En Marca Personal, del Otro toma lo bueno, más no lo malo

Opinión FOCUS Por: Marcos Velásquez Forjar una marca personal implica expurgar en las representaciones significantes que cada sujeto construye, al trazar los lazos afectivos que teje desde el origen de su relación, con sus padres. Simbólicamente el sujeto se signa, ello no quiere decir que todo el tiempo tenga que ser así.  Por ésta razón, reflexionar sobre las instancias que hacen semblante de ese primer lazo afectivo que se dio con los padres en la familia, permite que cada quien...


Opinión

FOCUS

Por: Marcos Velásquez
Por: Marcos Velásquez

Forjar una marca personal implica expurgar en las representaciones significantes que cada sujeto construye, al trazar los lazos afectivos que teje desde el origen de su relación, con sus padres.

Simbólicamente el sujeto se signa, ello no quiere decir que todo el tiempo tenga que ser así.  Por ésta razón, reflexionar sobre las instancias que hacen semblante de ese primer lazo afectivo que se dio con los padres en la familia, permite que cada quien construya un acervo de palabras en el que, sin olvidar a los suyos, pueda vivir con lo mejor de cada quien, edificando un vocabulario que le permita consentir una vida propia, alegre y productiva, en el sentido más responsable de sus palabras.

Por ejemplo, si un niño aprendió que cuando hacía monerías hacía reír a sus padres, dicho sujeto va a pensar que cada vez que hace algo frente al otro, tiene que hacerlo reír.

El día que no lo logra, llega a sentirse incomodo, porque afectivamente su lectura será que ya no lo estiman, cuando la realidad es: cada quien se ríe de las tonterías del sujeto, según su estado de ánimo.

El sujeto hace sus monerías porque piensa que con ello va a ser reconocido afectivamente, pero en últimos términos, el sujeto tiene la opción de pensar por sí mismo, con el propósito de desanudar esa creencia en la que está signado como el payaso del otro, siempre que está al frente de éste.

De éste modo, procuraré dar a conocer la dinámica de reflexión constante que se ha de asumir, para pensar con palabras propias y no actuar como el niño que antes cité.

La familia

El origen de todo.  Ella nos lega el acervo de significantes en los cuales cada quien se signa, para cobrar un sentido a sus palabras.

Padre y madre no son sólo los padres en términos de lo simbólico.  Son la sumatoria de la significación histórica de los ancestros que habitan en las palabras que se pronuncian en ella.

Los padres entregan su deseo al hijo, y dentro de esa entrega, van los puntos suspensivos de los deseos inconclusos, de los anhelos incompletos de cada uno de ellos y el de sus generaciones precedentes.

Si un sujeto no tiene claro esto, puede pasarse toda su vida tratando de completar el deseo del Otro simbólico.  De modo inconsciente, un sujeto puede vivir su vida, tratando de pagar la deuda que adquiere con esos deseos inacabados.

Por lo tanto, para forjar una marca personal, se ha de ponderar en la historia de la familia, qué hace parte de los “puntos suspensivos” del Otro simbólico, dado que el desconocimiento de dicha realidad, tendrá peso y efecto en los actos del sujeto en su presente y en la construcción de su futuro.

Los amigos

Son el álter ego del sujeto.  No está ni bien ni mal, pero tiene sus efectos en quien llega a pensar que el otro es la prolongación de su yo, o que piensa igual a él.

En la relación de amistad, el dominante es el dependiente afectivo.  El más inseguro es quien construye la escena para que el sujeto se sienta cómodo dentro de la relación, que la más de las veces, es sólo oropel en la zona de confort.

Forjar una marca personal implica reconocer cómo, en algunos casos, los amigos son egoístas que demandan que todo permanezca igual, para proteger su inseguridad.

De éste modo, un sujeto puede dejar de crecer pensando que su amigo le está dando los mejores consejos, cuando lo único que hace es retenerlo para no quedarse solo.

La sociedad.

La sociedad no le hace fácil la vida a un sujeto.  Ella es la cosecha de las deudas pendientes de las generaciones anteriores.

También es egoísta, dado que sólo le interesa del sujeto su producción y, en los últimos tiempos, más su consumo.

Si no hay claridad en la construcción de una marca personal, el sujeto sólo entrará a la sociedad a hacer lo que ella le permita, lo cual tiene como consecuencia que, quien actúa así, no piensa por sí mismo.  No tiene palabras propias, sólo obedece las órdenes del otro.  Es decir, nunca crea, sólo ejecuta.

La figura de autoridad.

Quizá la más demoledora de las cuatro instancias del otro social de las que hablo, dado que ella se encarga de ser la suma de todas a través del totalitarismo.

Se sabe que en el totalitarismo el poder es ejercido por una sola persona, ello implica el sometimiento incondicional del sujeto.  La máxima es: <<no piense, sólo obedezca y actúe a la imagen, semejanza y esclavitud de dicha figura>>.

El sujeto que está a merced de sus figuras de autoridad, es un sujeto que no puede plantearse una marca personal, dado que este concepto es todo lo opuesto a la posición del esclavo que habita en éste lazo afectivo.

Analizar quién representa una figura de autoridad para el sujeto, es permitirse reconocer cómo se vive bajo el manto de una deuda afectiva, o sometido a un egoísmo por las injerencias de la inseguridad del otro.

La familia, los amigos, la sociedad y las figuras de autoridad, hacen parte de las representaciones significantes que cada sujeto posee, por ello, del Otro (simbólico) toma lo bueno, más no lo malo al construir tu marca personal, teniendo presente cuáles son tus palabras y cuáles son los puntos suspensivos del deseo del Otro que pueden estar limitando tu construcción inédita de riqueza.

marcosvelasquezoficial@gmail.com



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