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El final está cerca

Por: William Mercado Echenique


En nuestra infancia fue muy común ver que mientras crecemos, parte obligada de nuestra recreación tuvo que ver definitivamente con la alternativa que nos brindaban las Cajas de Compensación Familiar – CCF, a través de los centros destinados para tal fin.

Con el tiempo, al ingresar al mundo laboral, la imagen de las Cajas y por consiguiente su concepto, fueron cambiando, tomando un aire de seriedad jamás pensado, era pasar de lo que representaba diversión, a aquello que nos proporciona la seguridad física, que brinda tener una vivienda propia, como parte de la razón de ser de estas entidades.

El tema se vuelve más serio en la medida en que se va profundizando en él. Resulta que las CCF, surgen en el país, como una estrategia para enfrentar los problemas de desigualdad que vive, hace algo más de 60 años, ofreciéndole a la clase trabajadora una serie de beneficios que le permitirían mejorar su calidad de vida, materializados en subsidios para los hijos de los empleados, facilidades para adquirir vivienda, y la posibilidad de asistir a los centros recreacionales y deportivos, entre otras cosas.

Así tenemos que las Cajas de Compensación Familiar, en Colombia, se caracterizan por ser instituciones privadas, sin ánimo de lucro, de naturaleza solidaria, cuya función principal es mejorar la calidad de vida, de las familias de los trabajadores. Su financiación se hace a través del pago de parafiscales, debiendo ser el aporte de empleador del 4%.

En medio de la complejidad y los millonarios recursos que manejan estas instituciones, se encuentran los programas de salud, que funcionan en condiciones similares a las de una Entidad Promotora de Salud – EPS -, como parte de la integralidad del concepto de bienestar, que en estas se maneja.

Como muchas cosas en el país, los programas de salud de la mayoría de las CCF entraron en crisis, dificultando así el cumplimiento de las obligaciones que conlleva ser el asegurador de la población afiliada, teniendo la Superintendencia Nacional de Salud que dictar medidas de vigilancia especial, donde lo ha considerado necesario.

Sin embargo, son muchos los interrogantes que surgen con respecto a lo que se pretende desde el gobierno, cerrando cada vez más el cerco de los programas de salud de las CCF, reduciendo de tal forma su número, que difícilmente no se pensaría, que el camino señalado, apunta hacia la extinción de los mismos, aduciendo que estas no deben hacerse cargo de una responsabilidad de tal magnitud. En la región se ha vivido de cerca la pretensión que se indica, con la extinta COMFACOR, la negación de la escisión de las Cajas de Compensación Familiar que pretendía consolidar un modelo administrativo y de atención en salud, basado en experiencias exitosas relacionadas, y la determinación de que los programas de salud de algunas de las cajas que aún quedan, no cuentan con capacidad de afiliación.

Todo indica que el final para esta dependencia a la que se dedicaban las CCF, se encuentra bastante cerca, al parecer por razones prácticas y hasta altruistas, en la búsqueda de la protección del patrimonio de estas entidades, blindando así la parte que mayor impacto tendría entre la ciudadanía, si no llegara a manejarse responsablemente.

Pensar en que otros intereses se encuentran detrás de tantas decisiones que afectan al mismo sector, no es descabellado, cuando existen una serie de instituciones que vienen dándole un manejo inadecuado a los recursos de salud y pese a las múltiples quejas siguen funcionando sin ningún tipo de restricción o pronunciamiento alguno por parte de las entidades competentes. El tiempo y la historia serán quienes nos darán la respuesta.



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