Capacidad de carga en atractivos turísticos

Por: Juan Flórez Hernández


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El turismo no es una actividad inocua para los espacios donde se desarrolla. Su crecimiento incontrolado y masivo tiene importantes repercusiones sobre el medio natural, sobre las economías locales, sobre las sociedades de acogida (procesos de “aculturación”, choque cultural, entre otros fenómenos) o incluso sobre las condiciones de desarrollo de la visita turística (pérdida de calidad de la experiencia estética). Por tanto, a nivel turístico también, la sociedad actual tiene planteados importantes retos en relación con la transmisión del legado patrimonial a las generaciones futuras y una responsabilidad que pasa por mantener el desarrollo turístico dentro de los límites de la sostenibilidad.

Ahora bien, en turismo existe un concepto denominado capacidad de carga, que en su definición más sencilla hace referencia al número máximo de visitantes que puede contener un determinado espacio / recurso / destino turístico; en otras palabras, el límite más allá del cual la explotación turística de un recurso / destino es insostenible o perjudicial.

En la gran mayoría del territorio colombiano y en muchos lugares del mundo este concepto no se ha desarrollado en su grado de valoración de los sitios, un ejemplo claro es Venecia antes de pandemia, ciudad de más de 50.000 habitantes y con un turismo masivo de más de 25 millones de turistas, visitantes y excursionistas anuales. Esta masificación a repercutido en su población, donde cada año migran a otras ciudades huyendo de los turistas y el alto costo de vida.

Ese choque negativo entre el turista repercute en la sociedad civil, en la economía y la cultura local principalmente, ahora bien, fenómenos como las de mostrar sitios naturales sin tener ningún tipo de planificación turística es el diario de vivir en Colombia.

En el año 2019 Carlos Vives graba un video musical en el corregimiento de Galerazamba, municipio de Santa Catalina- Bolívar, el cantante en su buena voluntad sube una foto en sus redes sociales mostrando las salinas del sitio, sus seguidores quedaron atónicos del paisaje, se viralizo en horas, a los días había miles de visitantes tomándose fotos y destruyendo la capa natural donde se encontraba ese recurso.

Ahí sucedieron varios fenómenos: 1 no había planificación turística (sectorización de la zona, señalización, áreas de consumo de alimentos y bebidas, control del límite de visitantes…), 2 el lugar no se encontraba preparado (no había guías de turismo) y 3 en poco tiempo cerraron las salinas por contaminación y destrucción de gran parte del recurso.

Montería no ha sido la excepción, un pequeño campo de girasoles que se volvió tendencia en la ciudad y lugar icónico para visitar, resultó masificado por la población dejando como consecuencia el deterioro de este, aunque es un terreno privado ahí nos damos cuenta realmente que tan responsables somos con nuestras atracciones y recursos naturales.

Esto nos debe tomar conciencia de esas buenas practicas de turismo en nuestros territorios, de la responsabilidad que tiene el ciudadano, el empresario y el ente público, de como impulsar el turismo sosteniblemente en nuestros espacios culturales y naturales.



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