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Colombia le entrega una estrella a Hollywood

Por Marcos Velásquez.


Alcanzar una estrella nunca será fácil, es algo así como corretear el aleteo de una mariposa en el campo. Cuando uno cree que ya la puede tomar entre las manos, es cuando ella reinicia su revolotear, para juguetear o escaparse del intruso que desea estrechar su espacio.

Sin embargo, lo que esta díscola tarea enseña, es que la paciencia y la firme intención de quien corre detrás de ella, entrega su atención a la mariposa, quien, quizá por compasión, cuando capta el cansancio de su persecutor, de modo sensual y juguetón, al notar que ya quien se arresta a seguirla no tiene fuerzas para atraparla, ella suavemente se posa cerca de él, para que la contemple.

Esta experiencia que parece insulsa, fue la que me dio frutos para llegar a María Del Mar, una joven promesa de la actuación de nuestro país, quien, al empezar a ser reconocida por su talento como actriz, no es menos difícil de alcanzar que otras estrellas con las cuales se codea a nivel nacional e internacional.

Fue en un coctel en el auditorio del Circulo Colombiano de Artistas (CICA), donde tuve la oportunidad de perseguirla para entrevistarla, siempre mostrándose esquiva y un tanto acosada por sus admiradores, o por la audiencia de sus redes sociales, quienes deseaban obtener un autógrafo, una selfie o un corto video con ella, para postear y compartir.

Un poco antes del final del evento, María del Mar, gentilmente se me acercó y con su timidez característica, pero con su belleza arrolladora me dijo, en un acento paisa de Medellín: “¡Hola! ¿Qué me quieres entrevistar?”.

Al estar un poco desprevenido, alcancé a tragar en seco el trago de vino tinto que saboreaba, y sin más reparos, inicié mi trabajo.

María del Mar me contó que, ha trabajado en varias producciones aclamadas, dentro de las cuales, la más reciente fue la distinguida obra argentina “Todas las Canciones de Amor”, la que tuvo lugar en El Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, en 2018, en la que fue su anfitriona.

Sus logros como actriz, a pesar de su juventud, dado que nació el 2 de octubre de 1993 en Medellín, Colombia, incluyen producciones de primer nivel como “No Oyes Ladrar los Perros” (2015), una obra dirigida por el gran artista colombiano German Jaramillo, que llegó a la aclamación en el V Festival Internacional de Teatro en Los Ángeles y fue premiada como ´Obra Mas Gustada´.

Como actriz principal, engalanó la obra “The Keeper of the Vineyard” (2014), donde sus habilidades como actriz fueron elogiadas en su estreno en la ciudad de New York.

María del Mar Velásquez cuenta que desde que tiene consciencia de sí, quiso ser actriz, dado que a través de la actuación ella puede comunicar una historia y un mensaje, algo que según ella, solo se puede hacer a través del arte, para poder llegar al corazón del ser humano.

Foto: Mauricio Daza

De igual modo, tiene presente que uno de los elementos que más la seduce en la actuación, es poder ponerse en el lugar de otra persona, sin necesidad de contar con la piel de esta, para poder trasmitir lo que el otro vivió, con el objetivo de ayudar a la humanidad a transformar muchas de las realidades que ella no comparte.

Una vez terminó sus estudios de bachillerato en Colombia, Velásquez viajó a The American Musical and Dramatic Academy (AMDA), en la ciudad de New York, para dar inicio a su formación como actriz y estrella de las artes dramáticas, sin restarle ello su talento para la danza, el cual, por su esencia latina, la hizo destacar entre sus compañeras de clase.

Cuando le pregunté que, si había tenido alguna influencia por parte de su familia para tomar su decisión, de modo tajante me dijo que no.

– ¡Para nada! Imagínese usted, mi padre es médico y mi madre es comerciante. Más bien, yo me inspiré para ser actriz en Lindsay Lohan, en Mary Kate y Ashley Olsen, las gemelas Olsen. Y claro, en Hillary Duff. Viéndolas a ellas fue que me dije a mí misma: ¡Yo también soy una actriz!

