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Dejemos que los corruptos nos ganen

Por: Mario Ruíz Soto


Opinión. Queridos/as lectores/as

Estoy cansado de la corrupción. Estoy muy cansado. No quiero dejar pasar el día internacional de lucha contra la corrupción que se conmemora cada 9 de diciembre para mandar un mensaje: si no queremos hacer nada, mejor dejemos que los corruptos nos ganen.

Estoy cansado que cada año, según Naciones Unidas, los corruptos roben en el mundo 2,6 billones de dólares anuales. Sino queremos hacer nada tiremos a la basura una buena posibilidad de acabar con el hambre, de luchar contra la pobreza.

Dejemos que los corruptos ganen. Ellos siempre quieren. No les gusta que hablemos de los escándalos de corrupción y hacen todo lo posible para que no pase. Un ejemplo de esto es el escándalo de la constructora brasileña Odebrecht, que creó la red de sobornos más grande de América Latina.

Han caído servidores o exservidores públicos del más alto nivel en Panamá, Brasil, Perú, Ecuador, etc. Y en Colombia, ¿Cuándo va a pasar algo? ¿Por qué debe importarnos esto? Al menos a mi me duele que Odebrecht se haya llevado 50 millones de dólares entre 2009 y 2014 -según las autoridades judiciales de Estados Unidos-, con solo pagar sobornos. Jugoso negocio, ¿no creen?. Dejemos que los corruptos nos ganen entonces. Estoy cansado de esto.

Dejemos que los corruptos nos ganen entonces. Cada año en Colombia se roban según la Contraloría, 50 billones de pesos al año. Como no nos importa eso, no debe ser mucho. Tan solo lo que se llevan los corruptos al año equivale a la deuda interna de Colombia del próximo año; casi la mitad de la plata que la Nación destina a las Gobernaciones y Alcaldías del país o las vías de Cuarta Generación de toda Colombia. Estoy cansado de esto.

Dejemos que los corruptos nos ganen entonces. Veo a los corruptos en las calles disfrutando del dinero que nos pertenece a todos y todas, y unas cuadras de distancia más veo a una familia buscando la comida diaria. A veces solo comen una vez al día. Estoy cansado de eso. ¿Ustedes no?

Veo a los corruptos en las calles sin una sanción de la justicia. Lo peor es que los corruptos sonríen sin ninguna sanción ciudadana. Podemos sancionarlos socialmente y no lo hacemos. Hay muchas formas: pararnos del restaurante si los vemos; no votando por ellos; recordándoles a los demás lo que hicieron; denunciándolo; sancionando cada acto ligado a la corrupción, etc. Cada acto por pequeño que sea, cuenta. Debemos insistir hasta que se sometan a la justicia y la ciudadanía. Es nuestra oportunidad y no lo hacemos. Disculpen, había olvidado que no nos importa.

Veo a los corruptos llenando sus cuentas o las de sus amigos, mientras nosotros nos quitamos las gafas. A veces me pregunto, si en verdad ¿no queremos verlos? o ¿estamos cansados de verlos?. Lo siento pero no puedo evitarlo, estoy cansado de esto.

Lo peor es que muchas veces aceptamos a los corruptos cuando se dice: “que robe, pero que haga”. Cuando la escucho, siento que los corruptos nos ganaron. Es exactamente lo que quieren. Quieren ganar la batalla sin luchar. Cuando decimos esto, de hecho, ya ganaron. Cuando eso pasa, de una u otra forma, estamos diciendo: entréganos la pavimentación de una cuadra, y lo demás, que es un colegio o un centro de salud, lo puedes robar: adelante, es para ti. ¿Eso queremos? ¿Queremos llenar sus bolsillos mientras a muchos nos toca sudar para ganarnos la vida? Estoy cansado de esto.

Dejemos que los corruptos nos ganen entonces. Son expertos en esconderse. El poeta francés, Charles Baudelaire, decía: “el mejor truco que el diablo inventó fue convencer al mundo de que no existía”. Esta es exactamente la estrategia de los corruptos. Quieren convencernos de que no existen, mientras vemos como se esfuma la plata para construir colegios y hospitales. Quieren convecernos de que no existen mientras se va la plata de la educación, de la salud, del agua, de lucha contra la pobreza. Estoy cansado que no nos importe. Saquemos a los corruptos de su anonimato. No dejemos que los corruptos ganen. Juventud, lideren esta batalla. Adelante.  



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