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De vuelta la inseguridad

Por: William Mercado Echenique


Por: William Mercado Echenique

Enrarecido se encuentra el ambiente por estos días en el Departamento de Córdoba. Para nadie es un secreto que los problemas de inseguridad, violencia rural y urbana, microtráfico y abandono del estado, no han sido superados en décadas. Sin embargo, las cortinas de humo han sido tantas, que muchos comenzamos a mirar hacia otro lado, como si nada de esto existiera, y hoy nos explota en la cara un fenómeno aterrador: sentir la inseguridad rondar de cerca.

DQue quede claro, que no es que es que reaparecieron los grupos delicuenciales, es que nunca se fueron, todo lo contrario, se fortalecieron mientras existía el silencio cómplice de muchos, sacando provecho de tan aberrante situación.

Los privilegios geográficos de nuestra región, prácticamente se han convertido en una maldición, los extensos kilómetros de mar y río que nos pertenecen, son utilizados por jóvenes y personas en general, que, al no encontrar fuentes sólidas de ingresos, ni oportunidades reales para mejorar su calidad de vida, ven en las actividades ilegales la puerta de salida de su precaria situación social y económica.

¿A qué precio? Al de la fractura de toda una sociedad, que durante muchos años ha sido permeada por profundos problemas sociales, que se han ido ahondando por la falta de presencia de las autoridades tanto de la región, como nacionales.

Muchos creen, que, porque pasa en zonas rurales, no afecta para nada a quienes viven en la ciudad. Mayúscula equivocación.

Ahora, cuando desde el liderazgo de nuestros representantes políticos, se levanta la voz con vehemencia, exigiendo la presencia urgente de todas las instancias gubernamentales, regionales y estatales, nos vemos en la denigrante situación de enfrentar amenazas contra su vida e integridad de sus familias. Esto nos afecta a todos. No existe estratificación al momento de salvaguardar la vida de cualquier ser humano, y por eso estamos en deuda con los cientos de campesinos que han sido víctimas de brutales ataques o asesinados, sin que se emprendiera la lucha impetuosa por el respeto de sus derechos y por la superación de sus vulnerabilidades sociales.

El rechazo a este tipo de acciones debe ser unánime, Córdoba entera debe crear un frente, para exigir acciones reales y contundentes, para erradicar o minimizar al máximo las graves consecuencias de la ola de inseguridad que nos cubre, y un cerco para no permitir la entrada de más elementos nocivos a nuestros entornos. Dejar de ser los recicladores y esponjas de cuanta acción delictiva aparece, no debería ser la forma de reinventarnos como sociedad.

En cambio, sí, tomar las riendas para que no vengan unos foráneos, que jamás han tenido que vivir de cerca, escenarios como el de tener que encerrarse en las casas desde las cinco de la tarde, porque no está consentido estar fuera después de esa hora, pues esa es la orden, y quien la incumpla pagará con su vida, tamaña desobediencia.

Es increíble, que tantos años después sigamos hablando de lo mismo. Volvemos a ver la misma película, y la foto envejecida de la tristeza que no abandona a nuestro Departamento.



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