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El que dice basta

Opinión/ Por: Marcos Velásquez.


Opinión/ Por Marcos Velásquez.

COTIDIANIDADES

Cómo no pensar en política si estamos en la recta final de una contienda que ha puesto en evidencia el grado de división existente entre ciudadanos.  En un principio llegué a considerar que el problema de las candidaturas polarizadas en el país, se trataba de las pugnas, dolores y daños causados en el conflicto armado, la guerra sin cuartel que vivimos en el país, en manos de los paramilitares poniéndole límite a las guerrillas en Colombia.

Sin embargo, entrada la contienda electoral en sus discusiones más fuertes, acompañadas de pugnas, señalamientos por parte y parte, se esclareció que solo dos candidatos podían entrar en el debate de lo que a la gran mayoría de ciudadanos colombianos les afectaba: los candidatos que representan la vieja izquierda radical como oposición a la ultra derecha nacional.

Así las cosas, volví a revivir las imágenes de la lectura de Viento Seco, escrita por Daniel Caicedo.  Cavilé: ¿En pleno Siglo 21, nos someteremos una vez más al derramamiento de sangre propiciado por la lucha de bandos, de partidos, dada en la década del 50 entre conservadores y liberales defendiéndose de estos? ¿Seremos capaces de actuar del mismo modo y de manera irreflexiva al respecto?

Lo que la guerrilla ha hecho al país y lo que el paramilitarismo a la sociedad colombiana,  después de haber creído superada la violencia vivida por la lucha partidista de los cincuenta, dan muestra de que sí puede pasar nuevamente, pero con otro florero de Llorente en 2018.

El atenuante que se está gestando en la sociedad de nuestra época, es la vieja lucha arribista de clases: “oligarcas” contra “pobres”, “burgueses” contra “obreros” o “proletarios”, pobres contra ricos, que fue una de las consignas que dió pie a que surgieran los movimientos guerrilleros en Colombia.

Al parecer, no reflexionamos, como no olvidamos el daño que nos causan de modo moral, patrimonial o físico los actores del conflicto.

Si la contienda política de 2018 va a culminar sus enfrentamientos reduciendo la responsabilidad de todo lo que está en juego en la bandera del sector de la izquierda basada en la lucha de clases, estamos permitiendo que seamos reconocidos como una sociedad incapaz de salir adelante por sí misma y tendremos que asumir que solo estamos a la altura de lo que nos mande el otro.

Pero, si pensamos que la solución está en ponerle coto a la izquierda haciendo existir a los representantes -y con esta frase no estoy afirmando que lo sean, subrayo: “representantes”- del paramilitarismo en Colombia, estamos declarando nuestra incapacidad de pensar en que se puede, desde un gobierno, obrar de modo consensuado para el beneficio de la gran mayoría, dado que por principio siempre será imposible lograr que absolutamente todos queden de acuerdo, principio que hace posible la existencia de una democracia.

¿Acaso los colombianos que hacemos parte de esta generación latiente, no alcanzamos a vislumbrar la posibilidad de ponerle límite a una contienda que data del 48 hasta nuestros días? ¿Tiene más fuerza la estupidez de la hipnosis colectiva de la rabia, el odio, el resentimiento y todos los imaginarios que se ponen en juego en las palabras vacías, cargadas de narcinismo, que circulan en las redes sociales?

En toda contienda siempre hay un tercero, el que dice basta.  ¿Por qué no avocar por este?

Twitter: @MARCOS_V_M



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