El otro canto de Adriana Lucía

Por: Róbinson Nájera Galvis.


Opinión. Observando, desde la ventana, como este país se desbarata poco a poco en medio del fanatismo y la intolerancia, pienso sobre las condiciones que rodean a las personas para convertirse en personajes. Al respecto me pregunto: ¿Cuántas niñas y jóvenes en Córdoba, Colombia o el mundo tienen una voz igual o mejor que la de Adriana Lucía? Sin duda que muchas, pero no han trascendido porque además de la voz se requiere una especie de ángel que llevan los triunfadores por fuera y por dentro.

A Adriana Lucía López Llorente la vimos por primera vez en Sahagún en 1996, invitada por la Institución Educativa Andrés Rodríguez para adornar uno de sus aniversarios. La acompañó con el acordeón el recién coronado Rey Vallenato Fredy Sierra. Ella sólo tenía 13 años, pero su esplendor inicial presagiaba que ya era un volcán en erupción. El siguiente año grabó con Gustavo Babilonia “Enamórate como yo” su primer álbum, logrando cierto reconocimiento y un agradable sabor de no retorno.

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Adriana Lucía también necesitó de ese ángel al que me refiero; esa luz externa que posee en la mirada, en las palabras, en lo que hace. La otra parte es la fuerza interior que la impulsa a batallar y guerrear, a veces en contra de todo para no dejar que las circunstancias sepulten su talento, pero a ella también le ha valido para abrir puertas a fin de proyectarse e influir en diferentes situaciones en su lucha contra de las injusticias que no faltan en la vida de los demás.

El artista no se debe medir por ideas políticas o religiosas, orientación sexual, etc., sino por su arte. Sin embargo, Adriana Lucía ha sido objeto de ataques irracionales, especulaciones, suspensión de contratos y amenazas porque ha decidido también levantar su voz para protestar en contra de la violencia, las injusticias, la desigualdad social que ha visto de cerca en Córdoba, su departamento, y en todo el país.

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El canto de Adriana Lucía me encanta, pero su voz me gusta más cuando la levanta para cantar verdades. Ella sabe el riesgo que corre en un país tan violento como Colombia, no obstante, dice que “la peor censura es la que uno mismo se hace”. Es consciente que estaría muy cómoda ejerciendo su arte, pero está dispuesta a arriesgarlo todo por un país donde todos podamos vivir en paz. Así que mientras algunos anhelan desaparecerla del mapa, yo quisiera tenerla al frente para brindarle un abrazo inmenso.



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