Ciudad, desarrollo e ingeniería

Por: Boris Zapata Romero


Esta semana estuve invitado por la Asociación Colombiana de Facultades de Ingeniería ACOFI, que reúne a 124 facultades de ingeniería de todo el país, a un evento que ellos definieron como “un espacio de análisis y reflexión sobre el desarrollo de la ciudad de Montería con una mirada desde la ingeniería, la cual combina la infraestructura, la sostenibilidad, crecimiento económico, la cultura y avance social”.

En ese sentido, me invitaron a desarrollar en un panel las siguientes preguntas, cuyas respuestas que me permito compartir en este artículo. La primera es ¿Cuáles considera que han sido los elementos fundamentales que le han permitido a Montería ser un referente de crecimiento, en especial en temas de sostenibilidad?

Uno solo, de un tamaño monumental por supuesto. Para 1514, Martín Fernández de Enciso, hizo bajo las órdenes de Pedrarias la primera incursión española por estas tierras, encontró una gran resistencia, pero logró capturar a un cacique de un lugar llamado entonces Catarapa, y este, no de buen agrado, le señalo que Finzenú era el centro de su territorio, y quedaba en las riberas de un río muy grande.

Creo que el bullicio de la modernidad y de la violencia que se vivió con tanta fuerza, por mucho tiempo no permitió escuchar el rumor de vida que corría, literalmente, al lado nuestro, el Río Sinú.

Desde siempre los cuerpos de agua facilitaron el comercio, la subsistencia, el transporte, las comunicaciones. Los ríos son conectores entre el asentamiento humano y el entorno natural. Pero a veces lo que tenemos en frente y a diario, lo perdemos de vista, e incluso olvidamos.

20 años después de la incursión de Enciso, Pedro de Heredia llegó hasta la capital de gobierno del Finzenú, Betancí, y allí se encontró una civilización con unos grandes adelantos en ingeniería ambiental, hidráulica, agrícola, de transporte, e ingeniería de gobierno, si me permiten decirlo así, representados tales adelantos en cómo sus asentamientos se relacionaban con el epicentro originario de su hábitat, los cuerpos de agua.

Así que, estando en el Siglo XXI, al redescubrir el río, nos volvimos a encontrar en nuestras raíces, en nuestro entorno, en nuestras posibilidades. Hallamos Finzenú nuevamente, y allí, a nosotros.

En cuanto a la segunda cuestión de ¿Cómo la ingeniería y las facultades de ingeniería ha aportado a este crecimiento?, debo anotar que cada vez que el conocimiento científico, y en este caso especialmente el de la ingeniería, es aplicado en cualquier entorno, más en estos en los que la pobreza y las limitaciones son tan evidentes, se pone un grano de arena en las metas de crecimiento y desarrollo.

El economista Frederick H. Harbison, en un documento publicado por Oxford University Press como parte de una serie dedicada al desarrollo económico que tituló “Human Resources as the Wealth of Nations”, trae la descripción perfecta de lo que quiero expresar: “Los recursos humanos … constituyen la base última de la riqueza de las naciones. El capital y los recursos naturales son factores pasivos de producción; Los seres humanos son los agentes activos que acumulan capital, explotan los recursos naturales, construyen organizaciones sociales, económicas y políticas y llevan adelante el desarrollo nacional”.

Es en ese sentido que creo importante señalar, que ese conocimiento impartido desde las facultades, es el que siglos después de los Zenúes, permitió a los tomadores de decisiones entender que los procesos urbanos no pueden desligarse de las condiciones del territorio, y es lo que hace que hoy muchos veamos a la ciudad como una parte del ecosistema, y no como una dominadora de este. Eso se lo debemos a la ciencia, a la investigación, a la academia, y por supuesto, a la ingeniería como rama del saber,

Como tercera pregunta está la de ¿Cuáles considera deben ser los siguientes pasos para mantener y fortalecer el crecimiento? ¡Como me alegra esta pregunta! Me permite adentrarme en un área en la que me siento más cómodo, y asumir el rol de “ingeniero del desarrollo”, para decir que los pasos siguientes son crear bienestar para las personas naturales y jurídicas, por supuesto en un marco de sostenibilidad.

Me explico. Alguna vez leí una frase del Director del Programa de Investigación de Ciudades y profesor de Harvard, Edwar Glaeser, que decía que las ciudades “son la ausencia de espacio entre personas y empresas” .

Esa debe ser la meta próxima en la ciudad: garantizar esa conexión entre empresa y sociedad en términos de sostenibilidad y sustentabilidad, de manera que los anhelos de las personas naturales, que buscan condiciones de vida gratas y prosperas, y de las personas jurídicas, que esperan encontrar en la ciudad condiciones para establecerse y crecer, lo hagan.

La CEPAL lo ha dicho en sus palabras, cuando ha señalado que “la importancia que hoy tienen las ciudades y territorios en el desarrollo económico nacional, y la influencia que a su vez éste tiene sobre la conformación de los asentamientos, hace necesaria una estrecha vinculación entre las políticas de desarrollo económico y la gestión del hábitat. En consecuencia, un objetivo importante de las políticas urbanas y de vivienda será el aumento de la productividad y la competitividad de los asentamientos humanos”.

Y aquí, nuevamente sale a relucir el papel de la academia, representada en las facultades de ingeniería, cuando el citado profesor Harbison dice que “un país que no pueda desarrollar las habilidades y el conocimiento de su gente y utilizarlos de manera efectiva en la economía nacional no podrá desarrollar nada más”.

La cuestión final es ¿Qué recomendaciones haría para que otras ciudades regiones promuevan iniciativas de crecimiento?, a lo que debo responder con responsabilidad, hay que dejar de ver el árbol propio. Permitan que el capital humano se prepare para asumir las riendas de su propio desarrollo, en condiciones de equidad y respeto por la diferencia. Al cabo del tiempo que suban juntos, como sociedad, la cuesta del conocimiento, podrán ver el bosque.



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