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Aceptar las pérdidas es la meta

Opinión/ Por Marta Sáenz Correa La vida frecuentemente nos hace librar batallas que hacen que perdamos la fe en nosotros mismos, en razón a que no logramos los objetivos propuestos en un proyecto en el que pusimos el alma, el entusiasmo y el mayor esfuerzo....


Opinión/ Por Marta Sáenz Correa

La vida frecuentemente nos hace librar batallas que hacen que perdamos la fe en nosotros mismos, en razón a que no logramos los objetivos propuestos en un proyecto en el que pusimos el alma, el entusiasmo y el mayor esfuerzo. Es en estos momentos donde necesitamos el valioso apoyo de la familia y los amigos para que nos recuerden las personas valiosas y especiales que somos y lo que significamos en sus vidas.

Hoy, después de cuatro meses de intenso trabajo, finalizan las campañas electorales, y preliminarmente conocemos los resultados; algunos candidatos lograron el objetivo, mientras a los otros les queda la tarea de asumir y aceptar la pérdida.

Además del tema político, en nuestra vida cotidiana se compite diariamente en la familia, en los estudios, en los negocios, en el deporte, en la sociedad, en la política, por el dinero, por el amor, contra las enfermedades y otros. En esas competencias se gana o se pierde y muy pocas veces se empata, por lo cual es importante saber ganar y perder. Competir y perder no es solamente fracasar, desilusionarse, fallar, frustrarse, tener tristezas y deseos de revancha, es aprender una lección aunque se haya entrenado para ganar.

No importa sentirse triste y decepcionado porque el esfuerzo realizado no dio los resultados esperados, pero nunca debe permitirse reacciones desproporcionadas. Es difícil perder con elegancia y respeto hacia el que ha ganado, felicitarle, y agradecerle; reconocerle que lo ha hecho mejor pone de relieve un corazón generoso, noble en los momentos de ganar y en los amargos de perder.

Perder implica aceptar que la causa pudo ser que el otro era mejor, que fue una equivocación propia, que faltó entrenamiento, experiencia o esfuerzo, y no justificar la perdida, echándoles la culpa a otros o a las circunstancias. Es mucho más honrado decir he perdido, que me han hecho perder.

Los padres que no enseñan a sus hijos a saber perder y quieren que siempre ganen, aunque no han hecho los méritos suficientes, están equivocados. La tarea es inculcarles que las cosas hay que ganarlas con esfuerzo y que hay que ver las ganancias dentro de las pérdidas. Como padres tenemos la obligación de enseñarles a nuestros hijos que la vida no es fácil, ni un camino de rosas, en el que tienen que aprender a sobreponerse cuando pierdan y tolerar la frustración. También debemos mostrarles el valor del sacrificio, del esfuerzo y del trabajo duro y constante, y que la cantidad y calidad del esfuerzo realizado y no la suerte, son las cosas que nos acercan a ganar.

Nota adicional

La vida frecuentemente nos hace librar batallas que hacen que perdamos la fe en nosotros mismos, en razón a que no logramos los objetivos propuestos en un proyecto en el que pusimos el alma, el entusiasmo y el mayor esfuerzo. Es en estos momentos donde necesitamos el valioso apoyo de la familia y los amigos para que nos recuerden las personas valiosas y especiales que somos y lo que significamos en sus vidas.

 



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