Adorar a los corruptos, qué feo

Por: Robinson Nájera


Opinión. Según los preceptos religiosos, la adoración es el culto rendido a un dios al que se le debe devoción, obediencia, amor y rendición. De allí que muchos creyentes se hinquen ante Dios, sobre todo cuando requieren de una ayudita divina en alguna necesidad, y en un caso extremo para implorar el amor a la mujer anhelada, algo que en estos tiempos puede resultar una pantomima para lograr lo que se quiere. Y después, cuando reciben el favor… adiós luz.

Por otra parte, hay quienes idolatran a otros seres humanos: adoran a artistas, deportistas, figuras destacadas como si fueran dioses, cuando lo ideal sería apreciar o disfrutar sin tanto fanatismo el talento de los demás. Esta actitud desaforada es lo que conduce a un “endiosamiento” que muchos personajes no asimilan bien, entonces se vuelven déspotas, engreídos, soberbios, groseros y, finalmente, convertidos en ídolos con pies de barro porque Dios es Dios.

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Pero el grupo que se sale de todo límite es el que ama a los políticos corruptos, así de rodillas como se adora a Dios le rinden culto, discuten y pelean por ellos, aunque existan evidencias de que han delinquido o están presos por delitos mayores como asesinatos o saqueo de los dineros públicos ¿Qué clase de amor enfermizo es ese? ¿No les duele que los bandidos disfrazados de políticos violen la Constitución o tomen la plata de la alimentación y salud de los niños para comprar fincas y camionetas particulares?

Según Orlando Benítez, gobernador de Córdoba, el Coronavirus ha puesto al descubierto la debilidad del sistema de salud debido a la corrupción que ha azotado al departamento. Claro, que esto es en todo el país, sin embargo, nuestro sistema de justicia tiene a muchos libres, a otros en la casa o en la cárcel con mejores comodidades que nosotros y, de ñapa, en todas partes tienen un ejército de ciudadanos que los veneran como si fueran dioses.

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Convenzámonos de que esto es un entramado maligno a nivel nacional que sólo nosotros podemos desbaratar. Si la justicia no opera como es debido, los votantes en vez de estar peleando entre sí y adorando corruptos, deberíamos unirnos y castigarlos en las urnas. No nos convirtamos en cómplices de ellos, pues si es amigo o familiar cojámoslo de la mano y llevémoslo a que los sancionen. Sólo así, podremos cumplir el sueño de refundar esta pobre patria saqueada desde los tiempos de la Conquista.



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