El valor de la verdad

Por: *Marta Sáenz Correa


Decir la verdad debería ser tan necesario y simple como respirar, sin embargo, es una de las cosas que más nos cuesta en la vida. La tendencia mediática de hacer afirmaciones sin responsabilidad, y sin el menor asomo de respeto, así como la creencia de que decir una mentirilla piadosa es un mal menor, nos llevan a la mentira, y a acostumbrarnos a amar lo falso, lo vano, y a vivir engañados por la complacencia de un sistema adicto a la mentira.

La verdad es uno de los principales valores positivos de nuestra sociedad, en el entendido que hemos convenido en considerar que está bien o es bueno. Hablamos de verdad en términos de honestidad, sinceridad y buena fe: decir la verdad, hablar con la verdad o actuar en base a la verdad. Vivir en la verdad, es encontrar nuevos patrones culturales y una nueva forma de vivir en un mundo de paz y armonía, con nuevas perspectivas, más allá de lo convencional.

La ausencia de la verdad genera básicamente la falta de confianza entre las personas, ¿Porque mentimos? las causas pueden ser muchas, pero en el fondo se encuentra el temor a ser castigado, rechazado o excluido, por decir la verdad. Decir la verdad implica reconocer los errores, los fracasos, los malos momentos por los que se pasa, que no se es perfecto y que nos faltaba algo de preparación o experiencia; que difícil se nos hace a veces reconocer algunas de nuestras verdades.

Lamentablemente vivimos en una sociedad de doble moral, que muchas veces premia la mentira y demás valores negativos. Examinemos nuestra conducta y pensemos con qué frecuencia no cumplimos lo que prometemos, damos falsas excusas, rompemos las normas para obtener ventajas, somos excesivamente autoritarios o exigentes, o no corregimos a nuestros hijos cuando sabemos que está mintiendo; todos estos son comportamientos que refuerzan la mentira.

Por lo anterior, enseñar el valor de la verdad es imprescindible en nuestra labor de padres; por más complicado que sea la formación, debemos tratar de que nuestros hijos sean seres humanos íntegros y emocionalmente saludables. Es complejo fomentar la verdad en el contexto de hoy por lo que solo podemos hacerlo mediante el diálogo abierto y sincero con nuestros hijos. Entre algunas recomendaciones prácticas para evitar que nuestros hijos mientan podemos mencionar: enseñarles el valor de la verdad, la sinceridad y la honradez con nuestras palabras y ejemplo; ayudarlos a diferenciar entre sus deseos y la realidad; y, analizar con ellos los motivos y las consecuencias de las mentiras y ofrecerle alternativas a ese comportamiento y mostrándoles que decir la verdad tiene la mayor de las recompensas: la confianza que generas en los demás.

PARA DESTACAR:

“El camino de la verdad es ancho y fácil de hallar. El único inconveniente estriba en que los hombres no lo buscan”. Confucio



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