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Cambiemos las Fiestas del 20 de enero

Por: Mario Ruiz Soto


Once de la mañana del miércoles, mientras compraba verduras en el mercado de Sincelejo, miré a una señora bailando mientras cargaba a una niña de no más de un año. La mitad del mercado funcionaba bajo los sabores del porro y el fandango.

Siete de la noche del jueves. Encendí la radio. Pasé varios canales, y la gran mayoría de las emisoras transmitían nuestra música: el porro. Una hora después, le tomé una foto a mi hermana al lado de una estructura de casi 5 metros, en el comercial Viva de Sincelejo. Es una fandanguera, que en sus manos tenía una vela y su vestido era decorado con sombreros vueltiaos.

Seis de la mañana del viernes, camino a la Universidad de Sucre observé varias casas que no habían finalizado sus fiestas, y en todas estaban impregnadas los sabores del porro.

Esto que vemos en las calles es una tradición que aún está en nosotros. Sin embargo, no hay una visión del equipo organizador de las Fiestas del 20 de enero. El alcalde ha hecho poco en esto. Aceptémoslo, infortunadamente fueron más llamativas las tractomulas con mensajes políticos de los mismos de siempre -¿no les pareció desagradable?-, que una verdadera intención de impulsar la tradición sincelejana.

Aún no sabemos nuestro norte a las festividades del 20 de enero. Se cambian cosas de para que nada cambie al final. Por ello, quiero expresar cuatro puntos para darle un nuevo aire a las fiestas del 20 de enero.

Primero. Debemos crear una verdadera marca de las Fiestas del 20 de enero. El Carnaval de Barranquilla o el Festival de la Leyenda Vallenata en Valledupar, dos ejemplos del Caribe, son expresiones que cuentan con una estrategia de marketing para impulsar no solo la cultura sino también para fortalecer el turismo. Detrás de estas dos expresiones hay una marca que se ha construido.

En Sincelejo, por ejemplo, las festividades son también conocidas como las del Dulce Nombre de Jesús. La marca empieza por posicionar un nombre, sugiero que sea: Fiestas del 20 de enero. Ha sido nuestro mayor atractivo, y debemos reconocer que ya no existen las corralejas.

Segundo. Es el momento de unificar todas las expresiones de las fiestas. Existen dos tendencias. La primera es la tradicional, en donde vemos las carrozas, la alborada, las cabalgatas, etc. La otra es el Festival Enerino de las Artes que es un esfuerzo por incluir a artistas, poetas y demás exponentes culturales. En este último, están incluidos por ejemplo el “Jardín Iconográfico” en la plaza Olaya Herrera; concurso de parejas bailadoras de fandango, etc. Ampliar la oferta para Sincelejo es una forma de incluir a toda la ciudad. En ese sentido, no hay razón para que existan dos programaciones.

Habrá eventos emergentes. Por ejemplo, un grupo de personas -sin intervención de la Alcaldía- crearon el Dulce Nombre de las Artes, que lo hacen antes de empezar las fiestas. Este año presentaron tres libros e impulsaron conversatorios.

Tercero. Vincular el Encuentro Nacional de Bandas de Sincelejo con las Fiestas del 20 de enero. Un grupo de amigos debatimos sobre esta propuesta. Sincelejo ha sido históricamente una capital musical, y existe mucho talento para impulsar el porro y fandango. El mejor escenario podría ser unir los esfuerzos de las Fiestas del 20 de enero con el Encuentro de Bandas.

No se trata solo de vincular fechas. Sino también se requiere un esfuerzo público para fortalecer las escuelas de formación musical -hay solo privados- para interpretación y el baile. Hay pocas. Necesitamos más espacios como los hace hoy la Banda Juvenil de Chocó. Sino incluimos a nuestros niños y niñas, nuestra tradición está en riesgo.

Cuarto. Entregar la organización de las Fiestas del 20 de enero a gerentes y profesionales culturales. Como se mencionó, las fiestas necesitan un norte que promueva la cultura y las tradiciones. Además, se requiere de un trabajo gerencial, alejado de la politiquería, que trabaje todo el año en promover las festividades, y que haga ajustes para mejorar cada año.

Hasta aquí cuatro propuestas para cambiar el sendero de las Fiestas del 20 de enero. En el fondo la idea es construir una política pública cultural en Sincelejo. Se hace necesario porque nos ha costado encontrar nuestra verdadera identidad, y parte del trabajo es ir dibujando el significado de ser sincelejano o sincelejana.

Propongo que nuestro ADN se construya con la riqueza cultural de cada uno y el empuje musical de esas personas que se esfuerzan por que los sonidos del porro y fandango se escuchen en cada rincón de Colombia, y ¿por qué no?, del mundo? Cambiemos las fiestas del 20 de enero.

Mario Ruiz Soto
Profesional en Gobierno y Relaciones Internacionales
Universidad Externado de Colombia


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