Entre la falsa sensación de bienestar y la ausencia de reportes de contagiados

Por: Guillermo Antonio Montiel Payares


Opinión. Las entidades territoriales de salud, la Red Nacional de Laboratorios, las EAPB, las IPS y las empresas de medicina prepagada, están obligados a reportar el número diario de contagiados por COVID-19 en la plataforma que el Ministerio de Salud, ha dispuesto en ambiente web a través del portal de SISPRO. En ese orden de ideas, los reportes de casos sospechosos y confirmados, se efectuarán exclusivamente a través del Sistema de Información Centralizado dispuesto por dicho Ministerio (SEGCOVID19), sin embargo, las mencionadas entidades no lo están haciendo con la misma intensidad y rigurosidad de hace meses atrás, no sabemos si por lentitud intencional o porque las voces de “se terminó la pandemia” los mantiene relajados, en todo caso, todo parece indicar que bajaron la guardia en el momento más crítico.

Ahora bien, la anunciada y tan esperada fase del aislamiento selectivo se da en un momento en el que los casos activos comienzan a disminuir y los recuperados a aumentar, lo cual conlleva a pensar que hay indicios de aplanamiento de la curva, no obstante, sigue latente el temor de nuevos brotes como consecuencia de la apertura casi total de la economía, y es allí, donde la responsabilidad social empresarial y la disciplina social deben hacer un punto de encuentro para que no se vuelva realidad lo que parece un secreto a voces: “a la gente se le olvidó el COVID y si seguimos con el desorden nos van a volver a encerrar”.

La falsa sensación de bienestar.

Después de innumerables acciones y extenuantes jornadas de prevención de la enfermedad y promoción de las acciones de mitigación, los mandatarios municipales y departamentales han sido reiterativos en anunciar, casi que a diario, que las cifras de contagio han empezado a disminuir y que poco a poco volveremos a una nueva normalidad; la noticia entonces, debería llenarnos de tranquilidad y de esperanza, pero la sensación es contraria y lo que se logra percibir en una desconfianza generalizada, algo así como: “voy a esperar unos días más para ver qué pasa” y nos es para menos, ya que efectivamente los contagios están disminuyendo, pero el porcentaje de letalidad sigue siendo de los más altos del país. Mejor dicho, la ecuación no cuadra y algo pasa entonces, o los reportes no se están informando en tiempo real o se dejaron de hacer las pruebas diagnósticas con la misma intensidad, lo que si es cierto es que el virus sigue latente, aunque el “marketing de la tranquilidad” pretenda hacernos creer lo contrario.

Tanto es así, que durante los cinco primeros días de reapertura de restaurantes y terminales de transporte (aéreo y terrestre), se logró observar una afluencia motivadora de personas haciendo uso del tan anhelado momento, amparados obviamente en la buena fe de los informes que dan certeza de un ambiente seguro. Pero con el transcurrir de los días, es más que evidente que no hay tal sensación de tranquilidad, que el temor sigue latente y ante la incertidumbre de lo desconocido es mejor no arriesgarse. Contrario a lo que sucede en gran parte de la ciudad, la zona céntrica se sigue caracterizando por mantener “ríos de gente en las calles” con una marcada ausencia de disciplina social, aunque paradójicamente, y a pesar de la desproporcionada cantidad de personas circulando, el comercio sigue manteniéndose estático a la espera de una reactivación económica verdadera.

¿Qué pasó con los reportes de contagios?

En su momento, tanto el Ministerio de Salud como el Instituto Nacional de Salud (INS), determinaron la obligatoriedad e importancia del diseño de rutas que permitieran hacer un seguimiento continuo de la salud y el bienestar de los empleados durante el período de la pandemia. Entonces, si ese periodo aún no ha finalizado, por qué las empresas han dejado de hacer los respectivos reportes a las Administradoras de Riesgos Laborales (ARL), por qué delegaron esa responsabilidad en el empleado y lo que es más cuestionable, por qué no se han declarado en cuarentena a sabiendas que tienen trabajadores con diagnóstico positivo para la enfermedad del COVID-19. Esas circunstancias son las que están generando un clima de desconfianza, ya que diariamente observamos a nuestros familiares, amigos y vecinos en aislamiento obligatorio producto del COVID, pero las entidades o empresas para las cuales laboran siguen funcionando como si nada ocurriera.

Es más, resulta extraño, que grandes y reconocidas cadenas de supermercados y entidades bancarias y del estado, a la fecha no hayan cerrado sus puertas temporalmente (durante los respectivos catorce días de cuarentena por contagio) teniendo diariamente personal contagiado. Milagrosamente han estado blindadas durante toda la cuarentena y los enfermos terminan siendo los clientes o usuarios, pero sus trabajadores y funcionarios jamás. En otras palabras, mientras ese siga siendo el pensamiento de la actitud de los mencionados anteriormente, estaremos a “miles de tabacos” de terminar como esta pandemia.

***Servicio Social***: Se le recuerda a los comerciantes en general y los entes gubernamentales que la Guía de Medición de Equipos Biomédicos de 2015 (Minsalud) establece que: “los instrumentos de medición cuya finalidad prevista es la de medir, pesar o contar debe responder a un patrón de metrología”, razón por la cual, los termómetros que están utilizando para medir la temperatura deben tener el respectivo Sello de Calibración emitido por una entidad acreditada para tales fines, de modo que, exista confiabilidad sobre los resultados que dicho procedimiento arroja.

De Ñapa: con el calor característico de la Costa Norte Colombiana, a ustedes no les parece curioso, que todos los termómetros al ingreso los sitios a los que asistimos muestren en pantalla “35,4” … (Ya ustedes saben lo que respondió el Poeta de la Junta).



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