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El Gabo Que Conocí “En Torno A Una Choucrute”

Presentí una ráfaga en forma de recio viento nostálgico tras los oficios religiosos característicos en un jueves santo de rigor, antesala de la nefasta noticia que daba la vuelta al mundo: “A las tres de la tarde Gabriel García Márquez ha muerto”. Tal situación me...


SENADOR-GALÁN-COLUMNA

Presentí una ráfaga en forma de recio viento nostálgico tras los oficios religiosos característicos en un jueves santo de rigor, antesala de la nefasta noticia que daba la vuelta al mundo: “A las tres de la tarde Gabriel García Márquez ha muerto”. Tal situación me envolvería en un manto de mil recuerdos, pues, inmediatamente retrocedí al verano húmedo parisino de 1996. El Nobel promocionaba el manuscrito fundamentado en el secuestro de mi tía Maruja Pachón y otros periodistas a manos del infame Pablo Escobar.

Llegamos a la Estación de Montparnasse, donde nos encontraríamos los hermanos Galán Pachón con el hombre del Realismo Mágico Macondiano.

Con afabilidad y amable saludo, nos introduce en su amena conversación. Aproximarse o simplemente verlo cercano nos permitía sentir una mezcla extraña entre su vanidad (usaba zapatos de tacón para verse más alto), sencillez, timidez y capacidad para de inmediato hacerte sentir su amigo íntimo, un miembro de su familia. De paso por el Cementerio de Montparnasse nos cuenta que su amigo Julio Cortázar comparte un espacio con su mujer en el pasillo principal de ese camposanto. Afirmó que en minutos como ese, la nostalgia se despierta acuchillando la tranquila existencia cotidiana.

Nos recordó que por fortuna el tiempo pasa y castra la piel. Imagino que lo diría por la muerte de mi padre, los recuerdos y la nostalgia que trae la ausencia. “Les invité porque quería conocerlos” dijo firme. Pedimos Choucrute (repollo con salchicha). Mientras tanto nos contaba que “un día del año 1953 volví a Colombia a un Festival de Cine en Cartagena y pregunte a El Maestro Escalona por novedades vallenatas, para actualizarme en la materia, me invita a mi pueblo Aracataca donde escucharía todos los conjuntos que pudiese congregar en la provincia”.

Le hablé de mi proyecto de tesis sobre el nuevo liberalismo e interrumpió para sugerir: “no creo que puedas escribir una tesis que merezca atención alguna sin una extraordinaria disciplina”; nos recuerda que él escribía todas las mañanas de su vida por lo menos una cuartilla, aunque luego tuviera que botarla a la caneca. Abre el libro de su autoría cercano a mis manos y anota: “Para Juan Manuel, el día que empezó a escribir su tesis alrededor de una Choucrute”.

Ahora Gabo nos motiva a pensar que si él, siendo el hijo de un telegrafista, notario del Realismo Mágico, logró ganar un Nobel, podremos direccionar nuestro futuro y conducirnos en silencio a tan anhelada paz.

IN MEMORIAM



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