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Cuando los ojos reflejan lo que el alma guarda

Por: Janedid Gaitán Ruiz - Profamilia


Opinión. “El era muy especial conmigo desde el inicio de la relación, no había restaurante al que no me llevara, no había día especial que no me diera un detalle, el hombre ideal para un matrimonio ideal.

El anillo, el más hermoso, con los cristales más finos fue el inicio de toda mi desgracia, desde el día de mí boda empezó mi sufrimiento, si miraba, si hablaba, si me movía era motivo para un enojo, una mala palabra, una amenaza, Y lo peor… aunque no quisiera, aunque me acabara de destruir con sus acciones yo tenía que OBEDECER y cumplir con mis compromisos como esposa, era mi DEBER…  me sentía tan sucia, tan vacía, tan poca cosa… ¿Cómo demostraba que no era lo que esperaba para mí? ¿A quién recurría? ¿Qué hacía? ¡Ya no podía más!  Mi familia no me creería, la sociedad, las autoridades no me creerían ¡él nunca me pegó!”

La violencia sexual es muy antigua. Comunidades enteras han sufrido sus consecuencias, en donde las mujeres y las niñas siempre se han visto particularmente afectadas debido a su condición social y de género.

En el siglo XX, se han constatado violaciones a las mujeres, feminicidios originados por la falta de conocimiento y el respeto por el derecho, el poco empoderamiento de la mujer a hacerlos valer y a hacerse sentir. La violencia sexual parte desde los mismos hogares como mecanismo para aterrorizar, violentar y deshonrar, para obligarla a “reconocer” quién es el que debe mandar en una casa, en una sociedad entera.

Colombia cuenta en la actualidad con un marco normativo dotado de herramientas jurídicas para la garantía y protección de los derechos humanos de las mujeres: la Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer desde 1982, el Protocolo Adicional II de la Convención de Ginebra en 1994, la Convención de Derechos Humanos de Viena de 1993, la Convención de Belén do Pará ratificada en 1996.

El nuevo Código Penal, en el título II, tipifica los delitos contra personas y bienes protegidos por el DIH incluyendo la penalización de distintas modalidades de violencia sexual.

La falta de reconocimiento social de las mujeres como sujetos iguales en dignidad y derechos, los estereotipos de género que acentúan la discriminación contra la mujer, y la constante ponderación social de la superioridad de valores tales como la agresión, el dominio y la fuerza, culturalmente atribuidos a lo masculino, aumenta la vulnerabilidad de las mujeres, las jóvenes y las niñas frente a la violencia sexual.

Muchas mujeres que han sido objeto de violación u otras formas de abuso sexual no procuran resarcimiento porque se sienten intimidadas por ciertas actitudes culturales.

Es frecuente que los pedidos de justicia despierten la hostilidad de sus familiares, de la comunidad y de la policía. Por su parte, las que se atreven a hacerlo se enfrentan a un sistema que a menudo tolera la violencia contra las mujeres y protege a sus autores independientemente del título o estatus que tengan en la sociedad.

En el escenario de  los diferentes tipos de  violencias, las mujeres han pagado un alto precio por ser consideradas como entes pasivos y testigos silenciosos.

Sin embargo, los avances de la mirada de género en los conflictos violentos han contribuido a despejar el camino para que las mujeres como madres, víctimas, militantes, viudas e intelectuales, legitimen su papel como actores fundamentales en la construcción de la agenda política para la paz tan necesaria en Colombia.

Si bien las mujeres constituyen una población severamente afectada en medio de nuestra destruida sociedad, la tendencia a retratarlas sólo como víctimas contribuye a invisibilizar el papel significativo que ellas juegan en la comunidad, y le resta fuerza a su potencial como participantes en el rescate del derecho.

En consecuencia, es necesario incentivar el empoderamiento de las mujeres abriendo espacios para que sean actoras/participantes en la mediación de los conflictos, reconciliación y reconstrucción de sus comunidades y de la propia dignidad de MUJER.



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