María del Mar cuenta que al principio de su vida viajó mucho, teniendo unos giros dramáticos en sus escenografías, dado que al nacer en Medellín, de pronto se vio en Planeta Rica, Córdoba, el municipio de donde son sus padres, Alejandro Velásquez y Consolación Berrio, pero, cuando menos lo pensaba, cerraba los ojos y se despertaba en una finca, donde de vacaciones pasaba a ser también su habitad, hasta que un día despertó en París, Francia, y luego de viajar una temporada por Europa al lado de sus padres y su hermano Santiago, dado que José Alejandro llegó después, retornó a Colombia, para definitivamente irse a Estados Unidos a estudiar y consolidar su vocación de actriz.

Esperando ella que en la AMDA iba a poder estabilizar sus itinerarios, pero no, su sorpresa fue cuando de la Academia la enviaron a realizar algunos cursos en la sede de Los Ángeles, gracias a sus sobresalientes trabajos a lo largo de su formación, lo cual capitalizó porque ello le otorgó trabajos en New York, como en Los Ángeles.

María del Mar, a pesar de su dulzura en el trato y su manejo seductor de su conversación, cuenta que su madre siempre le resaltó que fue una adolescente rebelde, dado que ella vivía etapas que no le correspondían, según se lo planteó Consolación, porque le decía: “María del Mar, lo que pasa es que tú te crees más grande de la edad que tienes”, cuando en el colegio de monjas y de solo mujeres en el que estudió, la llamaban a hablar sobre el comportamiento de su hija en relación a su disciplina y su carácter.

De repente, llegó un gentil mesero con una bandeja de deliciosos canapés que hizo que se diluyera el embrujo del parlamento de una actriz que estaba contando su propia escena en sus diferentes actos, intromisión que estuvo acompañada del apoyo respectivo de su compañera, ofreciendo otra copa de vino, momento que aprovechó diplomáticamente María del Mar para entrar a la escena final e iniciar el aleteo de la mariposa que está aburrida en un mismo lugar, y desea entregarse a la búsqueda de otra aventura en el campo.

De este modo, antes de que partiera con esa sonrisa que dice, “¡Bueno!, hasta aquí”, alcancé a preguntarle por sus experiencias como actriz en Colombia y en Estados Unidos, a lo cual me respondió:

– La verdad es que yo estoy muy contenta. En Colombia me han recibido con las puertas abiertas y en Estados Unidos nunca me las han cerrado. Hacer casting allá es un reto, no porque sea colombiana, sino porque hay mucho talento. Pero sí te cuento, me cuido mucho de que por ser latina, no me encasillen en un papel de latina, que hasta el momento no ha pasado, y como te digo, vivo atenta de que eso no pase. Por eso es importante contar con un buen manager.

Antes de partir María del Mar, quien con su nombre me recuerda esos nombres de personajes de telenovelas de las décadas de los 80 y los 90, me recalca que ella, antes que nada, vive agradecida con Dios y con sus padres, dado que, si no hubiera sido por la comprensión y el apoyo que ellos le han dado a su decisión de ser actriz, ella no estuviera hoy en el lugar que ya hace que brille entre las estrellas a nivel global.

Cuando ya está partiendo, le alcanzo a preguntar sobre lo que puede decirles a las jóvenes actrices que también desean iniciar una carrera en un mundo tan competido e incierto, y como siempre, seca pero amable, me responde: “Que busquen primero el reino de Dios. Lo otro llega por añadidura”.

Rápidamente se despide dándome la mano, diciéndome: “¡Gracias por tu entrevista!”.

María del Mar Velásquez me da la espalda y se pierde en la marea de personas que ya empiezan a abandonar el auditorio del CICA, mientras yo quedo mirando entre la muchedumbre, para ver si aún hay un mesero ofreciendo copas de vino, para tratar de mitigar la partida de esa mariposa que, como estrella, estoy seguro que volveré a ver en otra oportunidad, pero esta vez, en la pantalla gigante o en una serie de televisión internacional.



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