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¿Cómo termina el año en salud?

Por: William Mercado Echenique


Opinión. Llegando el fin de año y siguiendo la tradición de hacer el balance de lo que en él ha sucedido, es necesario revisar un poco el punto en el que se encuentra el sistema de salud colombiano. ¿Qué venía del Gobierno anterior, qué hay, qué se quiere en la nueva administración?

En el mandato presidencial anterior, bajo el liderazgo del doctor Alejandro Gaviria, fueron muchos los cambios que se dieron en la forma de operación y estructura del sector salud. Se hizo un énfasis importante en el control de precio de medicamentos, cambio del modelo de funcionamiento del aseguramiento, se replanteó la forma en la que debían relacionarse prestadores de servicios de salud con las entidades responsables de pago, acogiendo un enfoque muy afín con la integración vertical.

Se le dieron todas las garantías a las EPS para que fortalecieran su posición dominante frente a quienes respaldan la atención de sus afiliados, entre otros elementos.

Pasados los tan populares primeros cien (100) días del gobierno actual, y siendo fiel, el equipo de trabajo vigente a no acudir al uso del espejo retrovisor, ha iniciado una labor, en la que si bien es cierto que se acogen muchas de las estrategias, conceptos y líneas de acción, no lo es menos que, ha tenido un giro considerable en el rumbo que se sigue y los objetivos que se quieren alcanzar.

El Ministerio de Salud y Protección Social promueve un discurso de rescate de la cultura de calidad en la prestación de servicios de salud, sin olvidarse del todo del problema financiero que rodea y asfixia al sistema de salud, el rescate de la red de hospitales públicos del país y en general, propende por revivir la desaparecida humanización.

La Superintendencia Nacional de Salud reconstruyendo su esencia; luchando por mayor presupuesto y defendiendo a capa y espada ante el Congreso de la República un Proyecto de Ley que al parecer fortalecería su papel como ente de inspección, Vigilancia y Control, entregándole nuevas herramientas para actuar y mejorando las existentes.

Todo esto, visto de forma macro suena coherente, y sin desconocer acciones puntuales certeras y que develan responsabilidad y compromiso por parte de quienes lideran estas entidades, no se puede dejar de mencionar que cuando se trata de enfrentar el día a día, los nuevos planteamientos o los pronunciamientos hechos desde el nivel central, aún no se ven reflejados en el cambio de comportamiento entre quienes conforman el sector salud del país.

Se siguen viendo situaciones como el poco o  ningún respeto por parte de las EPS, en lo relacionado con las actuaciones y trabajo de la Superintendencia Nacional de Salud, comportamientos de pago con mínimas variaciones en cuanto a los reiterativos beneficiarios, la interpretación según la conveniencia de la normatividad existente para adelantar los procesos de contratación y conformación de las Redes Integrales de Atención en Salud, en el marco de la Política de Atención Integral en Salud, displicencia en el trato de entidades responsables de pago y prestadores de servicios de salud, prorrogas de medidas especiales a EPS que han demostrado has el cansancio su inviabilidad, aumentos de las quejas, peticiones y reclamos ante la SUPERSALUD, entre muchas otras que se pudieran mencionar.

Las intenciones son las mejores, de eso no tengo duda; pero para recuperar la confianza en la institucionalidad, es inminente la celeridad con la que se implementen y pongan en marcha las estrategias que se han planteado, como lo he mencionado en otras ocasiones, desde una lectura acertada de la realidad que se vive en nuestro sistema de salud.

Nuestros propósitos siempre deben estar respaldados por las acciones que los apoyan y revelen la honestidad y conocimiento profundo de lo que se pretende alcanzar. No existe mejor época para analizar a consciencia lo que se ha hecho, cómo, lo que se debe replantear y qué se va a hacer. Para unos, época de fiestas, para otros, temporada de reflexión.



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