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Algo íntimo

Por Marcos Velásquez.


COTIDIANIDADES

Por: Marcos Velásquez

Cuando la contacté, me dio la dirección de su casa para que llegara allá, pues “es más fresco y contamos con mayor privacidad”, me dijo Carmen Alicia. Lo particular del encuentro fue que, en una ciudad como Montería, la cual está organizada en sus coordenadas y con dos preguntas al lugareño se logra llegar de inmediato al lugar que uno requiere porque, en la calle, quien está por ahí cerca es usualmente alguien que conoce a sus vecinos, casi no doy con la dirección.

Al verla parada frente a su hogar debajo de un frondoso árbol apurada por el sol, recordé las mujeres africanas que a plena luz del día en los desiertos de donde nació la humanidad, llevan bien puesto su turbante para protegerse del sol y de los malos espíritus.

Cuando le pregunté por qué usaba su turbante siempre, no dudó en contestarme:

– Es un asunto de seguridad. Es una protección, me siento cubierta. No me permito estar en público sin él. Es algo íntimo.

Algo tan íntimo como su historia de mujer viuda. Carmen Alicia Núñez Mesa a sus 72 años de edad tiene la vitalidad que una mujer sin ilusiones y deseos anhelaría. No representa su edad y el hecho de usar turbante hace que su bello rostro le realce más, permitiendo así que su presencia alhaje cualquier lugar donde esté.

El 31 de octubre de 1985 ella trabajaba en la gobernación de Córdoba en el área de recurso humanos, porque como se lo enseñó su padre:

– “La mujer que no se educa, se deja maltratar”, me decía mi Padre quien me inculcó la necesidad de trabajar, a pesar de ser una mujer de hogar.

A las tres de la tarde ella tenía una reunión para los niños que les brindaba la gobernación a los hijos de sus empleados. Carmen Alicia, una mujer familiar y de relaciones públicas, se esmeró en transmitirle a sus hijos la importancia de relacionarse, por ello, cumpliendo con la invitación ese día llevó a sus hijos a la cita, desconociendo que su esposo Alberto Hoyos Díaz, quien contaba en la fecha con 38 años de edad, también había sido citado por un grupo de personas en la vereda de Tres Palmas, vía Tierralta.

Alberto le dijo a Carmen Alicia, para que no se preocupara, que iba a ir a la finca a hacer una diligencia y regresaba de inmediato mientras ella estaba con los niños en su reunión. Ni Carmen Alicia sospechó nada al ver cómo su esposo partía en su jeep land rover, ni el mismo Alberto Hoyos llegó a imaginar que sus horas empezaban su cuenta final.

A las seis de la tarde, al regreso de la reunión, antes de llegar a Corea, encontraron a Alberto Hoyos Díaz -un hombre que se ganó la confianza de su suegro para poder tomar la mano por el resto de sus días de Carmen Alicia. Un hombre honesto, que hacía política para ayudar a quienes realmente necesitaban el apoyo de las instituciones del Estado, que vivía para su esposa, sus hijos y se apersonaba de las causas nobles porque él, siendo un hombre de bien, no comulgaba con la injusticia ni los desmanes o abusos de poder-, dentro de su carro con su cuerpo recostado sobre la cabrilla. Le robaron el revólver, pero no se le llevaron el reloj que ya no marcaría las horas que su familia viviría sin él.

A quien lo acompañó en el regreso, lo encontraron muerto a diez metros del carro, adentro de un potrero por el cual quiso huir del homicidio, pero las balas le alcanzaron el cuerpo atascando sus pasos y privándolo de modo perpetuo de su respiración.

Después de los hechos Carmen Alicia se enteró de que su esposo fue a una reunión con el grupo Castaño para hablar sobre las vacunas en la región de Canalete donde la familia de Carmen Alicia tenía tierras por herencia y tradición. Alberto discutió con alguien de esa casa y de modo acalorado defendió sus principios al igual que la realidad económica de los finqueros de esa época: “¡Cómo es posible que una finca no alcance para cubrir sus gastos, y ahora va a alcanzar para cubrir vacunas! Prefiero lo que sea, pero no me dejo robar el patrimonio de mi familia porque no alcanza”, dijo Alberto Hoyos en el momento de la discusión, tal y como pudo indagar Carmen Alicia rastreando las razones de la muerte de su único gran amor.

