El amor en tiempos de polarización

Por: Róbinson Nájera Galvis


Opinión. La violencia, la angustia, la zozobra, los malos tiempos y la muerte jamás podrán cortarle las alas al amor. Ese “dulce veneno” siempre mantendrá su bandera en alto, aunque a veces nos intoxique, nos asfixie, nos agobie, nos suicide, pues a pesar de todo eso, también es la luz que nos ilumina y nos hace sentir que estamos vivos. Tal vez cuando la capacidad de amar se agota en alguna persona queda convertida en un cadáver andante, con el peligro de ir salpicando de toxicidad a todo aquel que se encuentre a su paso.

La Biblia afirma que el amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo soporta, pero no debe ser jactancioso, envanecido y sin correspondencia porque se corre el riesgo de conducir a la locura o al odio que envenena almas. Fue así como Schariar, un sultán bueno de Persia, amado por su pueblo y felizmente enamorado de su esposa, al descubrir que esta lo traicionaba con un esclavo negro, se volvió despiadado. Entonces empezó el ritual de casarse todas las tardes con una mujer diferente y al amanecer la hacía degollar, inundando el Reino de sangre.

Afortunadamente, apareció Scherezade, que aceptó casarse con el malvado, pero antes del amanecer, como última voluntad, le pidió que la dejara contar una historia, dejándosela inconclusa. El sultán ansioso de saber el final le perdonó la vida por esa noche. La segunda sucedió lo mismo y así cada amanecer, hasta que después de escuchar historias durante mil y una noches, enamorado y con 2 hijos que le había dado, olvidó la venganza, la hizo reina de su corazón y volvió a ser el príncipe bueno y feliz que todos querían.

El amor de los colombianos, como el del sultán, está vuelto añicos por tantas mentiras, traiciones, insultos cada día en los diferentes medios, en los llamados debates electorales, en la cotidianidad por esta peligrosa polarización politiquera que ya produce fastidio y por más de 12 guerras civiles en 150 años y un conflicto interno entre guerrilleros, paramilitares y fuerzas armadas desde 1960. Pero si nuestros dirigentes son los primeros detonantes de odio ¿Quién se encarga de convertir el amor en un árbol frondoso que brinde sombra a todos?

Dejando a un lado a los dirigentes, el HOGAR y la ESCUELA también son focos de réplica de lo bueno y lo malo, por tal motivo, invitamos a los padres de familia y a los docentes a llenar el corazón de los niños y jóvenes de amor, con una pedagogía del afecto, la ternura, el buen trato y la hermandad, eso no tiene pierde, pues el poeta Kahlil Gibran dice: “Cuando el amor os llame, seguidle/ aunque sus caminos sean duros y escarpados/ Y cuando sus alas os envuelvan, doblegaos a él/ aunque la espada oculta entre sus plumas pueda herirnos”.



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