El retorno de la amistad, un cuento de Navidad

Por: Róbinson Nájera Galvis


HTML5 logo

Daniela, la rubia, fue la primera muñeca en llegar a casa de Maura. Era una hermosa noche de Navidad. El cielo y la tierra se confundían entre luces de estrellas, chispitas y voladores. Sin embargo, Maura se durmió temprano. Al amanecer esperaba un regalo y con su sueño quería acortar la noche.

El mundo cansado del jolgorio amaneció dormido. Maura fue la primera en despertar. Al abrir los ojos se encontró con esa preciosa muñeca que con paciencia esperaba que la tomara en sus brazos para mostrarles sus hermosos ojos azules. En la siguiente Navidad apareció Marina, la trigueña y un año más tarde lo hizo Lucero, la morena.

Maura y sus muñecas formaban una familia feliz. Pero un día a Daniela se le dio por conversar con un espejo que estaba colgado en la alcoba.

— Eres muy hermosa – le dijo el espejo.

— Gracias — contestó Daniela.

— Ninguna de tus amigas tiene los ojos de cielo que tú, tienes — insistió el espejo.

–Eso no tiene importancia — respondió Daniela.

Daniela quería a sus amigas, por eso sabía que las palabras del espejo eran peligrosas. Pero le entraron al oído como una dulce melodía.

El espejo volvió a invitar a la muñeca y ella acudió como quien acepta una cita prohibida.

— Ninguna de tus amigas tiene el cabello de oro que tú, tienes — dijo el espejo.

— Nuestra amistad es lo que importa–contestó la muñeca y se retiró

El tercer encuentro fue por iniciativa de la muñeca. Se miró de frente y de perfil en el espejo.

–Convéncete, nadie tiene la piel de rosas que tú tienes. Eres la más hermosa de todas. Daniela no contestó.

Los encuentros continuaron con más frecuencia. El espejo siguió insistiendo hasta conseguir despertar en Daniela, el orgullo que la llevó a mirarse por encima de sus amigas. No quiso jugar más con Marina ni con Lucero. Se sentó encima del televisor como una reina y de allí no quería bajarse ni si quiera para que Maura peinara sus hermosos cabellos.

Al perder la amistad de Daniela, Marina se hizo amiga de coronel, un perrito juguetón y brusco que había llegado unos días antes a casa. Pero una vez que jugaba a las escondidas en el patio, coronel le mordió una pierna a Marina. Entonces, Lucero decepcionada por la arrogancia de Daniela y la inmovilidad de Marina, se tiró en un rincón de la alcoba.

Maura al ver su hogar desbaratado perdió el brillo de sus ojos, sus labios escondieron la sonrisa y la tristeza ahogó su voz. Una tarde el viento, mensajero de buenas noticias, visitó a Maura.

–No te rindas, lucha por tus amigas – le dijo.

–¿Cómo hacerlo? – preguntó Maura

— Eso tienes que descubrirlo por ti misma.

–No puedo.

— Si aprendes a soñar, si puedes — dijo el viento y se fue.

Maura intentó soñar y soñó. Soñó con la amistad de sus muñecas. Soñó con la felicidad y descubrió la forma de encontrarla.

A Marina la llevó a una clínica de muñecas. El especialista le implantó una nueva pierna. Lo hizo con tanto amor y cariño que quedó en perfecto estado de salud. A Lucero le compró muchos dulces y caramelos, y ella, abandonó el rincón y recobró las ganas de divertirse. A Daniela la bajó del televisor. Con el corazón en la mano le habló del amor que aún le guardaban. Entre lágrimas y abrazos Daniela reconoció su error. Pidió disculpas y prometió ser amable como antes, y así lo cumplió.

Cuando todas estaban reunidas en el jardín para celebrar otra NAVIDAD en familia, el viento, invisible mensajero del amor, pasó silbando su tierna canción. Entonces Maura volvió a ensayar la sonrisa que había perdido.



Join the Conversation

Join the Conversation