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El Presente

Opinión/ Por: Carlos Ordosgoitia Sanín Cuando pensamos en el futuro nos preocupamos, no solo porque el futuro mismo sea impredecible, sino porque la fe y la esperanza transitan en arenas movedizas, frágiles y sensibles. Cualquier hazaña parece imposible, cuando las políticas públicas se hacen hablando del futuro sin solidificar el presente. A nuestros dirigentes les interesa...


Carlos-OrdosgoitiaOpinión/ Por: Carlos Ordosgoitia Sanín

Cuando pensamos en el futuro nos preocupamos, no solo porque el futuro mismo sea impredecible, sino porque la fe y la esperanza transitan en arenas movedizas, frágiles y sensibles. Cualquier hazaña parece imposible, cuando las políticas públicas se hacen hablando del futuro sin solidificar el presente.

A nuestros dirigentes les interesa hablar solo del futuro. Desde las campañas electorales les venden a los ciudadanos una plataforma política basada en un mejor devenir, que seguramente es lo que se quiere escuchar. No se habla del presente que es lo urgente y desde donde se edifica lo importante. Esta noche, por ejemplo, una madre cabeza de hogar duerme con sus hijos sin comida y un padre de familia no tiene empleo y muchas menos proyecciones de vida.

Me pregunto qué futuro pueden esperar estas familias si no hay acciones que dignifiquen su calidad de vida hoy y ahora. Es urgente solucionar los problemas que los aquejan de manera oportuna.

Problemas sociales como el embarazo en adolescentes consumo de drogas, deserción escolar, desempleo y falta de servicios públicos entre otros socavan en dimensiones inimaginables a todas las familias y nos sumergen cada día más un subdesarrollo digno del siglo XVIII.

En el pasado no muy lejano las familias con necesidades tenían la esperanza de que sus hijos pudieran salir de la pobreza con estudios y oportunidades. No había duda de que eso era una realidad. Con educación venía un buen empleo, con empleo salían de la pobreza y el ser humano empezaba a construir la vida familiar y en la sociedad.

Hoy la pobreza ha ampliado sus trampas, sobre todo en el ámbito de la esperanza. Sumergidas en la pobreza las madres se han convencido de que sus hijos van a ser más pobres cada día con menos opciones y su presente fragmentado cada día más por políticas excluyentes que no generan sino brechas más profundas de miseria.

Estoy seguro que cuando un discurso se centra en la politiquería y no en una política de servicio el pueblo termina asumiendo esos costos que son irreparables. Obviamente lo contrario sucede cuando el discurso se basa en propuestas realizables, pensando en acciones inmediatas (no en inmediatismos) que garanticen una estabilidad en el presente mientras se piensa en el futuro para que las oportunidades que abrimos hoy tengan asiento en el largo plazo.  En eso consiste la esperanza.

Los ciudadanos podemos ser permisivos cuando se habla o se convence de un mejor mañana, pero no podemos ni debemos permitir que atropellen nuestro presente.



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