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El niño que llora desconsoladamente

Por: Marcos Velásquez


AYATAWA

 Me encuentro de café en café con profesionales y los que no, tratando de defenderse del momento actual.

Tímidamente se quejan.  Otros lo hacen con vehemencia, aunque algunos se exasperan demasiado y otros se echan al dolor.

La realidad de algunas personas hoy en día es la insatisfacción.  Insatisfacción porque se trabaja mucho.  Insatisfacción porque el costo de vida está muy alto.  Insatisfacción porque la relación de pareja, o no marcha o no funciona, pero mejor continuar con la costumbre, insatisfacción incluso porque nada les provoca nada.

La queja en sí misma lo que denuncia es la neurosis, la estructura del sujeto que no acepta que no todo es posible.  Sin embargo, una queja moderada permite que un sujeto se acerque a sus ideales a través de la búsqueda de ellos, dado que la falta es la que empuja a la materialización de los sueños.

Pero, hoy día, lo que aborda el discurso, es una queja generalizada que petrifica a quien la proclama.  Esta queja nociva, lo que produce en quien de manera reiterada la prolonga, es el malestar, es la insatisfacción del neurótico de la época contemporánea.

Quien se queja mucho de su insatisfacción y lo hace de modo constante, no percibe el daño energético que se hace a sí mismo y a quienes lo rodean, dado que la queja ya produce tensión, gracias a la imposibilidad de superar el hecho del que se queja, generando con ello una tensión tal que, quienes rodean al sujeto que se ha afincado en su queja, terminan cargando el malestar que este padece.

He de aclarar que no es lo mismo la queja del neurótico obsesivo que la queja del neurótico histérico.  El obsesivo insiste de modo reiterado en la imposibilidad de lo real, mientras que el histérico insiste en la impotencia de la división.

Es decir, el primero se queja y no hace nada para salir de la situación en la que se encuentra, mientras que el segundo enfoca todas sus baterías para destruir todo lo que estima que no es como él imagina que debe ser.

Lo cierto es que ambos sufren y con su sufrimiento, con su insatisfacción, terminan, por el peso de su malestar, haciendo sufrir a quienes los rodean, gracias a su posición infantil egoísta, propia de la inmadurez de quien se resiste a aceptar que las cosas son como son, y si no, se trabaja en la construcción de consensos para transformarlas. 

O muy a su pesar, se adapta a la realidad, o acepta que no todo es para siempre, y que la zona de confort de la infancia dura solo el tiempo en que el niño llora para llamar la atención, mientras los padres corren a cargarlo en sus brazos.

Tip´s para sufrir: 

Quéjese y piense que no incomoda a quienes están a su alrededor con su malestar: Piense que su queja la entiende todo el mundo.  Que quienes lo rodean y comparten con usted son personas que están dispuestas  a cargar su malestar.  Que usted no tiene nada qué hacer sobre la situación de la que tanto se queja, y sobre todo, que dicha situación en su vida no le está enseñando nada y no lo está invitando a pasar a la acción, porque quejarse es la figura del adulto que refleja al niño que llora desconsoladamente, esperando que el adulto le resuelva su mal-estar.



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