Al enterarse, Carmen Alicia quedo “como una pluma en el aire”, dijo. Y sería un cliché escribir que cuando cuenta la historia su rostro se llena de lágrimas porque ella misma plantea que el duelo aún no lo ha podido superar, que esa escena tan cruda de su vida la cansa y le causa dolor porque “no hay forma de que ese dolor se olvide”, dice compungida.

Le pregunto que si puede perdonar lo sucedido, a lo cual responde:

– El perdón es para sí mismo. No olvido el hecho, porque si uno olvida el hecho es como si olvidara la historia y por dura que sea la historia uno tiene que recordar a su ser querido.

Enviudó a los 36 años de edad. Se aferró a sus hijos y a su familia, porque se terminó de descorazonar al ver cómo la vida de una mujer tradicional se desdibujaba cuando los amigos de su esposo anteponían sus deseos, desconociendo la memoria de su único amor. Por ello, también sus amigas, esposas de los amigos de su esposo, la empezaron a mirar como una amenaza en el celo de sus parejas.

Optó por la soledad, acompañándose de sacar adelante a sus cuatro hijos y sin darse cuenta, su espíritu de líder la llevó en su refugio a construir nuevas amistades con mujeres que habían padecido historias como la suya.

Así nació en 2009 la Organización de Mujeres Víctimas Nelson Mandela, con el propósito de ayudar y socorrer a las mujeres víctimas de la violencia que perdían a sus esposos quedando con hijos sin un árbol que les diera abrigo.

Fue una lucha solitaria, la cual salió a flote por su carisma y el apoyo de quienes comprendían la realidad de las mujeres que Carmen Alicia les alcanzaba a exponer, hasta que llegó la Ley 1448 de 2011, permitiéndoles a ellas declarar, no sin miedo, su condición de víctimas de la violencia.

Con las herramientas que les brinda la ley, pudieron encontrar un soporte a su desolación y una esperanza a su desvalida situación material.

La gestión de Carmen Alicia Núñez Mesa en la mesa de víctimas Municipal y Departamental, en la cual se sienta gracias a su carisma y a la solicitud de quienes no cuentan con sus capacidades de gestión y liderazgo, como representante de Hecho Victimizante contra la vida y la libertad y Desplazamiento Forzado, porque a raíz de amenazas recibidas por sus declaraciones como víctima de la violencia ha tenido que partir de la ciudad para proteger su integridad, ha visto sus frutos en la consecuciones de 120 becas que gracias a la Ley 1448 y la Alcaldía Municipal les otorgaron a los hijos de quienes insisten en sus derechos.

De igual modo, han logrado el reconocimiento de las instituciones del Estado. Les han permitido la implementación de una oficina, la cobertura del SISBEN, programas de emprendimiento y 36 parcelas con sus respectivos proyectos productivos en Pueblo Bujo, para las mujeres víctimas del desplazamiento forzado en el departamento.

Carmen Alicia es consciente de que tiene “una meta que terminar y un compromiso con la comunidad” -dice-, por ello su trabajo, el que no le da dinero, pero sí satisfacción por servir a quien desconoce la ley, le ofrece su labor a Dios y a la memoria de su esposo, quien como su padre, cuando empezó a descomponerse el orden social en el departamento, le respondía a sus demandas de angustia por temor a que algo le fuera a pasar por estar enfrentando a la guerrilla y a los paramilitares sin saber las consecuencias que ello traería, por injustos que fueran ambos bandos:

– Yo sé que tú eres capaz de educar a nuestros hijos. Yo no dudo de la mujer que tengo.

Twitter: @MARCOS_V_M



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