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Derecho de dominio, daño ambiental y relaciones de vecindad

Por: Javier De La Hoz Rivero


Cuando el concepto de derecho de dominio fue consagrado en el código civil obviamente las circunstancias históricas eran totalmente distintas a las actuales, tengamos presente que el mismo fue expedido hace 132 años, en ese sentido la Corte Constitucional a través de su jurisprudencia viene introduciendo cambios en el concepto de dominio incorporando fundamentos constitucionales; interpretación que está mucho más acorde a las condiciones actuales del diario vivir.

En ese orden de ideas el ejercicio del derecho de dominio entendido como la facultad de usar, gozar y disponer de una cosa corporal debe realizarse sin causar daños a las personas o bienes.

Estos conceptos cobran relevancia en el mundo moderno atendiendo a que es frecuente encontrarnos con actividades que generan intromisiones en predios vecinos, por ejemplo, la fábrica que funciona en un sector que fue considerado suelo residencial, pero con el paso del tiempo mutó a un uso mixto, la explotación minera que afecta la finca ganadera vecina, etc.

En las condiciones de la vida modernas las relaciones de vecindad se erigen como una limitante a la facultad de ejercer libremente el derecho de dominio, puesto que en principio al propietario le es permitido y lícito hacer en su predio lo que le plazca , pero debemos tener en cuenta que existen interrelaciones que se deben respetar, pero no toda circunstancia puede ser considerada como una limitante, algunas son el resultado normal de la convivencia en comunidad, no obstante, otras no deben ni pueden permitirse por cuanto perturban seriamente el derecho a la propiedad ajena.

Se debe tener siempre presente que la propiedad tiene una función social la cual implica obligaciones y como tal le es inherente una función ecológica, el ejercicio del derecho a la propiedad se debe ejercer a través de actividades que armonicen la función ecológica, de no hacerlo el propietario se expone a responder por las afectaciones ambientales y por los daños individuales ocasionados en la propiedad de sus vecinos. El uso y goce de los bienes no es absoluta tiene como límite el derecho ajeno.

Sumado a lo anterior el propietario de un inmueble debe tener presente que la actividad que desarrolla en su predio y causa afectaciones a su vecino no necesariamente debe ser una actividad ilegal, en estos casos se trata simplemente de que ese vecino no está en el deber jurídico de soportar una carga desproporcionada, por ejemplo, excesivo ruido, vertimientos o material partículado que afecten su propiedad, en estos casos la exposición a un proceso legal es bastante alta.

En consecuencia en el mundo moderno el derecho de dominio, relaciones de vecindad y daño ambiental están estrechamente relacionados por cuanto el ejercicio del primero puede traer como consecuencia una afectación ambiental la que inevitablemente tendrá que ser reparada por el causante, reparaciones que suelen ser bastante cuantiosas, reiterando, la actividad que provoca el daño no necesariamente debe ser una actividad ilegal para que se imponga la obligación de reparar por las afectaciones causadas, es decir, si una actividad legal causa o genera una intromisión de tal magnitud que afecte el ejercicio del derecho a la propiedad del predio vecino el propietario del predio sobre el cual se desarrolla la actividad causante de la afectación estará expuesto a que se le obligue a reparar los daños ocasionados.



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