Córdoba post COVID-19, va por lo suyo

Por: Boris F. Zapata Romero


Por estos días un conocido me formuló la pregunta sobre como consideraba se debía reactivar la economía, como una extensión de todo un planteamiento de su parte que nos situaba muy cerca del apocalipsis zombi; así que en ese afán de brindarle algo de ánimo y positivismo parafrasee a Walt Disney: “Pregúntate si lo que estás haciendo hoy, te llevará a donde quieres llegar mañana”.

La verdad la frase, que me salió muy ligera, me obligó a pensar en cómo de esta crisis podemos salir fortalecidos, más allá de simplemente “reactivar”, de manera que me centré en pensar sobre la actividad que tanto orgullo produce en nosotros los cordobeses, la ganadería.

Aclaro algo, no voy a hablar de ganadería, porque el negocio es la carne. Y la diferencia está, regresando a la frase de Walt, en que una es el ahora, y el concepto del negocio de la carne es hacia donde debemos ir.

En ese sentido el departamento de Córdoba está llamado a superar el paradigma de tener buenas vacas, a incluir en el espectro de producción el porcícola, que dicho sea de paso la UPRA en estos días precisamente nos señaló como una zona de alta aptitud, el ovino – caprino, el avícola, el piscícola y el acuícola tanto de agua dulce, como salada pues somos tanto río como mar.

El consumo interno de proteína de origen animal (no perder de vista el huevo, la leche y los derivados lácteos) en el país va en aumento, pasando del 2012 al 2017 de 53 a 67 kilos de carne por persona, y de escasos 2 hace diez años a 10 kilos de pescado en el 2019.

La actividad a hoy es solo la del productor primario que cría, levante, ceba y vende animales en pie o leche cruda. Eso es el inicio de la cadena de producción, que dicho sea de paso es el de menor rentabilidad. El resto de la cadena está definida hasta la elaboración de los siguientes tipos de bienes por parte de las empresas manufactureras de Colombia: carne fresca, refrigerada o congelada; carne seca, salada o ahumada; derivados cárnicos (salchichas, salchichón, morcillas, mortadela, longaniza, butifarra y otros embutidos); patés, jamón, tocineta; y despojos animales (vísceras y menudencias) (DANE, 2012).

Hay una serie de elementos que deben superarse para poder dar el salto de vender el gramo en pie de 4.8 pesos a valores que oscilan entre 8.8 y 19.98 pesos por gramo en carne para hamburguesas (lo menciono aprovechando que esta semana que finaliza mayo celebra su día este clásico de la comida rápida).

Tenemos reseñas suficientes, como los de esta tabla elaborada por Fedegan respecto a los costos de producción, que permitirían establecer estrategias para producir más a menor coste (que es una definición básica de economía de escala).

De estos datos, por ejemplo, se podría establecer como estrategia que el Departamento de Córdoba adopte una política de inversión con la entrega de ganado para levante y ceba (que le pesa al productor casi el 50% del coste de producción) para que a través de la asociatividad ganadera se entreguen “al partir” a productores pequeños y medianos, de manera que las utilidades de la ganancia de peso se partan entre asociación y productor.

Si esta bolsa de inversión se rota por un tiempo, lo que causa es que, al abaratar el costo mayor señalado, se reactive y enrute la actividad en la post pandemia y con ello se generen los beneficios de la economía de escala para los productores primarios con la conversión de las endebles asociaciones en formas cooperativas proveedoras de agro insumos para sus asociados.

El paso que sigue para darle forma al negocio de la carne en Córdoba es el de desarrollar una integración entre los eslabones de la cadena. Allí hay que hacer un esfuerzo en la recuperación y puesta a punto de las plantas de beneficio, la inversión público-privada en frigoríficos, el establecimiento de un “Plan de Rutas de la Carne” (vías secundarias y terciarias claves para la integración), la apuesta por el clúster cárnico y los incentivos para la adopción de producciones sostenibles y tecnificadas. Todo esto iniciando por supuesto en la formalización del negocio, que no es otra cosa que fomentar la visión de empresa en las fincas con ganado.

En medio de todo esto, cuando el mundo entero se dio cuenta de manera obligada de la importancia de la producción agropecuaria, están todos los liderazgos de lo público en Córdoba llamados a invertir en Ciencia y Tecnología para el sector; a decir de Rubén Echavarría, Investigador Senior del IIIPA en un foro de la FAO a raíz de COVID-19, “El shock nos va a replantear en qué invertimos. La investigación agrícola en la región no alcanza el 1% del PIB regional. Tenemos que darle una mayor prioridad porque la alimentación es esencial”.

Hay que tomar la iniciativa de copar el espacio que otros se están llevando, y que se traduce en millones de dólares de ganancias que se reparten desde el intermediario del transporte hasta el que pone la carne en la mesa, excluyendo al productor primario. Esa es la razón por la que en un par de oportunidades he invitado al Gobernador de Córdoba, Orlando Benítez, a darle un giro a la Feria Ganadera para hacerla acompañar de un Congreso Bianual Internacional de la Carne, como un aviso al mundo de los negocios que Córdoba va por lo suyo, como se lo merece.

BORIS F. ZAPATA ROMERO



¿Qué opinas de esto?