colombianos siguen, con tal de que, sin necesidad de pensar por sí mismos y sí, siendo fieles corderos de su yugo, haciendo parte de su grupo, cohabitan con los suyos en una cofradía en la que el significante de lazo social no tiene sentido, salvo el de protegerse los unos a los otros, porque si el líder desaparece, ellos también desaparecerán.

Quien no lee, no comprende un análisis de la realidad, dado que vive inmerso en la cronología de su vida, sin discurrir sobre el mundo en el que está inscrito y en el cual habita.  Por tanto, el mejor método para adquirir la disciplina de pensar por sí mismo, no es otro más antiguo y siempre necesario que la lectura.

Al punto que, como están las cosas hoy en día en las diferentes masas que han ido surgiendo, es mejor leer bien, antes que ir a perder el tiempo en el sofisma de distracción de adquirir títulos en planteles educativos, donde solo hay instrucción, más no principios básicos de crítica y reflexión.

 

 



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