Educación en el marco de la sostenibilidad

Por: Ana Joaquina Pérez López


Opinión. Estoy convencida que el sistema educativo actual no es el que merecemos. Por tanto, uno de los aspectos que requieren los modelos de enseñanza, es incluir la sostenibilidad como principio en la educación, de manera que las personas construyan una economía en paz con la vida; donde se priorice la necesidad de existencia y se termine con el consumismo demencial.

En cualquier evento que asisto sobre sostenibilidad en mi país, no he podido escuchar una intervención en donde se aborde lo que considero fundamental: la educación en el marco de la gestión sostenible. Esto, tiene que ver con la capacidad de valoración y autorregulación de la conducta de la persona (o ciudadano). Una conducta que se encuentra lejana de la ética y está cada día más sujeta al adoctrinamiento; y que, por tanto, no permite que las personas piensen, reflexionen, decidan y aprendan a cuidar el mundo que tenemos.

Encontrándonos en un momento crucial para la humanidad, los procesos que sostienen la vida, se ven lejanos a los propósitos determinados por la política y la economía. Por tanto, es fácil mirar cómo el sistema educativo, teniendo una responsabilidad enorme en las tendencias de crisis, no está preparado para asumir tal situación. Uno de los ejemplos más concretos, es el colapso de la mayoría de centros educativos oficiales, frente al surgimiento de la pandemia del COVID-19; lo cual mostró las deficiencias que impiden a las instituciones, cumplir con un servicio de formación que es, además, un derecho fundamental.

En hechos concretos, el virus, puso a la vista la precaria cobertura para la conectividad, el bajo acceso a tecnología, la poca preparación para su uso, la falta de garantías para el aseguramiento del personal docente y administrativo que trabaja en el sector, entre otros asuntos que constituyen el panorama de la educación en el país.  Por tanto, el modelo educativo al cual migramos, incluye la sostenibilidad como elemento que impacta en el sostenimiento de las IE (instituciones educativas), la estructuración, diversificación de la oferta; como también la ampliación de posibilidades estratégicas y técnicas (cómo se piensa la educación, las instituciones y sus herramientas).

De esta manera, entre las ventajas de incluir la sostenibilidad como parte del modelo de educación, estaría el surgimiento de procesos de formación inspirados en la preocupación genuina por el mundo en que vivimos. En el mejor de los escenarios, las personas estudiarían para la búsqueda de un conocimiento que reconoce sus capacidades y competencias; escogiendo alternativas sujetas a su vocación. En tanto, el gobierno invertiría más en educación, y las instituciones optarían por metodologías de enseñanza alternativas, que aceleren el pensamiento crítico, analítico y la creatividad.

Además, los modelos formativos no serían estáticos sino dinámicos y abiertos, que como se sabe, constituirían un elemento vital en el sistema sociopolítico. Por ello, la educación sería un espacio en permanente debate, en donde surgirían decisiones que impactaría la vida de manera trascendental y no superflua.

En este sentido, también se ha de tener presente, que en la historia de crecimiento mundial, los modelos de educación no vislumbraron la ecodependencia e interdependencia.  Así, las instituciones educativas, no se preocuparon por llevarnos a pensar de manera más seria que las acciones particulares tendrían efectos sobre lo global. Por esta razón, sabemos que la educación de hoy, no puede ser ajena a la necesidad de formar personas conscientes de una ciudadanía de mundo.

Entonces y para terminar, comparto con ustedes algunos criterios que considero, deben estructurar el nuevo modelo de educación, uno que encuentre en la sostenibilidad, la forma de asumir los retos del mundo:

  • Educar para afrontar el decrecimiento económico. Las crisis presentes en la humanidad, tiene como detonante las diferencias socioeconómicas, que determinan grados distintos de sufrimiento en el mundo. Posterior a la pandemia del Covid-19, todos los gobiernos, organizaciones y personas, debemos hacernos a la idea de comenzar a vivir con menos. Aquí, los sistemas educativos tienen el reto de enseñar a asumir esa cultura de vida. Habrá que apostarle a la superación de la crisis poniendo la vista en la austeridad.
  • Una educación que haga entender la vulnerabilidad de la vida. Los sistemas educativos, tendrán como primer requisito enseñar a releer el mundo e incluir criterios sostenibles en todas las áreas formativas: ciencias sociales y humanas, ciencias estratégicas, ingenierías y construcción, leyes, etc. Habrá que realizar un esfuerzo de alfabetización sostenible/ecológica.
  • La enseñanza de prácticas de: agro, consumo, producción y construcción sostenible, etc. Hasta experiencias más complejas como comportamientos en casa o en el espacio educativo, social.
  • Que el modelo educativo enseñe e incentive la participación de las personas en acciones que tengan que ver con el cuidado del mundo. Para que así, estas puedan exigir a los gobiernos las condiciones mínimas de cuidado que deberían proveer.
  • Por último, también será necesario que las instituciones permitan la reformulación teórica y vivencial de imaginarios como: el desarrollo, la riqueza, la propiedad, la libertad etc. Es hora de tener instituciones inclusivas y democráticas en las que se usen referentes teóricos contemporáneos sobre el desarrollo, la generación de riqueza, el cuidado del planeta, los valores humanos y la libertad.
  • Que la educación y sistemas educativos enseñen que la equidad es fundamental para un mundo sostenible, porque no se puede pensar en el bienestar afectando las condiciones de los otros. La educación en el marco de la sostenibilidad, de acuerdo con una querida compañera de estudios, no debe tener una mirada circunstancial ni cortoplacista. Por tanto, debería ir más allá de centrarse en una crisis y reformularse para enseñar nuevos modelos de vida (la educación para vivir).


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