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Cinco sugerencias para fracasar en Marketing Político

Opinión / Por: Marcos Velásquez.


#Opinión / Por Marcos Velásquez.

FOCUS

Los procesos electorales siempre son locales.  Pretender hacer una campaña política sin segmentar las localidades es una práctica frecuente.  De una cuadra a otra, de un municipio a otro, de un departamento a otro, siempre hay realidades diferentes que hacen que los electores tengan una percepción distinta de su contexto.  Sin embargo, en el afán desmedido de salir electos, algunos candidatos codiciosos estiman que pueden timar a sus electores.

Los más violentos lo hacen ofreciendo un billete de alta denominación o intimidando a los ciudadanos a salir a votar por quien les exijan.  Ambas prácticas anulan la democracia.  Otros, simplemente desconocen que la política es el ejercicio del servicio y la manutención de la sensibilidad social.  Por ello, tasan sus percepciones pensando que con presentar un plan de trabajo congruente, los electores ya los van a favorecer.

Hoy, al igual que algunos cantantes jóvenes, los párvulos políticos piensan que hacer política y dedicarse a la política, es equivalente a pararse en una tarima, plantear un discurso medianamente coherente, bajarse de ella para subirse en un vehículo ultimo modelo y salir a más de 140 kilómetros por hora del lugar donde aun las palabras no han terminado de llegar al oido interno de los electores.

En este orden de ideas, planteo cinco errores que se cometen en campaña política en nuestro medio, y que a pesar de que los electores lo hacen saber a quienes se les acercan, se incurre con insistente frecuencia en ello.

  1. No escuche a los votantes.

Si bien acercarse al público causa ansiedad, sin importar que este esté compuesto por dos personas o por dos mil o más, el error más frecuente que se presenta en campaña política es pensar por el público.

El mecanismo de defensa para superar la ansiedad como reacción inconsciente se activa saludando sin mirar a los ojos y empezando a hablar o, la más de las veces, a repetir el guión que se ha memorizado previamente.

El publico calla porque quiere escuchar, pero también observa que no hay conexión directa con su presencia.  Por tanto, esas palabras son vacías, quedan esparcidas en el ambiente y aunque se reciban aplausos, los electores continuarán escuchando más discursos.

Por eso, en los celos de la contienda, muchos candidatos no comprenden por qué los electores permiten que otros candidatos los “cuenteen”.

  1. Prometa todo lo que le pidan.

Las campañas políticas son maravillosas porque el candidato, al sentirse rodeado y asediado por los electores, piensa que todo quien se le acerca va a estar con él.  Aflora el narcisismo y se empieza a construir un pequeño salvador al interior de la persona que está en campaña.

Esta sobrevaloración de la propia persona, que no es más que la otra cara de toda la inseguridad que la habita, hace que el candidato no piense sino que fantasee.  Es decir, el candidato, en su egocentrismo, se olvida de su plan de trabajo, se distancia de la realidad presupuestal con la que aun no cuenta para ejecutar las obras o los servicios que los electores piden y empieza a prometer todo lo que los electores creen que una sola persona les va a resolver en el tiempo que ellos idealizan para desconocer lo que ha estado allí y no han podido asimilar.

Obviamente, ambas partes se van a decepcionar.

  1. Entregue la imagen de quien no es usted.

Las imposturas existen, y en campaña sí que existen.  Los electores siempre esperan de los candidatos personas cálidas, sencillas, comprensivas, honestas, generosas, complacientes, en una palabra: el padre bueno.

Suele pasar que en campaña, los candidatos se venden como sus electores los quieren ver, o que los electores, en su idealización del candidato, lo ven como ellos desean que este sea.  No obstante, en el juego de las percepciones, el candidato solo es lo que es.

Si en campaña el candidato no acostumbra a sus electores a reconocer su forma de ser, su estilo de pensar y no se ocupa de ser valorado, reconocido y estimado como tal, él mismo es el responsable de la depreciación de su imagen una vez pase la campaña.

  1. Ofrezca dinero.

La forma directa de los falsos lideres, de los incapaces, de los déspotas, para develar lo que son, es ofrecer dinero.  De ordinario, los electores, los que no cuentan con un trabajo de ocho horas y no saben qué es el ambiente climatizado, toman el dinero pero saben que con esa persona no cuentan.

Por ello, no se ha de extrañar la sorpresa de quienes hacen política con esta práctica y piensan que fueron engañados por los electores.

  1. No se acuerde de las personas.  

La práctica cómoda de hacer política es justificar que se está muy ocupado en otros quehaceres como para visitar a los votantes.  La animosidad se cultiva cuando en campaña se visita mucho a las personas, se les quita su tiempo de descanso o de estar en familia, se les llama a cualquier hora de las 24 del día, se les contesta de inmediato y se les piden favores de cualquier carácter.

Los electores responden en campaña porque quieren congraciarse con su candidato, más que por afecto, para que este los tenga presente en un futuro próximo e inmediato al paso de las elecciones.  Pese a ello, el candidato gane o pierda construye justificaciones para alejarse de quien le brindo la mano para llegar a donde quería o para acercarse a la meta.

En el posicionamiento del candidato en la mente de sus electores, este gesto es la firma de la desidia de sus electores.  El candidato podrá justificar de mil formas los por qué no contestó, no visitó, no llegó, etcétera, pero el elector y sobre todo, el votante, no perdona haberse sentido utilizado.

La política es el ejercicio de resolver las necesidades de un ciudadano que tiene capacidad de elección pero incapacidad de gestión.  Quien no comprenda esta particularidad, a pesar de leer este artículo, volverá a incurrir en los errores que lo alejarán de la práctica del gestor social con sensibilidad y respeto por los demás, dado que no basta escuchar a uno por uno, sino que corresponde ayudar a que piensen en colectivo, dado que en la actualidad esa palabra no está clara en el vocabulario de las necesidades de quien vota.

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