El lápiz pesa menos que la pala

Por: Boris F. Zapata Romero


Una de las personas que trabaja conmigo, de esas que se hacen apreciar entre su calidad de gente y de trabajador, relata con jolgorio cada vez que tiene que asumir un trabajo físico, que su mamá le decía de joven: mijo estudie, ¡que el lápiz pesa menos que la pala!

Introduzco de esta manera el artículo, pues quiero como es habitual presentar mis respetos a esas personas que el mismo sistema los va excluyendo, en este caso no de la escolaridad, si no del conocimiento.

Las cifras de escolaridad de hoy son honrosamente buenas gracias a esos liderazgos que sí hacen la tarea que importa: cerrar las brechas económicas para crecer en equilibrio tanto social como ambiental.

Debo en los 100 años de su natalicio, recordar al siempre emérito Elías Bechara Zainúm y su empeño por la educación; hombre adelantado a su época, y gracias a Dios posó en estas tierras cristianas y faltas de cariño de sus propios dirigentes, que cabe bien traer a colación, pues entendía que un paso era la oportunidad de entrar a un aula, y otro el de recibir educación de calidad.

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Esa debe ser la próxima cruzada, la de que el conocimiento sea cada vez más asequible en escuelas públicas y privadas, y como prioridad, el de las matemáticas.

Según la UNESCO, entre los estudiantes de sexto grado, un aproximado del 59% han alcanzado un nivel mínimo en matemáticas básicas. La importancia de las matemáticas reside en que la mayor cualificación que se pueda recibir en el mundo de hoy, hiper interconectado, sistematizado y disruptivo, está dada en las artes y oficios en las que “el lenguaje de Dios” prevalece, las matemáticas.

Galileo Galilei en su libro II Saggiatone señaló muy bien su importancia: “(…) ese grandísimo libro que tenemos abierto ante los ojos, quiero decir, el Universo, pero no se puede entender si antes no se aprende su lengua, a conocer los caracteres en que está escrito. Está escrito en lengua matemática (…)”.

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Esa es la razón por la que hay un empeño entre los países de la ODCE, a través de las pruebas PISA, de monitorear si la política pública del sector de la educación está logrando o no en estos países, entre los que está Colombia, que la ventaja que proporciona más que aprender, el aprehender las matemáticas, les es propia o no.

El promedio de este club es de 489 puntos de 600, liderado por Japón, Corea del Sur y Estonia, y de atrás para adelante, Colombia, México y Chile.

Los resultados no son los de estudiantes con bajas capacidades, si no de países con muchas desigualdades. No por nada el país más rico, y a la vez más desigual del mundo, Estado Unidos, está en nuestro parche de los de abajo del promedio.

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John Robert Wooden, considerado el mejor entrenador de baloncesto de la historia de la NCAA, la Asociación Nacional Deportiva Universitaria de EEUU, dijo alguna vez “no dejes que lo que no puedes hacer interfiera con lo que puedes hacer”. Podemos en Colombia, y por mucho, gracias a la inteligencia admirable y natural que prodigamos, llegar a ser un país próspero a través del conocimiento, depende del empeño de todos en lograr derribar lo que no hemos podido hacer, un país de oportunidades.



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