“El Negro” Quiceno, el sahagunense que pudo ser el primer Rey Vallenato de Córdoba

Elaborado por Robinson Nájera.


Fabio “El Negro” Quiceno no muestra pinta de músico por ningún lado, pero fiel a los seguidores de la “música gruesa”, como decía Enrique Díaz, toca el acordeón, canta y compone. Él dice que esto del vallenato se le fue metiendo por el cuerpo desde niño, cuando su padre lo llevaba a conocer a los juglares que llegaban a Sahagún, Córdoba, en las fiestas de corralejas. Entre ellos estaba Marciano Torres, autor de la famosa composición “La pisinga”, Julio de la Ossa, Miguel Durán y Lucy González, artista invidente de la tierra del gran Pablito Flórez y dueña de una hermosa voz que hoy sería un verdadero tesoro.

La pasión de Quiceno por la música no aguantó más el anonimato y se desbordó cuando en un diciembre de la década del 60 llegó Alejo Durán a las corralejas del pueblo. El Negro Alejo le puso el ojo a una agraciada cantinera a la que llamaban “La Maury” y, para satisfacción de muchos, el juglar se quedó a vivir en Sahagún por algunos años. Este hecho fue determinante para que el papá de los hermanos Quiceno les comprara un acordeón y entre ellos, con ralladores, cueros de taburetes, ollas y todo lo que sonara, formaran un conjunto que comenzó a ser sobresaliente en este municipio y sus alrededores.

Leo, el mayor de los Quiceno, se apoderó del acordeón, a “El Negro” le tocó la caja y a las hermanas los demás instrumentos. Pero su espíritu aventurero lo llevó a abrirse camino, llegando a ser cajero ocasional de Alejo Durán y de Luis Enrique Martínez en los bailes y parrandas que amenizaban por diferentes regiones. Su rebeldía además le hizo descubrir que el acordeonero era el que se llevaba la mayor atención en un conjunto, el “Pluma blanca”, mientras que los otros eran simples “atrileros” que andaban a la retaguardia.

Entonces el muchacho comenzó a tomar a escondidas el acordeón de su hermano. Como era de suponerse esto generó conflictos. Cómo pudo, el “Negro” Quiceno adquirió su propio instrumento y de allí en adelante comenzó a llenar de música a toda la región de la Sabana, a disputar los primeros lugares en Festivales como el de Ayapel, Sahagún, Caucasia, Chinú, Barrancabermeja, Montería, Cimitarra, etc. y a tener roce con músicos de la calidad de Sergio Moya Molina, Andrés Landero, Adolfo Pacheco y Jesualdo Bolaños, quienes lo iban mostrando como la figura más promisoria de toda la región, tanto que fue él quien orientó a “Pello” Elías y a Fredy Sierra, Rey Vallenato sahagunense en 1995, a dar los primeros pasos con el acordeón, con el aprendizaje de la canción “La piña madura”.

El artista por su espíritu creativo y libertario se convierte en un ser especial, pero tal vez por eso mismo también carga un peligro inminente a cada paso: la indisciplina, el alcohol, el vicio y las mujeres. Y el “Negro” Quiceno, después de grabar un exitoso L.P. con Osvaldo Barón, tropezó con todo esto. En una carrera desenfrenada entre música, licor y drogas por la Costa caribe y el interior del País, regó 15 hijos y al quedar sin acordeón y sin nada, el olvido se lo fue devorando hasta confundirlo con la muerte.

En Sahagún daban por muerto al «Negro Quiceno”, hasta que hace unos 2 años en un video difundido en las redes sociales, alguien que parecía un indigente en una calle de Medellín pidió prestado un acordeón y ante la sorpresa de todos tocó y cantó una hermosa canción sabanera. Sahagún, la Ciudad Cultural de Córdoba, se llenó de alegría y la mayoría de su gente apoyó a Osvaldo Barón y al periodista Humberto Sinning en una cruzada para rescatar al acordeonero caído en desgracia. La recuperación en un centro de rehabilitación en Valledupar fue rápida y sorprendente y este año regresó a su tierra natal.

El “Negro” Quiceno es un tipo chévere que conversa sabroso, bromea y ofrece ratos agradables con sus anécdotas. Tiene plena conciencia del tiempo que desperdició en cosas innecesarias, pero quiere vivir en paz en su tierra, donde la gente lo quiere como el primer día. Como al principio, sueña rehacer su conjunto musical y guerrea con todo para lograrlo. Y tiene otro tema pendiente: recordarle al Señor alcalde Jorge David Pastrana la promesa que le hizo de darle una vivienda de interés social, para que el techo de la que habita hoy no le caiga encima.



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