Del porro y su origen ancestral

Por: Rodrigo Acevedo Marsiglia.


Apropósito del Festival Nacional del Porro que tendría lugar por estas fechas, recobra vital importancia el hecho de resaltar la significación que este género musical, representa para el folclor y la cultura colombiana.

Por generaciones, propios y visitantes lo hemos disfrutado en la rueda de un fandango al ritmo de bandas hasta el amanecer, deleitándonos en medio del goce, el movimiento de caderas ceñidas por las velas derretidas y los guapirreos, entorno a estas festividades que datan desde los años de 1977 bajo el nombre del Festival del Porro Pelayero.

Nació con el fin de celebrar el bicentenario de fundación del municipio de Pelayo que se remonta al año de 1940  , cuando  Don Juan de Torrezar  Díaz  Pimienta lo declaró establecido con el nombre originario de Cacagual; un terruño habitado por los zenúes, considerados para esa poca como un grupo de personas recias  y  belicosas que utilizaban flechas y vivían desnudas a la orilla derecha del caño del río Sinú , hasta donde fueron traslados por Antonio de la Torre y Miranda quien  la rebautizó como San Pelayo  bajo un acta que reza así:

“*Frente a la población de Santa Cruz de Lorica, se unen dos caños del río Sinú, que se divide en diez lenguas río arriba y en medio de ellos está la isla de Sabá que en su mayor anchura es de unas seis lenguas, en dicha isla y a orillas de este caño a la derecha, fundé la nueva población de San Pelayo, de 276 vecinos, con 1. 465 almas.”

Hasta nuestros días esta población permanece acentuada en el mismo lugar con notables avances de desarrollo y cambios generacionales entre sus habitantes, es además un referente cultural del Caribe Colombiano y la tarima que convoca a cientos de músicos que narran historias y anécdotas propias de la región al son de clarinetes, platillos, redoblantes, bombardinos, pitos y trompetas que en un solo eco exaltan la majestuosidad del ritmo musical contenido bajo el término “porro”.

Término controvertido y de diversas significaciones, pero que finalmente la Real Academia de la Lengua Española lo define como: “música y canto originario de la Costa norte colombiana, con influencias de los ritmos africanos”.

Definición que no se aleja de la realidad, pues es de anotar que el porro se remonta a las fiestas fandangueras del siglo pasado, los músicos en ese tiempo tocaban el tambor con una porra; legado ancestral que hasta hoy se ha mantenido vivo no solo por los músicos que preservan la tradición y resguardan el legado, sino por todos los pobladores del departamento de Córdoba que lo han hecho parte del cotidiano vivir, abriéndole un espacio en las diferentes festividades.

Difícilmente se podría concebir la idea de una corraleja, de  las fiestas patronales de un pueblo  o incluso cualquier tipo de celebración  sin la presencia de una banda de viento, ese grupo de músicos con el corazón enraizado  en el campo  que de  manera autóctona trasmiten por medio de sus instrumentos esos sonidos de monte, develando la filosofía propia del ser campesino  y por ende del cordobés, construyendo de esta manera y sin saber uno de los tesoros más valiosos de la cultura colombiana.

Al escuchar un bombo, por ejemplo, parece que escucháramos los golpes de un pilón de arroz y al son de otros instrumentos, escuchamos gritos de jolgorio y cantos de vaquería, la predominancia campesina ha sido la fuente de inspiración, para los músicos creadores quienes han utilizado los nombres de animales en la titulación de algunas de sus creaciones se destacan entre ellas: el conejo pelao, el pájaro, sapo, entre otras.

Resultaría pertinente bajo este orden de datos relevantes, considerar que el porro es el producto gestado entre las formas musicales primitivas representada en instrumentos artesanales  y los sonido armoniosos del campo, que con el tiempo han sufrido transformaciones impulsada por fuerzas productivas, entre las más notable el reemplazo de los instrumentos artesanales por instrumentos metálico, además de las propuestas inapropiadas de la industria  musical que pretende mezclarlo  con otros ritmos poniendo en riesgo su verdadera esencia; pero pese a esto el legado ancestral sigue vivo sigue , contando historias, alegrando fiestas, exaltando al campo, latiendo con fuerza en el corazón y haciendo eco en la conciencia los cordobés.

* (Tomado de Sánchez Juliao, David, Antonio de la Torre y Miranda fundador de 43 poblaciones en las sabanas del Sinú, Montería Imprenta Departamental 1970 pág. 72) 



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