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Confianza: la experiencia de fidelidad a sí mismo

Marcos Velázquez, Docente e Investigador. Opinión/ Por: Marcos Velásquez FOCUS En la actualidad, los consumidores quieren relaciones abiertas con las marcas.  Sus expectativas están más del lado de probarlo todo, disfrutarlo todo, sentir emociones pero “no generar compromisos que los comprometan” dado que, en sus...


Marcos Velázquez, Docente e Investigador.
Marcos Velázquez, Docente e Investigador.

Opinión/ Por: Marcos Velásquez

FOCUS

En la actualidad, los consumidores quieren relaciones abiertas con las marcas.  Sus expectativas están más del lado de probarlo todo, disfrutarlo todo, sentir emociones pero “no generar compromisos que los comprometan” dado que, en sus palabras: <<No quiero sentirme culpable porque le debo algo a alguien>>.

El individualismo es el rey del mercado.  Lo que se observa es cómo cada quien desea disfrutar de lo que le place y una vez consumido, lo desecha.

Siendo crudo con este tipo de estilo de pensar (actuar), el consumidor está en una posición de utilitarismo canalla, es decir, sus actos apuntan a consumir sin responsabilizarse absolutamente de nada.  Sólo se place de su consumo, pero no asumen ningún tipo de lazo con el otro.

A lo sumo, no todos los consumidores son así, sin embargo, en el discurso actual la generalidad de los actos permite señalar que este tipo de consumidores no sabe que,no querer un compromiso en una relación, no lo exime del compromiso que ella ostenta, ya queno hay relación abierta porque, toda relación al otro, es una relación consigo mismo.

Lo que está en juego en el consumo, más allá de la transacción comercial, del pago en sí mismo, es la experiencia que se adquiere al relacionarse con el otro.

Esa experiencia es indelegable, como también es ineludible la sensación de bienestar o malestar que se consigue en dicha relación.

En este orden de ideas, toda marca personal ha de tener claridad en su lugar en el mercado, dado que si el discurso que reina es el de las “relaciones abiertas”, “sin compromiso”, la marca personal no puede entrar en el juego de la insensatez, de la irresponsabilidad de algunos consumidores, si desea posicionarse en el segmento de mercado donde ella se va a ubicar.

La responsabilidad de una marca personal es generar confianza en sus consumidores, en sus clientes o seguidores.

Pongo a estos tres significantes en línea, dado que la serie es la misma para cada uno de ellos, ya que la experiencia que ha de dejar la marca personal en la mente de cada uno de ellos es la recordación de fidelidad.

Si el consumidor, el cliente o el seguidor no es fiel a la marca, la marca personal sí tiene que ser fiel a sí misma.

La fidelidad se ha de entender como lo plantea Montaigne: <<El fundamento de mi ser y de mi identidad (…) se encuentra en la lealtad que me he jurado a mí mismo.  No soy el mismo de ayer. Sólo soy el mismo porque me reconozco como el mismo, porque asumo como mío un cierto pasado y porque en el futuro espero seguir reconociendo mi compromiso presente como mío>> (Comte-Sponville, 2008).

La marca personal ha de ser fiel a sí misma si desea estar presente en un mercado en el que no hay ni fidelidad ni lealtad con la marca por parte del otro.  Para la marca personal no se trata entonces ni de sus consumidores, ni de sus clientes o de sus seguidores.  Se trata de su misión dentro de un discurso irreverente que por tener tantas opciones no conoce el concepto de gratitud.

Ser fiel es tener memoria, es tener presente en el pensar, en el hacer y en el decir <<la promesa a lo largo del tiempo, cumpliendo y no defraudando>> (Ghio, 2011).

Lo que construye confianza en el otro es sostenerle la promesa en el tiempo.  ¿Qué promete una marca personal?  Lo que con sus palabras plenas se constata en sus actos: lo que ella dice, es lo que ella hace.  Promete sólo lo que puede hacer, lo que puede cumplir en el tiempo.

Una marca personal ha de ser el anverso de un mercado sin principios.  Para que pueda existir confianza, para que se pueda tejer en el imaginario social del consumo nuevamente el concepto de fidelidad, una marca personal tiene que asumir el costo de ser la diferencia en dicho discurso, porque sólo así el consumidor, el cliente o quien sigue a la marca, podrán comprender la diferencia de una experiencia de confianza a pesar de sus propias inconsistencias.

La experiencia que ha de legar una marca personal en el mercado, si bien no alcanza a ser de bienestar absoluto, sí ha de ser de coherencia en su discurso, que leyéndolo a la luz de los seguidores no sería otra cosa que: la sensación de fidelidad a sí mismo.

Mail: marcosvelasquezoficial@gmail.com

Twitter: @MARCOS_V_M

 



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