Entre los vivos, los niños son víctimas

Por: Boris Zapata Romero


Opinión. Una de las preocupaciones latentes hoy, es el impacto sobre los niños y adolescentes que ha tenido lo largo de este año y medio de crisis sanitaria, al estar lejos de los salones de clases.

La preocupación surge tanto de la calidad de los conocimientos impartidos, como sobre la capacidad real de los docentes en adaptar sus estrategias, y sobre los impactos que a largo plazo tenga este divorcio obligado con las clases.

“Entre los vivos, los niños continúan siendo sus principales víctimas” se puede leer en el artículo titulado “Latin America’s silent tragedy of empty classrooms” (La silenciosa tragedia latinoamericana de aulas vacías) del prestigioso diario The Economist, refiriéndose a las afectaciones de esta pandemia en lo que tiene que ver con América Latina, agregando unos datos en lo que considera las tres formas de afectación a la región, tales como tener un tercio de las muertes oficiales por Covid-19, la contracción económica promedio de siete puntos porcentuales, y que “las escuelas de América Latina han permanecido cerradas por más tiempo que las de cualquier otra región”.

La razón de la preocupación es de peso, pues es precisamente esta región una de las de mayor presencia de desigualdades sociales, y había logrado ir reduciendo puntos de pobreza y desigualdad. Incluso en Colombia se había ensanchado la franja de la clase media, sin embargo, el mes pasado el Departamento Administrativo Nacional de Estadística – DANE dio a conocer un informe en el que anota que más de dos millones de colombianos dejaron entre 2019 y 2020 de ser de clase media, al caer a condiciones de vulnerabilidad e incluso pobreza.

Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura – UNESCO realizó un pronunciamiento que implica que prevén efectos especialmente graves para los menores de edad, con mayor afectación en las niñas, pues toma como referencia la experiencia por la pandemia de Ébola en África, donde se presentó una mayor presencia de embarazos adolescentes, deserción escolar y trabajo en edad escolar, de manera que hacen desde esa organización un llamado a qué “Las respuestas educativas deben priorizar las necesidades de las niñas adolescentes, a riesgo de retroceder 20 años en los avances en pos de la educación de las niñas”.

Mi intención al escribir este artículo, era referirme a la necesidad de adoptar un nuevo enfoque en la pedagogía que permita allanar ese bache creado desafortunadamente por la crisis de salud pública, en las capacidades y conocimientos de nuestros niños, y había revisado para ello la metodología del aprendizaje invertido o flipped classroom de Jonathan Bergmann y Aaron Sams; pero voy a conformarme con detenerme en las afectaciones de mediano y largo plazo, que ya han sido estudiadas, referidas a la intermitencia del aprendizaje sobre los niños, niñas y adolescentes.

Hay entre otras, una investigación publicada de la Universidad de Cornell que analizó las secuelas de las huelgas y paros docentes en provincias de Argentina en un periodo considerable, que abarca de 1971 a 2014.

Las consecuencias son realmente alarmantes. David Jaume y Alexander Willén, autores de la citada publicación, encontraron en el largo plazo: más desempleados, salarios menores, desapego a estudiar y un declive en las habilidades, todos estos resultados de la “evidencia robusta de que los paros docentes empeoran los resultados laborales de los individuos cuando llegan a los 30 y 40 años”.

Coinciden estos autores con las inquietudes de la UNESCO, al expresar que específicamente las mujeres expuestas a paros docentes durante la escuela primaria tienen más hijos, parejas con menor nivel de educación e ingresos familiares más bajos”, por lo que es claro que se precisa pensar con más profundidad en ellas.

Lo cierto es que es necesario en los planes de reactivación, que dicho sea de paso no sirve que sean cortoplacistas pues el retroceso en los avances socio económicos es algo así como de 15 años, prever estrategias que mitiguen los efectos victimizadores sobre los menores de edad en el largo plazo, bajo el entendido de la importancia de la educación como base del bienestar y desarrollo, y de ellos como sujetos especiales de derechos.



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