El peor de los escenarios

Por: Guillermo Montiel Payares


Opinión. Luego que el presidente de la República anunciara con éxito la reactivación gradual y progresiva de algunos sectores de la economía, dentro de los cuales se destacan, construcción de obras civiles y arquitectónicas por una parte, y por la otra, fabricación de: productos textiles y confección de prendas de vestir; sustancias y productos químicos; productos elaborados de metal, maquinaria, aparatos y equipos eléctricos; papel, cartón y sus derivados; curtido y recurtido de cueros, talabartería, teñido de pieles; y transformación de productos derivados de la madera (excepto muebles). En ese orden de idas, las mencionadas actividades entran a engrosar la lista de aquellas que desde el principio de la declaración de la emergencia sanitaria tenían autorización para realizar sus operaciones (Servicios Médicos de Urgencias, Laboratorios de Referencia, Servicios Farmacéuticos, Supermercados, Transporte Local y Cadenas de Abastecimiento).

Cabe resaltar, que la apertura o inicio de actividades comerciales detalladas en el Decreto 593 de 2020, no podrá realizarse de manera arbitraria o a libre albedrío, por el contrario, están condicionadas a la implementación de un plan de contingencia, bioseguridad y protección personal, siendo importante recalcar que los constructores, además de las acciones descritas anteriormente, deberán inscribirse previamente en un link destinado para tales fines y anexar el denominado Plan de Aplicación del Protocolo de Seguridad/Sanitario para la Obra (PAPSO) contenido en la Circular Conjunta 001 del 11 de abril de 2020, emitida por el Ministerio de Vivienda, Salud y Trabajo (Véase también el ABC del Decreto 593/20- Lineamientos para el inicio de actividades).

Los manuales a los que hace referencia la norma, se configuran como un compendio documental que determina los pasos, acciones, lineamientos, diseños y estrategias de prevención y atención que deben seguir sincrónica y asertivamente todos los actores involucrados en el proceso de reactivación económica, dicho de otra forma, se hace imperante tener en cuenta al menos los siguientes protocolos: clasificación de insumos y dispositivos, capacitación específica y Plan de Bioseguridad, vigilancia del riesgo, regreso al hogar, uso del transporte público; lavado de manos, insumos, piezas y herramientas; aislamiento y distanciamiento social; limpieza y desinfección de áreas, signos vitales y tratamiento de casos sospechosos; recibo, desinfección, aislamiento y almacenamiento de insumos, mercancías y correo físico entre otros. Es importante también tener en cuenta, que los protocolos descritos deberán ir de la mano del Sistema de Gestión, Salud y Seguridad en el Trabajo.

Habiendo dicho lo anterior, y ante la posible segunda fase de reactivación el próximo 11 de mayo, varios de mis amigos y clientes, especialmente los que hacen parte del sector salud, han consultado con respecto a los requerimientos que se necesitan para dar inicio a sus actividades y todos coinciden en hacerme la misma pregunta: ¿aparte del tapabocas y los guantes qué más se necesita para empezar?, motivo por el cual, he sido reiterativo en mi respuesta: “imagina el peor de los escenarios en el cual te puedas contagiar”. Imagina entonces que tu cliente o paciente ha sido poco responsable con su autocuidado, no ha tomado en serio las medidas de precaución y llega al negocio (consultorio u oficina) posiblemente contaminado, y tú, producto del afán, decidiste “abrir” sin tener presente las exigencias del gobierno y sin haberte dado el tiempo suficiente para capacitar y dotar al personal de los Elementos de Protección Personal, los expones a trabajar en medio de una infraestructura sin desinfección, sin señalización de áreas restringidas para la libre circulación, sin filtro de ingreso, y sobre todo, sin notificar a la Administrada de Riesgos Laborales (ARL) de la decisión que tomaste.

Sumado a lo anterior, imagina también que ese mismo cliente llegó con un tapabocas artesanal de tela (de esos que abundan en estos momentos pero que son poco efectivos según INVIMA) y no tuviste la precaución de entregarle uno de referencia N95 o al menos uno de tres capas y justo en ese momento el susodicho empezó a toser (¡oh Coincidencia! el tapabocas artesanal no sirvió como filtro). Ese mismo usuario también tenía la temperatura elevada, pero no lo notaste porque no contabas con un termómetro infrarrojo; sin reparos, procediste a atenderlo y esa persona hizo contacto como todos los objetos que le fueron posible, entre ellos, dispositivos, herramientas de oficina, mobiliario, revistas (pero tampoco disponías de guantes de látex para él y de nitrilo para ti), sin embargo, como el que llegó a requerir de los servicios era tu amigo, tampoco usaste monogafas y un Tyvek (o en su defecto una bata manga larga desechable), aun así, pensaste que nada había pasado y que disfrutabas por fin, de un día productivo.

Bajo ese mismo escenario transcurrió toda la jornada y progresivamente seguiste atendiendo a los que llegaron a requerirte, y así, sin desinfectar al menos tú calzado (porque no tenías polainas), la ropa que usaste en todo el día y los artículos de uso personal (el celular por ejemplo) llegaste a casa a abrazar a tu familia y a compartir con ellos la satisfacción de volver a trabajar después de tanto encierro, sin imaginar por un instante, que lo insensato de tus actos, tendrían serias consecuencias y que lo peor entonces estaba por venir.

Con base en lo expuesto, te invito a vislumbrar escenarios críticos, donde tú, tu familia, tu equipo de trabajo y tus clientes se puedan contagiar. Cuando así lo dimensiones y bajo la premisa del autocuidado ajusta e implementa los protocolos mencionados al principio, realiza una lista de chequeo de los elementos de protección, insumos y dispositivos de bioseguridad que necesitas, presupuesta el costo de las operaciones, procura optimizar el tiempo, redistribuye los espacios de modo que evites el contacto directo con personas, desinfecta permanentemente la infraestructura, motiva y capacita constantemente al talento humano, y empieza, si la Presidencia así lo determina, una actividad socialmente responsable y cuidadosa. ¡No esperes que el peor de los escenarios sea tu hogar!


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