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Deserción en salud en Semana Santa

Por: William Mercado Echenique


Otra Semana Santa llega, en medio de múltiples situaciones regionales y nacionales. Como todos los años, las noticias más escuchadas, son la congestión de los terminales de transporte y aeropuertos, precios elevados de tiquetes de transporte, al igual que el de los alimentos.

Cuando se habla de destinos turísticos específicamente, la realidad también parece calcada de un año a otro. Inicialmente se escuchan los pronunciamientos de diversos gremios, haciendo alusión a la baja demanda y ocupación del sector hotelero, previendo el descalabro de la temporada que se avecina.

Aunado a la avalancha de los informes nacionales ya referidos, nos encontramos con la Puesta en marcha de Planes Éxodo y Planes retorno, y las estadísticas que dejan ver el aumento de la accidentalidad, que por obvias razones no pueden faltar.

Sin duda, es como la fotografía que captura un momento del tiempo, y que solo hay que desempolvar, si queremos recordarlo. Al final vemos, que ni la ocupación hotelera, ni los precios de los alimentos, ni el valor de los tiquetes terrestres o aéreos, ni los índices de accidentalidad ya sea por imprudencias de los conductores o por conducir en estado de ebriedad, disminuyen.

Pero una situación de la que pocos hablan es, la de la deserción del personal que labora en entidades de servicios de salud, ya sean de baja, mediana o alta complejidad, durante este período santo; panorama que es más notorio en nuestra región, y tal vez en poblaciones pequeñas, en donde no hay mayor control por parte de los diferentes entes de control.

Resulta increíble, sobre todo la falta de especialistas que garanticen la atención oportuna, de quienes acuden con condiciones clínicas delicadas a estas instituciones, solicitando la atención inmediata, en aras de salvar su vida, y se encuentran con el duro panorama de que deben ser remitidos, pero para eso deben esperar también, que les autoricen el correspondiente traslado, relacionado directamente con la disponibilidad del servicio o cama que se requiera.

Lo peor de todo esto es, la forma como nos hemos acostumbrado a que, así como los escenarios nombrados al inicio, este sea otro más de los que se repiten, con el agravante de que nadie haga nada, por exigir, o buscar estrategias que de verdad pongan fin a tan dantesca situación, que pone en riesgo la salud y vida de cientos de personas, por lo menos durante los cuatro períodos de vacaciones más relevantes, que se dan en el país.

Resulta más que injusto que pacientes de toda índole, deban enfrentarse a todos los vejámenes que conlleva la insuficiencia de personal idóneo, en las instituciones de servicios de salud, que deben velar por el cuidado de nuestra salud y vida.

Siempre pienso en que así como las fuerzas militares, durante estas temporadas se refuerzan y entran en períodos de mayor exigencia y responsabilidad laboral, debería implementarse, la declaración de estados especiales para las instituciones de salud, con exigencias específicas que apunten al impacto que durante estas fechas, tiene la falta de personal, que sea garantía de una atención integral y con calidad, que vaya más allá de las alertas amarillas o naranjas que se expiden obligatoriamente por los entes territoriales, cuyo fin básicamente es, que debe responderse y estar disponible, por el incremento en la afluencia de visitantes en los diferentes sitios turísticos y aquellos que le sirvan de referencia, en caso de que se llegara a presentar una situación de emergencia.

Es aterrador ver cómo nos vamos familiarizando con realidades tan funestas, solo porque se volvieron usuales, más no porque sean normales, o porque este sea el deber ser.



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