“Dar la vuelta al modelo de desarrollo”: papa Francisco I

Por: Boris Zapata Romero


Hay una «arquitectura de la paz» en la que intervienen las diversas instituciones y personas de una sociedad, cada una según su propia competencia, pero sin excluir a nadie. Así tenemos que seguir: todos juntos, cada uno como es, pero siempre mirando juntos hacia adelante, hacia esta construcción de una civilización de la armonía, de la unidad, donde no haya lugar para esta virulenta pandemia de la cultura del descarte”.

Con este aderezo de sabiduría, terminó el Papa Francisco de engalanar su intervención en el encuentro en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma sobre el Pacto Educativo Global, que fue acompañado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura – UNESCO.

Puede que sea una opinión atrevida, pero para el suscrito no existen las coincidencias, y este llamado de Francisco I es acorde con el mensaje que en la celebración de los 125 años de la London School of Economics, emitió Kristalina Georgieva, directora del Fondo Monetario Internacional – FMI, que dicho sea de paso es también un discurso bellísimo e inspirador.

En uno de sus apartes, Georgieva anota que la pandemia ha empeorado la desigualdad debido a su “impacto desproporcionado en los trabajadores poco calificados, las mujeres y los jóvenes”, y anota que hay que encontrar una salida, no sea que terminemos en una “Tale of Two Cities”, una historia de dos ciudades, haciendo referencia a la novela del escritor británico Charles Dickens.

Así mismo, dijo esta líder del mundo económico que “Todo esto se puede hacer, porque sabemos que las generaciones anteriores tuvieron el coraje y la determinación de escalar las montañas que enfrentaron. Ahora es nuestro turno; esta es nuestra montaña”.

Pues el líder espiritual de la Iglesia Católica está claramente identificado en que el modelo que nos ha llevado a este punto de no retorno, donde la pandemia jugo el papel del presentador que corrió las cortinas del escenario, en el que puede que sea el último acto, para pensar, aceptar, enmendar, y poner en marcha acciones que permitan una sociedad incluyente y sostenible.

Y el Papa Francisco sabe que no es algo que deben hacer “otros”, sino que es un momento de “todos”, y lo expresa de esa manera cuando anota que “No debemos esperar todo de aquellos que nos gobiernan, sería infantil, disfrutamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y nuevas transformaciones. Debemos ser parte activa en la rehabilitación y el apoyo de las sociedades heridas“.

Debo terminar señalando que me fue muy grato atestiguar este encuentro de ideas similares entre el FMI y el Vaticano, en un llamado a entender el momento, a colaborar en la solución, y a tener el valor de reclamar con gentileza y firmeza la coexistencia de la racionalidad con el humanismo cristiano.



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