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‘Ella’ lo es todo

Por: Adolfo Pineda García @AdoPinedaG Pensaba en estos días en la extraña atracción que nos genera el amor hacia todo aquello que nos despierta el deseo de expresar sentimientos, defensa, admiración y hasta perdón. Soy un convencido de que amar a una persona, a una...


Por: Adolfo Pineda García
@AdoPinedaG

IMG-20170501-WA0022Pensaba en estos días en la extraña atracción que nos genera el amor hacia todo aquello que nos despierta el deseo de expresar sentimientos, defensa, admiración y hasta perdón.

Soy un convencido de que amar a una persona, a una mascota o a lugares, incluso intangibles como la soledad o los buenos recuerdos, puede hacerse por igual con devoción y la misma intensidad. A veces el dolor es un buen indicativo, por lo que a la madre Teresa de Calcuta no le faltaba razón al afirmar: “Ama hasta que te duela, si te duele es buena señal”.

El amor se compone de momentos y en la infancia uno los tiene se sobra, cuando en el parque, en los barrios, en el centro, en los paseos, en el colegio, entre otros lugares, vamos captando esa magia que nos envuelve el corazón y marca para siempre. Entonces aparece esa maravillosa figura compuesta también por una vida que nos cautiva para el resto de nuestros días, a través de los cuales, si el sentimiento es verdadero, perdura en todo, en los olores, en las formas, en las palabras y en las características físicas de ella, en el caso de nosotros los hombres.

Ese sentimiento que nos impulsa para seguir avanzando es sano cuando no está mediado por el interés y cuando el físico es apenas una parte entre varias mucho más importantes. Por ejemplo, la personalidad, el carácter, los momentos vividos, las oportunidades compartidas y ofrecidas. Pero también ese amor se nutre con lo que nosotros damos desde el corazón sin esperar nada a cambio, por supuesto. En fin: es sano si aceptamos a esa otra mitad como es: con su nobleza, belleza, defectos, porque es eso lo que la hace única sobre las demás.

A nuestra mente vienen incluso los recuerdos de otras que en algún momento de la vida fueron también importantes, pero la seguridad que nos transmite la estabilidad de un amor cierto y conveniente, nos trae devuelta a la realidad y nos permite confirmar lo que sentimos por ella, la de siempre, la única que habita en nuestro corazón porque se lo ha ganado, en algunos casos desde que éramos niños y la veíamos a diario, en otros cuando la conocemos ya adultos y nos convencemos de que era lo que habíamos estado buscando.

Quiero a Montería desde mucho antes de tener uso de razón porque, primero, mis padres me enseñaron a hacerlo respetándola, no ensuciándola, defendiéndola. Fui creciendo por sus calles y la fui viviendo con mis amigos. Cómo olvidar aquellos recorridos en bicicleta bajo el ardiente sol, los planes de ir a cruzar el río Sinú en planchón una y otra vez mientras la brisa nos mecía de un lugar a otro, o los partidos de béisbol en la Villa Olímpica, en los que intentábamos hacer las hazañas de los grandes ligas del momento.

Gracias a Dios he tenido la enorme fortuna de conocer muchas capitales de Colombia y el mundo, y con la experiencia que esos viajes me han dado puedo decir que en ningún otro lugar del planeta me he sentido tan feliz como en Montería, ciudad que a través de los años hemos venido redescubriendo sus habitantes. ¿Y por qué? Porque aquí lo tengo todo.

Ella ha sido un diamante en bruto que hemos limpiado y moldeado con buenas costumbres, buenas intenciones, trabajo duro y honesto. Hoy, cuando ese diamante brilla más, nos percatamos de que había sido linda desde siempre. Por todo lo que me has dado, mi Villa Soñada, mi Ciudad de las Golondrinas, mi Perla del Sinú… ¡feliz cumpleaños 240!



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