El castrochavismo de exportación

Por: Róbinson Nájera Galvis


Opinión. El castrochavismo es uno de los términos más escuchados en los últimos tiempos en Colombia y se utiliza con el objeto de catalogar una ideología de izquierda inspirada en Fidel Castro y Hugo Chávez. También es un arma política para infundir el temor de que, en un descuido, nuestro país puede caer en las garras del comunismo o el socialismo del Siglo XXI y que este, con su varita mágica y malévola, arrase de golpe con este “Paraíso” en que vivimos, en donde la desigualdad y la corrupción nos mantiene siempre en los primeros puestos.

La palabreja, que no es invento del señor Álvaro Uribe como muchos creen, sino del sociólogo chileno Fernando Mires, sí ha sido la más utilizada por el uribismo para asustar votantes incautos que ya no creen tanto en la seguridad democrática, pues el enemigo ya no es la FARC sino el castrochavismo. Por eso el cuento es que, si elegimos a otros que no comparten su ideología, nos vamos a convertir en otra Venezuela. Y como dicen muchos: “mejor comiendo tierra así como estamos, que recorriendo calles y haciendo malabares en los semáforos”.

La historia del castrochavismo en boca de los uribistas ha sido tan exitosa que los ha mantenido en el poder por casi 20 años, con un país que marcha cada vez más cuesta abajo y una larga lista de congresistas y funcionarios cuestionados y condenados por diversos delitos, algo sin precedentes en la historia del país, pero cuando se acercan las elecciones otra vez se sacan de la manga la reconocida fórmula. Tan efectiva, como cuando en épocas pasadas los mayores nos obligaban a hacer algo con el cuento de que si no obedecíamos nos cogía el diablo.

Reitero que tan buena es en Colombia la estrategia de meter miedo con el castrochavismo que se exportó a las pasadas campañas electorales en Estados Unidos, pero o Donald Trump no supo aplicarla bien o hay un electorado más experimentado que no “come cuento”. Creo que más bien es lo segundo porque sólo en algunos estados, sobre todo en la Florida donde reside gran número de latinos, tuvo mayor éxito. El resto sabe que sus políticas ambientales y las medidas para restarle víctimas al COVID-19 fueron un verdadero desastre.

El mundo necesita líderes que no construyan muros, sino que los derrumben. Líderes con capacidad de amar en vez de odiar. Humanistas que siempre intenten unir a través del dialogo, por tanto, la derrota de Trump nos deja un fresquito, pero el hecho de que un tipo inhumano, racista, arrogante, autoritario, divisionista, misógino, mentiroso y deshonesto haya alcanzado más de 70 millones de votos, hinca una espinita, pero bueno… perdió y “algo es algo”, como dijo una señora entre el consuelo y el desencanto después de la primera noche de bodas.



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